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Con mi jefa
Era una mañana de lunes, primer día de la semana de trabajo. Desde que empecé a trabajar, hace como siete años, me gustó mucho la esposa de mi jefe. Yo tengo 28 años de edad y, aunque podía ser su hijo, pues me lleva como 15 años, no se vé nada mal. Es una rubia esbelta de anchas caderas y unos senos pequeños, pero con unos pezones como la punta de un dedo (de hombre, por supuesto) que se le marcan a través de sus sueltos sostenes cuando hace mucho frío. Siempre soñaba despierto cómo le hacía el amor a mi jefa y terminaba en el baño de la empresa masturbándome. Este lunes por la mañana, ella vino hacia mí a contarme que había tenido una discusión con su esposo (mi jefe) y me confesó, ya que me tiene mucha confianza, que desde hacía varios meses no tenía relaciones sexuales con él aunque dormían en la misma cama. Yo le comenté que en todo lo que pudiera ayudarla contara conmigo. Al salir ella de mi oficina, comencé, como de costumbre a soñar despierto. Casi inmediatamente mi pene se puso erecto como un roble y me fui de inmediato al baño a descargar mis energías masturbándome. Aparentemente, con el apuro, se me olvidó ponerle el seguro a la cerradura. De repente, en plena acción, entró mi jefa (como es una empresa pequeña, compartimos el mismo baño los hombres y las mujeres) y me cogió con la prueba del delito en la mano. Para mi sorpresa, entró y cerró la puerta, ahora sí con seguro. Yo me quedé congelado y ella, como si fuera psíquica, me preguntó que por qué no continuaba masturbándome si estar con ella era lo que yo siempre había deseado. En esos momentos seguía congelado sin decir ni una sola palabra. Ella se arrodilló frente a mí, agarró mi miembro con sus frías manos y, sin decir nada más, se lo metió completo en la boca y continuó con sus labios la tarea que yo no había terminado. Me vine en su boca y se tragó hasta la última gota de mi semen. En esos momentos se incorporó, se bajó sus panties y, sin quitarse su falda, se la levantó y se inclinó hacia el frente mostrándome su hermoso trasero y su coño empapado por sus jugos. Ante ese hermoso panorama me dijo que hiciera lo que siempre yo había deseado. Sin pensarlo dos veces, la penetré. Su vagina estaba caliente, al contrario que sus manos, y comencé a cabalgarla como un desesperado jinete. Tuvo varios orgasmos en pocos minutos, y al rato me vine dentro de ella por segunda vez, aunque por un sitio distinto. Este ha sido el mejor orgasmo de mi vida. Al terminar, se limpió, se puso sus panties y salió del baño después de decirme que no comentara nada de lo sucedido con nadie, ya que yo era buen empleado y me podía costar el trabajo, y que la próxima vez que usara el baño me acordara de ponerle el seguro. Allí me quedé, parado, sin palabras. Salí del baño y continué con mi trabajo.

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