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El polvo del siglo
Estoy de vacaciones en la playa con unos compañeros del trabajo. Hemos decidido ir a pasar unos días de descanso, aunque poco tienen de descanso, porque a lo único que nos dedicamos es a pasar todas las noches de jarana y todas las mañanas en la cama sufriendo las habituales resacas.
Como cada día nos levantamos sobre las tres del mediodía para comer, como auténticos zombis eso sí, y como cada día después de comer nos tiramos de nuevo en la cama hasta que el cuerpo vuelva a pedirnos marcha.
Pero un día de estos es diferente porque yo no soy de mucho dormir, y después de comer me apetece bajarme a la piscina donde un baño puede arreglarme el cuerpo, para luego en la misma piscina ponerme a leer el periódico o alguna revista. Así que eso mismo es lo que hago: según termino de comer me pongo el bañador, me cojo el periódico y después de oír como todos mis amigos me ponen de loco para arriba, me bajo a la piscina.
Por supuesto a estas horas de la tarde no hay nadie en el recinto de la piscina, salvo yo, mi periódico y mi terrible resaca. Como había dicho lo primero que hago es bañarme durante un rato, y de forma casi milagrosa todo ese malestar que me invadía desaparece por completo. Después de secarme bajo los rayos del sol, me tumbo en el césped y me dispongo a leer. Mientras lo hago percibo como si alguien me estuviera observando, pero no puede ser porque allí sólo estoy yo, y casi sin querer me doy cuenta de que en una de las terrazas del edificio hay una chica que me mira de forma constante, ni siquiera retira la mirada aún sabiendo que yo veo como me observa. Me siento algo confuso e intrigado al mismo tiempo, y quizá también "contento" porque haya una chica que no para de mirarme, como si quisiera algo de mi. Nosotros los chicos tenemos grabada en el coco la estúpida idea de que cuando una chica, por lo que sea, te mira más de lo normal es que quiere rollo contigo fijo, y eso nos hace sentirnos "deseados".
Pasan algunos minutos en los que yo he dejado de mirarla por temor a que se sienta incómoda y dejé de hacerlo, aunque albergo la esperanza de que siga ahí. Me decido nuevamente a mirar y... ¡sigue ahí! quieta mirándome. Ahora sí que estoy convencido de que quiere algo, y pienso en hacerle alguna señal para que baje y hable conmigo, pero sin tiempo siquiera para pensármelo dos veces ella misma es la que me hace un gesto con la mano diciéndome que espere que ahora baja, que no me vaya... ¡a dónde! pienso yo... y desaparece al interior de su casa. Por primera vez sé cómo me siento: excitado, tanto que casi comienza una leve erección de mi pene. No me empalmo del todo porque en mi interior creo que me está tomando el pelo y que en verdad no va a bajar, pero cual es mi sorpresa cuando al momento aparece por la puerta del recinto y me hace un leve gesto de saludo, pero se queda al otro lado de la piscina. Se limita a deshacerse de la toalla que traía consigo y de la camiseta que escondía su bikini, su "diminuto" bikini, y directamente se tira al agua. "Realmente estoy salido" pienso para mí mismo al ver como mi erección aumenta, sobre todo porque está muy buena y ya ha pasado por mi cabeza cómo hacer para tirármela lo antes posible. Además ese bikini me está poniendo enfermo de lo poco que oculta las partes de su cuerpo que más me gustaría ver.
Ella es una chica de aproximadamente 1'70 metros de altura, ni flacucha ni gorda, quizá en su justa medida, o al menos la medida que a mí me gusta. Es morena, de largos cabellos ondulados que caen más o menos hasta sus pechos. Su piel es también tirando a morenilla... se nota que lleva tiempo en la playa, y que le gusta tomar el sol.
