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La programadora
Hace seis meses conseguí un empleo estupendo en una importante empresa de informática. El trabajo es muy estimulante a nivel intelectual, el salario es bueno y el panorama humano inmejorable. Nunca había imaginado que las empleadas y secretarias estuvieran tan buenas. Una, en concreto, me puso el corazón a cien nada más conocerla.
Cely es rubia y de ojos azules, con más pinta de modelo que de programadora de informática. Sólo de pensar en ella se me endurecía la verga y, cuando tuve la oportunidad de realizar con ella un proyecto en conjunto, tuve que hacer verdaderos esfuerzos para no meterle mano bajo su apretada faldita. Por la noche, en la cama, no dejaba de imaginar que me la follaba de mil maneras.
Coqueteábamos contínuamente, pero no pasaba nada. Convencido de que Cely esperaba que yo hiciera el primer movimiento, decidí tomar la iniciativa. Además, estaba harto de volver a casa cada noche con mi verga dura y palpitante por el deseo de sentirme dentro de ella.
Una noche teníamos que trabajar en un proyecto en el laboratorio y decidí aprovechar la oportunidad. Quedaban pocos empleados en la oficina y todos estaban concentrados en sus ocupaciones. El momento y la situación eran perfectos. Cely se sentó frente a un ordenador y empezó a introducir datos de nuestro proyecto. Sin perder un momento, me coloqué detrás de ella y le dí un masaje en los hombros. Luego me incliné hacia adelante para respirar cerca de su oído. Con valentía, le metí mi mano en su entrepierna. Sin dejar de mirar la pantalla, su respiración se entrecortó cuando le dije con mis labios rozando su oído:
- Esta es la pieza del equipo con la que quiero trabajar esta noche. Deja de joder con el ordenador. - ¿Qué tienes en mente? - Cely,quiero joderte. - ¿Se acabaron los juegos? - Sí,se acabaron los juegos -respondí, al tiempo que daba vuelta a la silla de Cely y me bajaba la cremallera frente a su vista.
Ella quedó extasiada mirando lo que salía de mi pantalón. Con las manos temblorosas se lo llevó a la boca y comenzó a besarlo primero, luego se lo introdujo en toda su boca. Su boca era pequeñita y hacía esfuerzos por albergar todo mi instrumento. Mientras lo hacía, elevaba la vista hacia mí con expresión lujuriosa.
- Sí, cariño, cómete mi pepino, métetelo hasta la garganta -le decía yo, agarrándola de su rubia cabellera mientras lo hacía.
Me hizo la mejor mamada de mi vida, chupando alternativamente las pelotas y el nabo, mirándome con la boca completamente llena y sin dejar de engullir hasta que mi vello púbico le hacía cosquillas en la garganta.
Los sonidos que hacía con su boca me demostraban bien a las claras que lo estaba pasando a mil. Cuando estaba a punto de correrme, le pedí que parara. Entonces ella se puso de pie y comenzó a desabrocharse la blusa. Cuando recordé que no había asegurado la puerta del laboratorio, corrí hacia allí, la aseguré bien y regresé para continuar. Cuando entré a la sala ví que su blusa, falda, sujetador, bragas y medias formaban un montón en el suelo.
- Tienes un cuerpo magnífico, Cely -le dije, mientras me acercaba a ella y le acariciaba sus melones,redondos y durísimos. Los sentía palpitar al ritmo de su agitada respiración.
Luego descendí una mano y la dejé sobre su conchita, hurgué entre sus pelitos y encontré el fruto de mis delirios, sus labios húmedos y calientes, y su entrepierna lubricada, ardiendo como un horno.
- Parece que estás envuelta en llamas. Quieres que te folle, ¿verdad?
Ella sólo asintió mientras miraba mi paquete. Literalmente me lancé encima de ella y metí mi lengua en su boca gimiendo, al tiempo que nos besábamos como dos posesos. La deseaba tanto que no podía reprimir mis impulsos. Ella se dejó caer de rodillas y volvió a chuparme la polla como una enajenada. Cuando le pregunté si le gustaba comer nabos, sólo pudo contestar con una especie de gruñido porque tenía la boca llena de mi carne. Me llevó al borde del éxtasis y, de pronto, se levantó de un salto. "Fóllame ahora", me suplicó.
- Se acabaron los juegos, ¿recuerdas?
La cogí de la mano y me acompañó hasta la mesa, donde la tumbé boca abajo. Era fabuloso contemplar su culito al aire, sus nalgas turgentes y blancas como una fruta prohibida, con esa rajita estrecha que terminaba en unos labios rosados y brillantes por la humedad. Sin esperar más, me monté a horcajadas sobre ella y le pasé el nabo por su rajita, jugando en círculos de una manera que le hacía dar saltitos de emoción.
- Por favor, no me hagas esperar ni un segundo más. Penétrame.
Yo le obedecí y le metí mi poderosa herramienta de un sólo empujón.
- Qué bien lo haces, no pares mi vida, es tan rico...
Gemía mientras la embestía con la fuerza de una máquina. Sus tetas golpeaban la mesa y yo la embestía brutalmente produciendo un gracioso aplauso mientras la seguía bombeando.
- ¿Te gusta, cielo?¿Ves que valía la pena esperar?
Entre jadeos me respondió su entusiasmo.
- No pares de follarme, sigue cabalgándome... Asíiii....más...
Yo la agarraba del culo sin dejar de castigarla por atrás. Sentí las piernas flojas, me temblaba todo y se me nubló la vista. El placer iba aumentando en mi interior hasta que estalló con tanta intensidad que estuve a punto de perder el equilibrio. Sentí que ella comenzó a correrse entre gemidos y suspiros de lujuria cuando le anuncié mi clímax con un rugido ronco y profundo. Me agarré con fuerza a sus caderas y disparé mi leche en su cálido interior. Luego caí rendido sobre su espalda.
Después de aquel polvo tan apasionado resultará difícil encontrarse en el trabajo, pero ya no tenemos otro remedio. La besé por última vez y comenzamos a vestirnos. Ambos sonreíamos. Una vez sentada frente al ordenador, Cely volvió a ser la muchachita consciente de sus labores profesionales, pero conseguí arrancarle una mirada pícara cuando, tomando su mano, la llevé a mi paquete y le dije que podría programarme siempre que quisiera.

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