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El efecto de la Naturaleza
Esto me pasó estando de campamento. Estábamos de monitores mi novia de entonces, una amiga y yo. Ese día los niños habían recibido la visita de sus padres y se habían ido todos a pasar el día fuera del campamento. Los encargados de la cocina también estaban fuera, por lo que sólo quedábamos nosotros tres.
Después de comer nos fuimos dentro de la tienda a dormir la siesta. Mi novia se durmió enseguida, pero mi amigo y yo no teníamos mucho sueño y estuvimos charlando bajito tumbados a su lado. Casi por probar (y porque mi amiga me gustaba mucho, era una de aquellas morenitas bajitas que tienen un culo tremendo y un par de tetas que quitan el hipo), empecé a meterle mano. Sorprendentemente ella se dejó. Le toqué las tetas a gusto por debajo de la camiseta (no llevaba sujetador), hasta que ella misma se la subió hasta el cuello, dejándome ver esos magníficos pechos semiesféricos rematados por sendos pezones rosados y ya muy duros. Empecé a chupárselos, mordiéndole los pezones, sintiendo su suave piel en mis labios.
Mientras, empecé a bajar mi mano hasta sus caderas. Le desabroché el pantaloncito corto que llevaba y metí mi mano dentro de sus bragas. Le masajeé el clítoris con dos dedos, mientras con la otra mano le seguía estrujando las tetas. Ella se mordía los labios para no gemir ni gritar, pues no queríamos despertar a mi novia que dormía al lado nuestro. Seguí con mis movimientos de mano hasta que sentí cómo se estremecía y, a pesar de querer evitarlo, un débil gemido escapó de sus labios.
Retiré mi mano húmeda de sus bragas y le dí a chupar mis dedos. Ella se los metió en la boca y los chupó todos, como para indicarme que aún estaba caliente y quería comerse mi verga ahora. Yo le dije que con mi novia al lado, allí mismo, me daba un poco de corte y que era mejor que saliéramos fuera de la tienda. Salimos, ella con los pantalones medio bajados y yo con un bulto en los míos que parecía que iban a reventar.
Como ya he dicho, no quedaba nadie en el campamento en esos momentos, así que dimos una vuelta y llegamos al lugar donde estaba el comedor. Me bajé los pantalones y los calzoncillos, dejando que mi verga respirara libre al fin, y me senté en un banco. Ella se sentó a mi lado y, mientras nos besábamos, me pajeaba con mano experta. Al poco tiempo le dije que no quería que me hiciera una simple paja sino que quería una cubana, porque sus tetas me volvían loco y quería sentir mi nabo entre ellas. Entonces ella se quitó la camiseta y se arrodilló frente a mí. Se acercó y puso mi verga entre sus pechos, apretándolos con ambas manos. Empezó a subir y bajar lentamente, y mi polla aparecía y desaparecía entre aquellas magníficas tetas. Yo alargué las manos y le pellizqué los pezones, haciendo que ella se excitara más y gimiera mientras me pajeaba con sus tetas.
Bajó entonces la cabeza y sacó la lengua todo lo que pudo, rozando con ella la punta de mi nabo. Aquello ya era demasiado, y después de varios lametones no pude resistirlo más y me corrí. Mi leche salió disparada a su cara y su boca, que se hallaban justo encima, y también resbalaba por su cuello hasta sus tetas. A partir de ese momento, supimos que la semana de campamento que nos quedaba iba a ser muy interesante. Pero eso ya es otra historia.

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