Ahora mismo está dando unos largos en el agua, y lo hace realmente bien. Al poco se decide a salir, parece que ya ha tenido suficiente... se sacude el pelo y se acerca donde había dejado sus cosas. No dejo de pensar, aún bajo los efectos de mi erección, cómo podría hacer para entablar una conversación que me permita posteriormente llegar más allá, y como ya he dicho antes, podérmela follar. El problema es que no hay nadie ni nada que me facilite la labor, así que si me acerco a ella se notará a la legua que lo único que quiero es ligármela. Pero al igual que ocurrió cuando estaba en la terraza, de pronto se gira y me mira, y después de sonreírme coge sus cosas y se dirige hacia mi. Yo ya estoy... casi me dan ganas de salir corriendo y hacerme una paja en cualquier sitio. Cuando llega a mi altura me pregunta "¿te importa que me siente aquí?". Ella está de pie mirándome mientras me habla, chorreando todavía gotitas de agua que se deslizan a lo largo de sus piernas, y yo por supuesto admito (¡y quiero!) que lo haga.
No tengo ni que decir que oculto como puedo el hecho de estar empalmadísimo, así que cojo una postura con la que no se nota nada y me dispongo a prepararme para "atender" a mi nueva amiga.
Después de las típicas presentaciones "hola yo soy tal... y yo Pascual..." justifica el hecho de haber estado mirándome constantemente y de haberse decidido a bajar, argumentando que le había dado muchísima envidia lo bien que me estaría sentando el baño. Parece ahora como si lo atrevida de los otros momentos se hubiese convertido en "ahora te toca atacar a ti que yo ya he hecho suficiente". Yo no suelo ser muy bueno para esto de ligar, así que nos limitamos a mantener una conversación acerca de cosas banales y típicas que se suelen decir en estas ocasiones.
En estos aproximadamente 20 o 25 minutos de charla mi pene ha vuelto a su estado habitual, quizá porque ahora en el fondo pienso que no voy a tener la posibilidad de llegar más cerca de ella de lo que estoy en este momento. Quizá ella se da cuenta de que yo no sé como atacar, así que ni corta ni perezosa y sin cortarse lo más mínimo porque ella también quiere lo que quiere, me invita a su apartamento con el pretexto de tomar "una copa o un café".
De pronto, y como se dice por donde yo vivo, se me bajó el cerebro a la punta de la polla y ya no fui capaz de articular más palabras aparte de un simple "encantado", así que después de recoger nuestras pertenencias nos disponemos a subir a su apartamento, el cual ya me había dicho que estaba vacío porque sus compañeras se habían ido de excursión por ahí, y que ella no había ido porque no le apetecía (realmente lo que le apetecía era otra cosa).
Nada más entrar en el piso me ofrece sentarme donde quiera mientras ella prepara un par de cafés en la cocina, así que yo me quedo en el salón, sin pensar más que en cómo he llegado hasta ahí, cómo he podido tener tanta suerte, y por supuesto cómo voy a follarme a esta, porque tiene pinta de exigir mucho y de tener mucha experiencia. Quizá me tiene algo intimidado por el hecho de ser ella quien hasta ahora haya dirigido todo, desde el momento en que me mira desde la terraza hasta ahora, teniéndome ahí sólo porque ella había querido que estuviese.
Cuando aparece con el café me pregunta por qué no me he sentado, como sin duda estaría más cómodo, a lo que yo respondo que es por no mojar el sofá ya que mi bañador aún está húmedo. Ella dice saber cual es el remedio, así que se dirige hacia mi sin ningún tipo de titubeo, deja las tazas de café en una mesa, y de pronto empieza a desatarme el cordón de mi bañador, se arrodilla y me lo quita, lentamente, con mucho cuidado, dejándome completamente en pelotas porque ni siquiera llevaba la camiseta puesta. Cuando me lo quita del todo, y aún permaneciendo de rodillas me mira y sonríe, no sé si intentando hacer que confíe en ella o porque al fin hemos llegado al punto donde ella pretendía mientras me observaba desde la terraza.
Mi polla aún no se ha vuelto a levantar desde que estuviéramos en el jardín, aunque ya comienzo a sentir como empieza a "tirar hacia arriba", máxime cuando vuelve a clavar fijamente su mirada en mi polla y acercándose lentamente llega hasta ella y le da un beso suave y espectacularmente sensual.
De pronto se incorpora y me dice, ya con otro tipo de voz mucho más... erótico "ve tomándote el café, ahora vuelvo".
Yo ya no sé qué pensar... realmente voy a dejar que sea ella quien dirija la operación porque se le ve muy puesta en el tema. Y es que no estoy acostumbrado, porque en mis otras relaciones siempre he tenido que ser yo quien vaya "dirigiéndolo" todo, pero en esta ocasión tendría que ser la primera vez que simplemente... me dejara hacer, cosa que por otra parte me excita aún más si cabe.
