CACHONDAS.COM
Cachondas.com  
 Chistes X
 Humor Gráfico
 Relatos Picantes
 Videojuegos X
 Wallpapers
Fotos
 Amateurs
 Animadoras
 Bikinis
 Cachondas
 Exhibicionistas
 Jovencitas
 Lencería
 Lesbianas
 Maduras
 Modelos
 Pornoduro
 Tetas Grandes
 Transparencias
Links interesantes
 Musica.com
 Superhumor.com
 Videoblogs.com
 Videojuegos.com
 Relatos  
Sexo en Dublín
Hace un par de años estuve en Dublín como Erasmus, también conocido en ambientes universitarios como “Orgasmus”. En mi caso, desde luego, sí que fue Orgasmus. Voy a contaros una de las experiencias sexuales más excitantes que he tenido en mi vida.
Estaba un domingo por la tarde en un pub con Emma, una amiga inglesa. Estábamos contando chistes. De repente, un chico que se había sentado detrás de nosotras, se acerca y nos dice que tiene que ir al servicio y que si no nos importa guardarle la cazadora mientras tanto. Como yo estaba sentada dándole la espalda, no me había fijado en él hasta ese momento, pero la verdad es que el muchacho no estaba nada mal. Delgado, morenazo, enormes ojos negros. Muy latino, igual que yo. Cuando volvió, empezó a hablar con nosotras. Era italiano, y aunque se llamaba Fabrizio en Irlanda decía que le llamaran Max, que era más fácil para todo el mundo. Después del pub fuimos los tres a una discoteca. Emma encontró al chico que andaba buscando, y Max y yo terminamos haciendo el amor en el lugar donde él trabajaba. Me dijo que en el pub llevaba ya un buen rato escuchándonos, que le hacía gracia el acento que tenía yo al contar los chistes en inglés y que había decidido hablar con nosotras. Hay que decir que él llevaba ya muchos años en Dublín y hablaba con un perfecto acento irlandés, mientras que el italiano le costaba bastante. Prefería que habláramos en inglés, aunque a mí el italiano es un idioma que me encanta y me excita muchísimo.
Me llamó un par de días más tarde y quedamos para salir. Sé cómo son los italianos. Les gustan las chicas femeninas, muy sexys, así que esa noche me puse mi minifalda más corta con mi camiseta más ajustada. Quedamos en el pub en dónde nos habíamos conocido y, al ver su mirada sobre mí, comprendí que le había gustado mi elección de vestuario. Tomamos unas pintas, y luego salimos a la calle. Empezamos a pasear, y pasamos por delante de la Oficina de Turismo. Quien haya estado en Dublín sabrá que está en una antigua iglesia.
De repente veo que Max coge la cadena que cerraba la verja de entrada, la retira, y me dice que pase. Yo no salía de mi asombro. ¿Estaba loco? ¿Y si nos pillaban? De todas formas, la excitación pudo más que mi temor a ser descubiertos, y pasé rápidamente. Nos fuimos a la parte de atrás, y allí empezamos a acariciarnos y a besarnos.
Max comenzó a besar mi boca, mi cuello, a morder los lóbulos de mis orejas, mientras sus manos recorrían mi cuerpo por encima de la ropa. Cuando levantó mi camiseta para acariciar mis pechos no pude contenerme más y llevé una de mis manos hacia el paquete que había crecido debajo de sus pantalones. La polla tenía que dolerle, tan dura debajo del pantalón, así que se lo desabroché, la saqué y empecé a acariciarla, después de haber humedecido mi mano chupándomela.
Él, mientras tanto, había levantado mi sujetador y chupaba mis tetas alternativamente, endureciéndolas, mordisqueando mis pezones, lo que hacía que yo soltara suaves gemidos de placer. Aunque estábamos en la parte trasera de la iglesia, si cualquier vecino se asomaba a la ventana podría vernos allí, apoyados contra la pared, semidesnudos, acariciando nuestros cuerpos.
Él se apartó de mi y comprendí lo que quería. Me arrodillé delante de él y coloqué su miembro duro en mi boca. Yo quería chupársela despacio, para ir subiendo el ritmo poco a poco, pero él apretó mi cabeza contra su cuerpo, y me la metió toda de un golpe hasta la garganta. Luego siguió agarrando mi pelo con las dos manos, marcándome el ritmo que su deseo necesitaba.
Yo estaba excitadísima allí, pensando que cualquiera podría vernos y que le estaba haciendo una mamada apoyada en la pared de una iglesia, aunque ahora se utilizara como oficina de turismo. Cuando Max sintió que estaba a punto de correrse, me retiró tan bruscamente de él como me había acercado, me levantó y me dio la vuelta. Yo me dejaba hacer. En ese momento no le hubiera podido negar nada en absoluto. Ahora yo estaba apoyada contra la pared, sintiendo el frío de la piedra en mis tetas húmedas. Max me bajó las medias y las bragas de un tirón y empezó a jugar en mi coño con sus manos. A estas alturas yo ya estaba completamente empapada, y no le costó mucho aumentar mi excitación. Sentía sus dedos recorriendo mis labios, rozando mi clítoris, entrando dentro de mi coño con firmeza, una vez tras otra. Poco a poco fue apartándose de ese agujero para acercarse al que realmente le interesaba en ese momento.
Fue extendiendo mis flujos vaginales hasta tener bien lubricado mi ano. Cuando vio que estaba bien húmedo, empezó introduciendo un dedo. A mí cada vez me resultaba más difícil controlar mis gemidos. A ese dedo le siguió otro, y luego otro más, hasta que llegó el momento en que colocó la punta de la polla sobre mi culo y empezó a empujar.
Cuando me penetran por detrás siempre tengo la misma sensación. Al principio me duele tanto, que pienso que no voy a ser capaz de soportarlo, pero en cuanto me la meten bien metida, hasta el fondo, y me he dilatado lo suficiente, siento un gran placer. Esta vez no fue distinto. Max me fue penetrando poco a poco, empujando cada vez un poco más, hasta que logró metérmela por completo y sentí sus huevos golpeando mis nalgas. Entonces agarró mis tetas con sus manos y empezó a pellizcarme los pezones mientras me follaba el culo.
Yo sentía su cuerpo apretado contra mi espalda, sus manos en mis tetas y su aliento sobre mi cuello. Empecé a gemir de placer, no sé bien en qué idioma, pero de repente oí su voz cálida en mi oido diciéndome “In italiano, dimmilo in italiano”. Aquello realmente me excitó y empecé a gemir en español y en italiano: “Sí, cosí, ancora più, vamos, fóllame así, così mi piace”.
Yo me apretaba contra él para que entrara completamente hasta el fondo, para que me llenara entera. Seguimos así, aumentando cada vez más el ritmo de nuestros movimientos, hasta que él dio un golpe más fuerte que hasta entonces, apretándose bien contra mis caderas. Comprendí que estaba a punto de correrse y empecé a estimularme el clítoris con la mano, con rápidos movimientos circulares. De repente noté cómo un líquido caliente llenaba mi culo y empezaba a escurrirse por mis piernas. Seguí tocando mi clítoris, y cuando él me metió dos dedos me corrí de inmediato, con un orgasmo rápido e intenso.
Volvimos a vestirnos y salimos de aquel sitio, en busca de la siguiente Guinness en el pub más cercano. Sólo quedé con Max un par de veces más, pero nunca olvidaré aquel polvo en las calles oscuras de Dublín.

Links interesantes