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Sandra, la vecina 2
Había pasado más de una semana desde que viera a Sandra masturbándose en la ducha. Al menos eso pensaba yo. Quizás mi imaginación era exacerbada y había transformado unos inocentes movimientos en lascivas caricias vaginales. Lo único cierto era que Sandra me había visto a mí, desnudo y cuando ya estaba terminando de correrme. Me preguntaba si eso la habría excitado. No estaba seguro de nada.Durante esos días había estado atento a la hora en que ella se duchaba. Lo hacía alrededor de las ocho de la tarde. En ninguna de las ocasiones ella había abierto la ventana como me esperaba, ni durante la ducha ni después. Pero mis ojos volvían a ver movimientos lascivos a través del cristal. Incluso tenía la impresión de que ella acercaba su cuerpo al cristal, como si supiera que yo estaba viéndola. Me masturbaba cada vez que se duchaba.Un día llegó lo inesperado. Yo estaba sentado en la cama, dispuesto a verla una vez más a través de aquel maldito cristal esmerilado, cuando Sandra entró en la ducha y abrió de par en par la ventana del cuarto de baño. Yo permanecí sentado, semiescondido para no ahuyentarla. Ella se roció con agua y todo su cuerpo brilló. El líquido caliente empapó su cabeza, le chorreó por el cuello y llegó hasta sus senos, donde formó una cascada. Los ríos de agua zigzagueron por su vientre y mojaron el corto y suave vello de su coño.Sandra miraba directamente y sin pudor hacia mi habitación. Yo estaba a oscuras y sentado, así que no podía verme. Ella pareció dudar y entonces me decidí a levantarme y encender la luz. La chica se quedó mirando y volvió a trazar círculos con la lengua en sus labios. ¡Estaba provocándome!Pegó el mango de la ducha a sus tetas y dejó que el agua reverberara en sus pezones. Luego lo pasó por su vientre y llegó hasta su vagina. Separó un poco las piernas y dejó que el agua mojara su coño. Mantuvo así la ducha mientras con la otra mano comenzaba a masturbarse. Abrió sus labios vaginales e introdujo su dedo índice. Yo me masturbaba frente a la ventana y ella miraba mi polla como una alucinada, con la cabeza ladeada y haciendo movimientos con la lengua.Tras acariciarse el clítoris un poco más con sus dedos mojados, Sandra se dio la vuelta y dobló el torso, mostrándome su culo y su coño por detrás. Se puso la ducha sobre las nalgas. El agua chorreaba por su coño como una catarata de placer. Ví aparecer su mano por debajo y con un dedo se acarició desde el culo hasta el coño y se detuvo en este último, moviendo sus dedos de lado a lado y de arriba a abajo.Yo estaba a punto de eyacular cuando Sandra volvió a ponerse de frente y me hizo un gesto con la mano. ¡Me estaba llamando! Hasta mi mano, ya absolutamente lanzada, se detuvo. Incluso estuve a punto de correrme por la sorpresa. Ella sonrió con aquella cara de pícara y volvió a llamarme, esta vez ostensiblemente. Le indiqué con gestos si quería que fuera a su casa y ella asintió.Me guardé la erección en el pantalón, no sin riesgo de que la cremallera saltara a pedazos, y me tambaleé hacia la salida. Cogí un condón y abrí la puerta. Me sentía tan ofuscado por el placer que al principio no me dí cuenta de que la puerta de la casa de Sandra estaba entreabierta. Ella no me habría llamado si sus padres estuvieran allí así que entré. Se escuchaba el ruido de la ducha en el cuarto de baño y fuí hacia él mirando a un lado y a otro como si la gorda de su madre fuera a salir de un rincón. La puerta del cuarto de baño estaba abierta. Sandra seguía en la ducha, tocándose el clítoris con los deditos. Ya había cerrado la ventana y el vapor inundaba la estancia. Lo primero que me susurró cuando entré fue:- Quiero hacerte una paja.Cuando la ví por primera vez me fijé en su cara de cachonda pero parecía muy modosita. Las apariencias engañan. Yo empecé a desnudarme y entonces recordé que no había cerrado la puerta. Fuí a cerrarla mientras me despojaba de la ropa y la tiraba por la casa. Entré desnudo en la ducha con Sandra y... Sandra estaba masturbándose en la ducha y yo me encontraba frente a ella, desnudo y mostrándole mi pene enhiesto.- Vamos, métete en la ducha -me dijo.Obedecí. El agua caliente recorrió mi cuerpo y enseguida noté la mano de ella estirando la piel de mi polla arriba y abajo. Le dije que no fuera demasiado rápido si no quería que me corriera ya mismo. Ella estaba muy cachonda.- Quiero ver de cerca cómo te corres -dijo, poniéndose de rodillas en el baño.Con la mano izquierda comenzó a jugar con mis huevos, a sobarlos suavemente, y siguió masturbándome con la derecha. Yo tenía ganas de que se la metiera en la boca pero la dejé hacer.- ¿Cuántas veces te has corrido mirándome? -preguntó, sonriendo de aquella forma tan excitante.