Ahora sí me siento en el sofá, como ya he dicho completamente en pelotas, pensando tan sólo en las ganas que tengo de follar, esperando que no tarde mucho en volver porque de lo contrario creo que mi polla reventará. Estoy completamente empalmado, preguntándome qué estará haciendo por ahí en lugar de estar ya encima de mi con su agujerito bien abierto para que yo se la meta una y otra vez. Empiezo a sentirme un poco impaciente y nervioso, y un millón de pensamientos cruzan mi cabeza sin parar. En realidad no ha pasado tanto tiempo, unos minutos tal vez, pero la impaciencia me mata cuando... aparece por la puerta del salón vistiendo tan sólo una camiseta larga que apenas consigue ocultar unas diminutas bragas supersexy.
Viene confiada, con cara de saber lo que va a pasar y exactamente cómo va a pasar, lo cual como ya he dicho antes me excita mogollón. Su rostro ha cambiado sensiblemente... ya no parece la chica normalita con la que charlaba hace un ratito, sino que tiene una aire de... "viciosa" que me pone... Me mira y ve como mi polla ha conseguido alcanzar sus 18 cm. de longitud, ahora está en todo su esplendor, ya no da más de sí, está preparada para todo lo que se le venga encima, que no parece ser poco.
Está parada ahora frente a mí, de pie, con su mirada clavada en la punta de mi polla y haciendo un gesto con la lengua como pensando "está sí que tiene que estar sabrosa". Se agacha lentamente y se pone de rodillas en el suelo, entre mis piernas. Yo sé claramente lo que quiere: me la va a mamar en breve. No hablamos ni una sola palabra... a fin de cuentas no estamos ahí para hablar, sino para follar, follar hasta quedar exhaustos, hasta que nuestros cuerpos no puedan más.
Ella permanece así un largo rato, sin hacer nada, lo que me vuelve loco de impaciencia. Sé que lo hace a propósito, intenta desesperarme. Al fin se decide a "atacarme", aunque de momento parece querer continuar con esa estrategia de no ir a por todas. Simplemente se limita a recorrer mi cuerpo con sus manos, como si estuviera explorando el territorio que posteriormente pasará a ser suyo. Está jugueteando conmigo... me excita cada vez más si cabe, aunque no se da cuenta de que como siga por ese camino lo que va a conseguir es que me corra casi ya, lo cual sería toda una decepción, y no sé para quién más de los dos.
Por fin me mira de nuevo, me sonríe de una forma diría que "maliciosa" porque sabe lo que me está haciendo pasar, y pasa a la acción. Con su mano derecha coge mi erecta polla y juguetea un poco con ella, hasta que en un momento determinado se acerca y comienza un leve recorrido con su lengua que va desde mis huevos hasta el capullo. Cuando llega a este se dedica en un principio a chuparlo con una cierta intensidad, para pasar luego a tragarse todo lo que puede de mi polla. Yo dejo escapar un suspiro, que sin duda es por el enorme placer que me proporciona. Al principio se limita a chupármela lentamente, intentando meterse todo lo que puede. La sensación es increíble, aunque controlable, sin embargo cuando pasa a acompañar los movimientos de su boca con una leve masturbación no puedo evitar dejar escapar uno tras otro gemidos de placer, ahora sí incontrolable. Hasta el momento he mantenido los ojos abiertos para ver como me hace la mamada, lo que me excita muchísimo, pero también porque el hecho de ver la cara de gozo que tiene ella no tiene desperdicio. A lo largo de la tarde había pasado de tener una carita preciosa a una de puta insaciable de película porno de bajo presupuesto. "Realmente la chupa como una profesional" pienso. Como digo, al principio había mantenido los ojos abiertos, pero cuando comienza la masturbación no tengo más remedio que cerrarlos para poder así controlar como sea mis sensaciones, o de lo contrario rápido llegaré al orgasmo. Ella se da cuenta de que no puede mantener ese ritmo si lo que pretende es que la folle, así que poco a poco va decreciendo la cadencia de sus arremetidas contra mi polla, lo que para mí supone un alivio.
