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Estoy sola en casa
Estoy sola en mi casa. Me acabo de despedir de Ana, mi compañera del salón más entrañable. Estuvimos hablando un largo rato de cosas muy tontas, pero llegamos al tema del sexo y parece que las dos nos encendimos. No sabemos mucho aún, es verdad, pero si lo suficiente para poder entablar una conversación capaz de hacernos entrar en calor. Al final, ella tuvo que irse, era tarde. Mi papá no ha llegado aún. Desde que mamá no vive más con nosotros le ha dado por llegar alrededor de la media noche; y son las ocho apenas.
Y yo no puedo dejar de pensar en Ana, en lo que platicamos y, sobre todo, el beso que nos dimos. Mentira que fuera para saber qué se siente. La verdad es que no podíamos ocultar el deseo que nos comía ¡Si tan solo hubiéramos vencido la timidez por un instante! Ella sabía que yo no la hubiera rechazado... y yo, no quise dar el primer paso.
Pero en fin, ahora ella se fue y yo me quedé aquí con este deseo que no sé que hacer con él. Miro hacia todos lados y estoy sola. El reloj me dice que estaré sola un buen rato más...aah...suspiro decepcionada; desalentada, mejor dicho. Estoy a punto de meterme a dar una ducha de agua fría. Eso me quitará el morbo. Me quitó la ropa lentamente, primero la blusa, paso frente al espejo y me quedo parada frente a él. Contemplo mi cuerpo, es una tristeza que no haya quien me satisfaga en este momento. Sigo mirándome mientras desabrocho mi brassier. Mis senos se inflan a cada exhalación de mi cuerpo, y liberados del sostén se ven mas redondos. Mis pezones, anchos y carnosos. Mi busto no es muy grande, pero ya crecerá a su debido tiempo.
No quito la vista ni un instante, ni siquiera al desabrochar mi jeans. Ahora veo en el espejo una chica en pantaleta que se ama y se siente sola. Mi excitación va creciendo, siento un vacío muy grande en el pecho. Mi pulso se acelera. En un impulso cierro los ojos y me aviento de espaldas en la cama. Mis manos se dirigen a mis senos. Los agarran, pellizcan y amasan. No sé cómo pero sé exactamente cómo tocarme. Nunca lo había hecho. Mi lengua moja mis labios mientras mis manos siguen incesantes en su exploración. De repente siento como muchas ganas de orinar, una presión ahí abajo. Una de mis manos se separa de mi pecho y se dirige amenazante hacia mi vientre, más abajo. Me detengo ante el tejido suave de mi pantaleta de algodón y por un momento dudo en hacerlo pero mi mano ya está abriéndose paso bajo el elástico. Echo una mirada hacia abajo y puedo ver mi monte de venus tapizado de oscuros vellos púbicos, rizados, que se enredan entre mis dedos. Mi otra mano acompaña a la primera y en menos de un instante mis pantaletas están en mis tobillos, y luego en el suelo. Ahora, diestra y siniestra se dirigen al lugar donde palpita mi deseo. Mi mano izquierda haciendo presión, jalando uno de mis labios mayores; el índice de mi mano derecha paseándose de arriba a abajo por en medio de mis pequeños labios. Mis ninfas se ven más anchas, y cierta humedad crece desde dentro de ellas. Sigo así hasta que sin darme cuenta están completamente mojadas y mi dedo se encuentra más cerca de mi vagina, de la cual puedo sentir contracciones, apretándose y distendiéndose.
Me detengo. No puedo seguir con esto. Retiro mis manos de mi cuerpo y me tapo la cara con ellas. Ahora sentada en la cama, desnuda, me siento realmente confundida. No es que sea una inhibida o traumada, pero la primera vez nunca es fácil. No quisiera perder así la virginidad. ¿O puedo no perderla? ¿Qué tal si un dedo respeta mi virgo? ¿Y si aquella membrana no soporta la tensión? No sé, no puedo ... estoy confunfida. Me levanto. Camino desnuda hasta la cocina. Se siente muy bien y me aseguro de tener todas las cortinas cerradas. Aún me palpita la cabeza. Abro el refrigerador, y me pongo en cuclillas para alcanzar la parte de abajo, donde están guardadas las fresas. Mi posición deja mis labios menores al descubierto y siento el aire correr entre ellos. Cierro los ojos de nuevo y el frío saliendo del refrigerador golpea mi cara, mi pecho, mi vientre y mi pubis. Totalmente insoportable esta situación. Voy a ceder. Aún encuclillada llevo mi dedo medio hasta en medio de los labios y lo empapo en aquel néctar que ya fluye por entre mis pequeños labios. Tomo las cosas con calma, paseo de nuevo mi dedo entre las ninfas... jugueteo con ellas. Y de pronto, en un ascenso, me topo con un lugar que no había notado nunca. Una pequeña protuberancia al norte de mi sexo: mi clítoris, que ahora erguido me invita a probar nuevos sabores.
Mi dedo comienza ahora un frenético movimiento apoyado en aquel órgano. Instintivamente sé cómo tocarme, a pesar de ser una debutante en tan íntima labor. No tardo mucho en sentir una especie de cosquilleo en los muslos, un frenesí que crece desde lo que parece ser mi epicentro. No puedo localizar su origen, aparece en todos lados y es inmenso. Mi primer orgasmo, pienso. Justo antes de llegar a el éxtasis me caigo de espaldas en el suelo de la cocina y quedo acostada sobre el frío piso, pero eso no mengua mi empeño; al contrario, en una posición más cómoda simplemente me dejo llevar. Pienso llegar lo más alto posible y prolongo un poco más el placer haciendo el ritmo un poco más lento, acelerándolo de nuevo y cuando estoy a punto de estallar haciéndolo lento de nuevo, y así hasta que llega el momento en que ya no puedo detener el ritmo y parezco perder el control de todos mis músculos cuando se tensan, se ponen duros un instante y aquel cosquilleo que no había cesado ni un instante ahora parece querer salir por mi pecho. Un éxtasis total, una erupción. No controlo ni mi garganta, la cual ya puedo oír soltando unos gemidos entrecortados, aah, aah, roncos y después agudos, y mientras tanto mi cuerpo temblando golpeándose contra el suelo, y lágrimas en mis ojos que no escurren, solo los humedecen; mis párpados apretados y luego mis ojos muy abiertos y no puedo creer, casi no puedo comprender lo que me está pasando, y sigo sintiéndolo por espacio de casi veinte segundos, a los cuales sigue un letargo, una paz indescriptible, y una sonrisa real, sincera, se dibuja en mi rostro y , sin poder evitarlo, me quedo dormida felíz en el piso de la cocina. Si Ana pudiera verme ahora...

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