- Por lo menos diez -respondí con la respiración agitada-. ¿Dónde están tus padres?- Tranquilo. No volverán hasta pasado mañana. Hay tiempo de sobra para que me folles. Lo estaba deseando desde que te ví en el ascensor. Estos días he estado masturbándome dos veces al día pensando en tí.La agarré por la cabeza y la conduje hacia mi polla. Antes de metérsela en la boca dijo:- No te corras dentro. Quiero ver de cerca cómo sale tu leche.- Yo te aviso -grazné.- Follamos después en la cama, ¿vale?- Sí, sí, chúpamela de una vez -la animé.Sandra introdujo mi glande entre sus labios y lo llenó de cálida saliva. Yo empujé un poco y mi polla llegó hasta su garganta. Comenzó a meterla y sacarla de su boca, enjugándola en saliva y rozándola con su lengua. Yo sentía las acogedoras paredes de su boca y sus dientes dándome ligeros mordisquitos que no llegaban a dolerme. Apretó bien el glande con sus labios y volvió a metérsela profundamente. Se ayudó de las manos para pasarse mi polla remojada en su saliva por toda la cara. Le dije que estaba a punto de correrme y ella clavó sus ojos en el pequeño orificio de mi polla, incrementando el ritmo de masturbación con sus manos.- Dame más, dame más -supliqué entre gemidos.- Aguanta todo lo que puedas -dijo ella, colorada de excitación y haciéndome la paja más frenética de mi vida-, y luego échalo todo.- Ya viene, ¡yaaaaaaaa! -grité todo mi placer.Sandra agarró mi polla y la dejó quieta para ver con claridad cómo surgía el semen. Y lo consiguió. Una fuente blanca saltó y le llenó los pómulos y parte de la nariz. Ella unió sus gritos a los míos. La siguiente contracción fue aún más espectacular. Un chorro enorme de semen salió de mi polla y le cubrió los labios, escurriéndole por la barbilla y el cuello. El tercer y último latigazo lo recibió en la lengua. Después puso mi polla a escasos centímetros de sus ojos, sobre la nariz, y vio manar los últimos regueros de mi leche. Cuando ya había cumplido su deseo de ver una corrida de cerca, limpió toda mi polla con su lengua y sorbió varias veces como si se tratara de una horchata. La mamada duró hasta que mi polla quedó fláccida dentro de su boca.Sandra se levantó y me besó, rozándome con las tetas en el pecho. Tenía la cara brillante, casi toda cubierta con mi semen. Degusté mi propio sabor en su boca y estuvimos así un rato, con las lenguas entrelazadas.- Cómete mi coño -dijo.- Parecías muy recatada, vecinita -le acaricié el pelo.- Mi madre siempre está diciendo cosas malas sobre el sexo.- Propio de una guarra sebosa como ella.- Eh, ¡qué es mi madre!- Bueno, ¿quieres que te coma el coño o que hablemos de tu madre?- Méteme la lengua. Enséñamela -me hizo abrir la boca y mostrarle mi lengua-. Quiero que me la metas todo lo dentro que puedas. Espera, vamos a sentarnos en el baño.El agua nos empapaba. Sandra se limpió la cara y se sentó en el baño, levantando las piernas y abriéndolas. Yo me senté también, entre chapoteos y risas, y puse mi cara a la altura de su coño. El agua que caía desde arriba le empapaba el vello negro y hacía su coño aún más excitante. Abrí suavemente sus labios vaginales con mis dedos y ella gimió, apretando mi cabeza con sus manos. Introduje mi lengua en su coño y descubrí su clítoris, un botoncito duro y caliente entre sus pliegues. Un inconfundible olor almizclado llegó hasta mis fosas nasales. Ella gritó cuando mi lengua comenzó a dar las primeras pasadas sobre su clítoris, moviéndolo como una campanita de placer.Sandra elevó aún más las piernas y yo usé una de mis manos para acariciarle las nalgas y meter mis dedos entre ellas. En ese instante, Sandra se corrió. Lo noté porque su coñito se inundó de líquido semitransparente y ácido.- No te pares, no te pares -chilló, tensando su cuerpo y gimiendo.Sorbí su coño y le dí tironcitos con mis labios. Ella me apretaba la cabeza de tal manera que casi no me dejaba respirar. Froté su clítoris con mi dedo índice y con mi lengua a la vez, y Sandra tuvo su segundo orgasmo consecutivo.- Más, más, más -me pidió.Aparté mi cara porque ya me faltaba la respiración. Metí y saqué mi dedo índice de su coño mientras ella se frotaba rápidamente. Nunca había visto masturbarse tan de cerca a una chica y aproveché para aprender de sus hábiles movimientos. Sus deditos se movían muy rápido y en círculos centrados en el clítoris. Metí la punta de la lengua entre sus dedos mojados y contribuí a su tercer orgasmo. Sandra emitió un "aaaaah"´, suspiró y esta vez sí quedó relajada. Estuvimos un buen rato entrelazados bajo el agua caliente de la ducha hasta que decidimos salir para comer algo. Los dos teníamos un hambre terrible. Y debíamos reponernos porque la noche iba a ser movida. Ella quería que la follara en la cama hasta el amanecer.
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