Hasta ahora no me había percatado del hecho de que ella no está prestando toda su atención a chupármela, porque con su otra mano se está masturbando. Alcanzo a ver como ha introducido un dedo por uno de los extremos de sus bragas, con el que parece estar preparando el terreno para cuando llegue la verdadera artillería. Yo también me doy cuenta de que ella está alcanzando un alto nivel de excitación... no hay más que ver su cara... y su cada vez más intenso movimiento del dedo, que por la complicada postura que ha adoptado parece que ha pasado a introducírselo en el coño.
Han pasado ya unos minutos, y tengo que reconocer que ha sido una felación exquisita, así que pienso que va siendo hora de que yo le de placer a ella. Me incorporo y le sugiero que deje en mis manos la tarea (la dulce tarea) de ocuparme de su coño, a lo que ella acepta "muy gustosamente".
Nos incorporamos y la conduzco hasta una mesa próxima, donde tengo intención de tumbarla para así facilitar mi acceso hasta su clítoris. Pero antes de eso le quito la camiseta dejando al descubierto unas tetas perfectas: de un tamaño perfecto, redonditas y firmes. Los pezones, duros como rocas, parecen dos pitones de toro que amenazan con embestirme.
Ahora se tumba en la mesa como habíamos quedado, dejando el chocho cerca del extremo de esta para que a mi me sea más fácil llegar hasta él. Yo recorro todo su cuerpo con mis manos, deteniéndome en sus tetas, que también chupo con cierta intensidad, a la vez que pellizco con suavidad los erectos pezones. Parece gustarle extremadamente mi forma de actuar, así que me detengo largo rato en estos dos melones tan perfectos que la naturaleza le ha proporcionado.
Por su forma de suspirar y retorcerse parece estar teniendo un intenso orgasmo. Realmente está muy excitada, incluso lame sus propios dedos como si fueran múltiples pollas. "Ahora es el momento de pasar a su coño y hacerle saber lo que es bueno" pienso para mí, así que poco a poco voy rozando con la punta de mi lengua cada centímetro de piel que separa sus tetas del coño. Ya sabe dónde voy y lo que pretendo. Creo que se va a volver loca de excitación. Cuando llego a sus bragas no tengo prisa por quitárselas, aunque tampoco me detengo demasiado tiempo, no vaya a ser que se me pase la ocasión de provocarle un intenso orgasmo. Con mi boca hago como si le estuviera comiendo el coño, aunque con las bragas puestas. En mi boca siento lo tremendamente mojada que está porque tiene las bragas como si acabaran de salir de la lavadora. Esta parte resulta también realmente excitante para mí, gracias sobre todo a la lencería tan "adecuada" que lleva.
Pero llega el momento de verdad. Ahora quiero comerle el coño de verdad. Quiero que me bañe la cara con sus jugos, quiero probarlos, averiguar a qué saben los líquidos de esta guarra que tan salido me tiene, así que con un movimiento de gran habilidad le quito las bragas y me deshago de ellas.
Ante mí queda un espectáculo como pocos hay: la rajita de esta ninfómana es espectacularmente tentadora. Los labios aparecen delicadamente hinchados para la ocasión y ligeramente entreabiertos, como esperando a que alguien se decida a invadir el agujero del deseo. Pero definitivamente lo que más me gusta en estos momentos es lo abundantemente lubricada que está, no me extraña el estado de sus bragas.
Mi lengua parece no dar abasto para recorrer una y otra vez la raja de esta chica, así que creo que me voy a concentrar en su clítoris, que al igual que los pezones aparece erecto y esperando ansiosamente que me acuerde de él.
No parece físicamente posible que ella esté sintiendo un orgasmo tan largo, pero parece que se va a volver loca como continúe. No para de retorcerse y de dar gemidos de placer, incluso en varias ocasiones parece no poder evitar dar gritos de auténtica zorra.
Yo estoy disfrutando como nunca, aún no me la he follado y ya me parece el polvo del siglo.
Como mi polla está un poco lejos de mi boca y le gusta tanto como le como el coño, creo que de momento voy a contenerme y la voy a follar con los dedos para no dejar de estimularle el clítoris con mi boca. Así que de uno en uno voy introduciendo mis dedos en su agujero: primero el dedo corazón, que prácticamente se introduce sólo porque esta parece tener el chocho más abierto que la Puerta de Alcalá; después introduzco un segundo y hasta un tercero. Voy preparando el terreno porque creo que no voy a poder aguantar mucho más sin metérsela.
