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Mi noche de bodas
Había llegado ese día que tanto nerviosismo esperaba. Tras tres años de noviazgo me casaba con Juan ese chico tímido y atento que tanto me había atraído. Nos conocimos en la preparación para nuestra confirmación, ambos de profunda fe católica nos habíamos mantenido vírgenes. En nuestra noche de bodas seria el momento especial que encumbraría nuestro amor, llevaba meses esperando ese momento impacientemente.
La boda fue maravillosa, perfecta, estaba en la gloria más absoluta. Después del banquete estuvo el baile con barra libre para todos, yo no soy bebedora pero el champán que servían tenia un gusto dulzón buenísimo pero que se subía rápidamente, Juan que tampoco estaba acostumbrado como yo, bebía de todos los tipos de bebida inimaginables, le veía con vasos con licores de todos los colores. Llego el momento que con la borrachera que llevaba se nos dormía en cualquier lugar, así que su padre y yo decidimos retirarnos ya. Su padre es un hombre de 59 años el cual se había quedado viudo hacia un par de años, era amabilísimo y atento en el cuidado de su hijo de una manera excepcional. Fue a buscar el coche y acercarlo a la puerta del restaurante.
Entramos en el coche tomando dirección del piso que nos habíamos comprado dos años atrás, decorado y arreglado lentamente con mucha ilusión como refugio de nuestro inaugurado matrimonio. Yo entre mi borrachera de champán y el movimiento del coche todo me daba vueltas, me llegaba justo para deslumbrar el trayecto hacia mi casa.
Una vez allí, con la ayuda de su padre destapamos la cama y depositamos a Juan en ella, él estaba como la bella durmiente, no se enteraba de nada. Le quitamos los zapatos y los calcetines pidiendo ayuda a su padre para que me desabrochara el vestido de novia con cientos de botones a lo largo de mi espalda. Me metí en el baño para despojarme por completo del mismo y demás ropa interior, me puse la bata japonesa que mi hermana me había regalado para la ocasión atándomela por la cintura. Al salir del baño estaba José, el padre de Juan, desnudándolo:
- No lo vamos a dejar con la ropa puesta ¿no? -... me pregunto.
- Tienes razón -... conteste.
Se le fue quitando cada una de las piezas hasta que quedo con uno bóxer de color azul. Yo así solamente le había visto así en la playa. Su padre sin preguntarme nada le cogió y le bajo el bóxer:
- ¿Qué hace? -... le pregunte.
- Mi hijo siempre duerme desnudo ¿no lo sabes?.
Que iba a saber yo, era totalmente inocente. Entonces apareció, tiernamente dormida, era fea pero a mí me pareció hermosa, se debió reflejar en mi cara la excitación del momento ya que José me pregunto:
- ¿Nunca lo has visto desnudo?
- Nunca -... conteste.
- ¿No habéis tenido relaciones sexuales todavía? ¿Eres virgen?
- Yo esperaba hasta que estuviese casada, como dios manda, y por fin ha llegado el día de entregarme a él.
- Pues aprovecha, es todo tuyo.
Me tumbé al lado de Juan con la cabeza muy cerca de su pubis, lentamente fui acercando mi mano a su miembro acariciándolo muy lentamente con la punta de la uña de mi dedo corazón. Se lo cogí con dos dedos levantándolo, girándolo, mirándolo desde varias perspectivas, cada vez me sentía más atraída por ese miembro. Lo agarre con mi mano y empecé a masajearlo arriba, abajo, arriba, abajo, quería verlo en su total esplendor. De vez en cuando miraba a la cara de Juan el cual seguía dormido sin enterarse de nada, yo continuaba pajadeanlole pero su pene no despertaba, debía excitarlo de una manera más vigorosa. Baje mi posición hasta ponerme de rodillas entre sus piernas, me quite la bata japonesa y inclinándome hacia delante puse mi cara enfrente a su polla, agarre el miembro flácido y lo introduje en mi boca comenzando a chupar lentamente, trabajando el capullo con mi lengua lo mejor que una virgen esposa puede realizar, a la vez con mi mano derecha le iba acariciando el bajo vientre pero su miembro no despertaba ¿Por qué tuvo que beber tanto? Su polla estaba más dormida que él. Estaba muy cabreada, chupe con más insistencia y vivacidad, subcione todo lo que pude pero no había manera.
- Despierta cerdo, quiero que me folles, necesito que me folles, te exigo que me folles -... gritaba llorando de rabia
Cuando sentí dos manos que me agarraban las caderas por detrás con fuerza, a la vez un objeto caliente y duro se restregaba sobre mi grupa. Con la excitación me había olvidado por completo de que el padre de Juan se hallaba en la habitación, dios que vergüenza.
- Suéltame por favor, déjame -... le increpé.
- No quieres una polla tiesa y dura gatita en celo -... me decía restregando su pene a lo largo de mi coño.
-... No quieres que te follen -... continuo cogiendome un seno con su mano -...
No necesitas que te follen -... manifestó mientras colocaba la punta de su sexo en la entrada de mi cuevecita virgen.
Un sí de alta excitación salido desde lo más profundo de mi interior en contra de mi voluntad racional, lo sabia comento mientras empezó a introducirme su pene dentro, despacio sin dificultades porque para entonces estaba totalmente húmeda, hasta que topo con mi barrera virginal.
- Ha llegado el momento que tanto ansiabas.
De un golpe seco la introducio por completo, de la impresión me flojearon las manos cayendo encima del bajo vientre de mi reciente cornudo esposo. Empezó a bombear con un ritmo tranquilo que fue incrementando lentamente, mi sexo hervía, la excitación se incrementaba mucho más rápidamente que el ritmo de mi desvirgador. Empecé a gemir como una loca, me aferraba al cuerpo de mi esposo, que placer, nada me importaba ahora, solo quería sexo. Se retiro me volteo tumbándome de espaldas en la cama, se acomodo encima y volvió a penetrarme, yo ya sin ningún tipo de racionalidad en mi cabeza me aferré con mis piernas al cuerpo de mi inesperado amante, quería que me la metiese lo más profundo posible, comencé a besarle como una loca, no quería parar, SIGUE SIGUE, gritaba como una posesa fue entonces cuando me vino uno de los mejores orgasmos de mi vida de muy fuerte intensidad y duración, estaba como drogada, el se levanto y por un lateral de la cama me acerco su polla a la boca, me obligo a mamarsela hasta que amarrándome la cabeza con las dos manos empezó a correrse, casi no pude apreciar el sabor del semen de lo profundo que la tenía introducida.
Volví la cabeza hacia mi marido el cual continuaba dulcemente dormido, tonto lo que te has perdido, después de limpiarse y vestirse José me dio un beso de buenas noches y me recordó que mañana vendría a recogernos a las 12,00 horas para llevarnos al aeropuerto. Quien se podía imaginar una noche de bodas como esta.
(Continuará)

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