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La mejor semana
Esto me sucedió hace como un año. Mi tía se tuvo que ir de viaje y yo quedé encargado de cuidar su casa durante la semana que ella estaba ausente. En la tarde del lunes conocí a la vecina. Ella estaba regando las plantas y yo fui a saludarla, ya que sería su vecino por una semana. Su nombre era Judith. Era una señora como de 43 años, cabello negro corto y piel trigueña. Tenía mejor cuerpo que muchas chicas de 20 que yo conozco. Todavía tenía las tetas paraditas y bien grandes y su culo también. Al verla me alegré mucho y empecé a tener una erección allí mismo. Ella llevaba puesto un suéter blanco sin mangas y un short celeste bien cortito. Hablamos un rato y quedamos en que la avisara para cualquier cosam, que ella estaba allí para servirme. Nos despedimos y no la volvi a ver en el resto del día. Me pasé toda la noche pensando en ella y en cómo me gustaría cogérmela.
Al día siguiente, durante el desayuno, yo estaba tomando el café en la terraza de atrás cuando, de reojo, la vi pasar. Al principio no le presté mucha atención, pero en una de esas veces que pasó, vi que llevaba puesto el mismo suéter del día anterior pero, al mirar más abajo, comprobé que tenía puesto sólo una tanguita azul. Casi se me derrama el café encima.
Fui a darle los buenos días y nos quedamos hablando un buen rato. Allí fue donde me enteré de que vivía sola, que tenía un hijo, pero que éste ya estaba casado, etc. Como la cerca tenía una escalerita, me crucé a su casa y seguimos hablando en la cocina. A ella parecía no importarle estar con esa tanguita frente a mí y a mí tampoco. Me dijo que tenía que salir a hacer unos mandados y que si yo le podía echar un ojo a su casa. Yo, amablemente, le dije que sí. Ella me preguntó qué iba a cenar yo. Yo le contesté que tenía pensado hacerme un emparedado, pero ella dijo que nada de eso, que me iba a hacer una cena casera por la molestia de cuidarle la casa. Y así quedo establecida la invitación a cenar.
Eran como las 7:00 de la noche cuando ella me llamó y me dijo que la cena ya estaba lista y que podía ir en 5 minutos. Yo me puse un suéter y un short limpios. Cerré con llave la casa y crucé la cerca. Esperé por ella en la cocina. Aparecio usando sólo una bata verde bien cortita. De sólo verla empecé a tener una erección y ella se dio cuenta pero no dijo nada. Nos sentamos a comer y la verdad es que la cena quedó muy rica. Al terminar, me invitó a tomarme unas cervezas con ella. Fuimos a la sala y ella se sentó frente a mí. Estiró sus piernas y yo no pude evitar quedarme viéndolas. Ella se dio cuenta y me sonrió. Nos tomamos como unas 6 cervezas cada uno. Ella se paró y se sentó junto a mí en el sillón. Me empezó a decir que hacía tiempo que un hombre no se la cogía. Entonces puso su mano en mi pene erecto y me dijo al oído: "Sácame el jugo".
La empecé a besar en el cuello. Le abrí la bata y me percaté de que sólo tenía las bragas puestas. Le agarré una teta y empecé a pellizcarle el pezón mientras que la otra teta se la empecé a chupar. Ella metió su mano debajo de mi short y empezó a sobarme el pene fuertemente. La acosté en el sillón y, de un tirón, le quité las bragas y, rápidamente, le metí un dedo mientras empezaba a lamerle el clítoris. Estaba tan mojada que sus jugos vaginales chorreaban por mi mano. Al principio la lamía sólo con la puntita de la lengua, después le metí la lengua lo más que pude. Ella gemía de placer y me agarraba la cabeza para que no dejara de lamerla. Al poco tiempo, tuvo su primer orgasmo. Se arrodilló, me bajó el short y empezó a darme la mejor mamada que me han dado en mi vida. A veces paraba y comenzaba a lamerme las bolas. Al rato, no pude aguantar más y me corrí en su boca. Ella siguió mamándome el pene sin que una sóla gota de esperma se le saliera de la boca.
Después se paró, me agarró por el pene, que aún estaba un poco erecto, y me llevó a su cuarto. Se sentó a la orilla de la cama y siguió mamándome el pene hasta que lo puso erecto de nuevo. Se acostó de espaldas y abrió las piernas. Fue entonces cuando me dijo: "Métemela bien duro, por favor". Yo la agarré por los tobillos y la acomodé de tal forma que sus rodillas casi tocaban sus senos. Tenía su coño a mi disposición. Judith estaba tan caliente que cuando la punta de mi pene rozó su coño, ella empezó a gemir. Se la metí de un sólo golpe y empecé a cogérmela con todas mis fuerzas. Sus gemidos empezaron a ser más altos. Como a los 20 minutos, tuvo otro orgasmo pero yo no había terminado así que la viré y le dije que se pusiera en cuatro. Ella se acomodó y empecé a cogérmela por atrás. Estaba tan mojada que, con cada penetración mía, se oían los chasquidos de su coño mojado. Me la seguí cogiendo con todas mis fuerzas hasta que no aguanté más y me corrí dentro de ella.
Descansamos un rato y seguimos cogiendo en cada pose imaginable. Judith era casi insaciable, pero nos quedamos dormidos ya pasada la medianoche. Ese fue el principio de la mejor semana de mi vida. Pero lo que sucedió en los días siguientes se lo cuento en otra ocasión.

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