De pronto llega un momento en que ella me pide por favor que me la folle, que no aguanta más y que necesita que me la folle rápidamente. Evidentemente eso es algo que no necesita repetírmelo dos veces, así que con un pequeño movimiento la acerco un poco más al borde de la mesa y le abro todo lo que puedo las piernas. Quiero ver ese agujero en todo su esplendor dispuesto a acoger mi polla. Con un gesto de auténtica urgencia porque se la meta, con sus manos abre todo lo que dan de sí los labios para facilitarme la tarea. Es el momento de follármela.
A pesar de lo abierto que tiene el coño y de la cantidad de flujos que lo bañan no resulta fácil conseguir meterle todo el miembro. No hay que olvidar que mi polla es con creces superior a la media normal de los chicos, que suele ser de unos 15 cm., y no sólo en longitud, sino en grosor, ya que el diámetro de mi capullo es bastante considerable.
Pero a estas alturas no hay nada que pueda impedir que esta sepa lo que es que la metan una buena polla. Con un poco de habilidad y de paciencia, poco a poco se la voy metiendo. A cada leve movimiento que hago hacia delante y atrás para no destrozarla si lo hiciese de sopetón ella responde con gemidos que casi hacen que me corra por ella, porque debe estar gozando lo que nunca en su vida.
Por fin ahora ya se le he metido toda, y desde luego que la ha recibido de buen gusto. Ahora comienza lo más placentero del todo, tanto para ella como para mí. Poco a poco voy acelerando la cadencia de mis embestidas hacia dentro, llegando ya mis huevos a golpear con cierta violencia contra la entrada de la vagina, como protestando por no poder entrar ellos también. Aún así procuro no hacerlo demasiado rápido... sería una pena que nos corriéramos antes de probar más posturas: "a esta la quiero joder desde todos los ángulos" pienso. De cuando en cuando ceso en mis embestidas y saco la polla para contemplar como se queda el chocho completamente abierto, lo que aprovecho para agacharme y meterle mi lengua, con los mismos movimientos como lo haría con mi polla. Luego vuelvo a follármela con todo lo que tengo.
En ocasiones me pide que lo haga más rápido y con más fuerza: "¡vamos fóllame, jódeme, destrózame con tu polla!" me grita. Resulta realmente excitante como retumba en todo su cuerpo cada empujón que le doy, como van y vienen sus tetas, a las que por supuesto no olvido y a las que de vez en cuando les dedico alguna atención, aunque ahora estoy demasiado ocupado con su agujero. De todas formas ella misma se da placer mediante suaves pellizcos en los pezones o simulando chupar pollas con los dedos. Incluso de cuando en cuando se estimula el clítoris para aumentar así su ya abultada excitación.
Con la excusa de querer cambiar de postura detengo el movimiento, aunque en realidad lo que me ha impulsado a hacerlo es evitar que todo acabe en segundos, puesto que me encuentro al borde del éxtasis, y como he dicho antes, no quiero dejar escapar a esta sin follármela de todas las formas habidas y por haber.
Para la postura que le propongo ahora es necesario que se ponga de pie, con el tronco ligeramente echado hacia delante, apoyándose sobre la mesa con las manos y con las piernas bien abiertas. Quiero follar ese coñito desde atrás.
Rápidamente pasamos a la acción de nuevo. Esta es una de las posturas que más me gusta... aunque no sé explicar bien por qué. Es cuestión de unos segundos colocar mi polla a la altura adecuada para podérsela meter otra vez.
Tan pronto como se le meto comienzan de nuevo sus gemidos. Desde luego esta es la tía que más parece disfrutar follando de todas con las que he estado, porque no cesa en sus exclamaciones de placer ni un instante. Ahora el poder de las embestidas no depende exclusivamente de mí, ya que ella misma hace movimientos hacia atrás que aceleran los míos. Parece tener prisa por acabar, o al menos de acabar conmigo, porque a este ritmo sé que no voy a poder aguantar mucho.
Esta postura no la aguantamos tanto tiempo como la anterior porque de pronto me sugiere algo que yo nunca he sido capaz de proponer a las chicas que me he follado, aunque con algunas ya la he probado. Y realmente es una proposición que me gusta... ¡ay Dios como me gusta!
Y lo que más me excita es que como me la está proponiendo, sus palabras y su forma de gritármelas como si de ello dependiera su vida. Estas palabras en concreto son: "¡¡¡Vamos, quiero que me folles por el culo, quiero que folles todos mis agujeros!!!". Me lo repite una y otra vez, y a cada una con un tono de desesperación creciente.
Como he dicho no hace mucho, estas cosas no hace falta que me las repitan dos veces, así que me dispongo a abrirle el culo.
Antes de poder meterle la polla he de hacer un pequeño tratamiento de apertura inicial de su culo con mis dedos, porque lo más complicado de esta postura es conseguir meterla, ya que una vez dentro es como un coño más. Así, al igual que hice cuando estuve trabajándome su chochito antes de follarlo, poco a poco voy introduciendo dedos por su agujero trasero. Una vez que consigo que se muestre un poco más receptivo me dispongo a utilizar la polla. Coloco la punta del capullo justo en la entrada del agujero, y con no poco esfuerzo comienza a ir entrando, cada vez un poco más, y cada vez más fácil. Ahora ya he conseguido meterla toda, su culo ya ha adoptado el tamaño necesario para acoger mi miembro. Ya sólo queda follármelo igual que lo haría con su coño. Arremeto contra él con fuertes embestidas, metiendo una y otra vez mi polla, e igual que cuando me follaba su coño desde atrás, llega un momento en que a ella le parece poco la intensidad de mis movimientos y colabora moviéndose también.
Ambos estamos llegando a un nivel de excitación que terminará culminando en breve, o al menos yo. Yo ya no puedo reprimir exclamaciones del tipo "¡¡¡vamos guarra, córrete!!!" o del tipo "¿te gusta? ¿te gusta como te estoy follando?". Sé que a ella le excitan mis palabras; desde luego a mí me excitan mogollón sus gemidos y exclamaciones de placer.
Definitivamente ella está a punto de correrse, y me pide por favor que me corra al mismo tiempo. Yo sigo taladrando su agujero, mientras que ella se está masturbando el clítoris con varios dedos.
Sus exclamaciones son ya del tipo "¡¡¡me corro!!! ¡oh Dios! ¡me corro!". Yo ya estoy a punto de correrme también y se lo hago saber. Mis arremetidas contra su culo son ya de una intensidad insuperable.
Ella ya se ha corrido y yo presiento que a mí me quedan pocos segundos para correrme también. Igual que con el tema de follar por el culo, nunca me he atrevido a pedirle a una chica que deje que me corra en su boca, y esto sí que nunca lo he hecho, pero el nivel de excitación que tengo en este momento es tan salvaje que casi de forma involuntaria le hago saber que me gustaría hacerlo.
Ahora ya sí que me corro... ella me ha dicho que ¡contaba con ello!, que le encanta que los tíos la bañen con su leche. Sólo el escuchar esas palabras hacen que llegue al orgasmo ahora sí de una forma imparable, así que rápidamente saco la polla del culo para ofrecérsela. Ella se da la vuelta y se pone de rodillas a escasos centímetros de mi polla con la boca abierta esperando recibir todo el semen. Ni siquiera necesito esa última masturbación para hacer salir toda la leche, sino que simplemente la excitación es tal por ser la primera vez que me corra en la boca de una tía que rápidamente todo el semen sale disparado y se introduce en su boca, que pronto se desborda por la cantidad de leche tan exagerada que está emanando de mi polla. Realmente a ella parece encantarle que me haya corrido en su cara, porque no deja escapar ni una sola gota. Es más, cuando mi polla ya no da más de sí, ella sigue recogiendo cualquier migaja que haya podido quedar en los alrededores de mi capullo, dejándolo tan limpio que nadie diría que acabo de tener la experiencia sexual más salvaje de mi vida.
Poco a poco nos vamos relajando y separando, porque hasta pasados unos segundos ella no termina de separarse de mi polla, hasta que ambos nos sentamos exhaustos de lo intenso del acto que acabamos de realizar.
Realmente ha sido el polvo del siglo.

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