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Al principio sólo caricias
Estábamos cargando las maletas en el autocar que nos llevaría hasta nuestro destino. Me había tocado sentarme en unos asientos de delante, con un amigo, pero al final del autocar, en aquellos asientos que van 5 personas juntas, había una amiga mía, con gente de su clase, entre ellos un chico, uno solo, que parecía simpático. Me acerqué a ellos y saludé a mi amiga, que enseguida nos invitó a sentarnos con ellos. Nos ibamos de viaje de fin de bachillerato, y teníamos que pasar toda una noche en el autocar. Me senté al lado de ese chico al que todavía no conocía, y me puse a hablar con él. Se llamaba Víctor. Era moreno, con unos ojos negros de mirada penetrante, y aunque no era muy alto, ni guapo, había algo de él que me atraía. A las doce de la noche salíamos de Barcelona y cogíamos la autopista para ir a Florencia. Yo me tumbé encima de Víctor. Se sorprendió, pero enseguida supo que es mi forma de ser, y que no tenía ninguna segunda intención que la de intentar dormir un rato. Su brazo se apoyaba en mi barriga y, disimuladamente, sin que los demás que se sentaban con nosotros se dieran cuenta, empezó a acariciarme. Yo respondí acariciando su pierna, y poco a poco noté que me hacía caricias en el pelo, y en la mejilla. Yo por mi parte le iba tocando el pecho y el abdomen. Así pasamos la noche en el autocar. Acariciándonos sin más, hablando con otra gente o mirando una película que nos pasaron a las 5 de la madrugada. Al llegar al hotel las habitaciones no podían ser mixtas, y nosotros éramos 6, 4 chicas y dos chicos. Pero logramos estar en una habitación dos chicos y yo, y en la otra las demás chicas. En la habitación Victor me miraba mucho mientras nos cambiábamos de ropa para ir a visitar la ciudad, y mientras deshacíamos las maletas. Por la noche nos reunimos los 6 en la habitación de las chicas, y decidimos dormir los 6 juntos en 3 camas, dos por cama. Al otro chico no le gustaba dormir con gente de su mismo sexo, así que dos chicas tenían que dormir con chicos. Lo sorteamos, y a mí me tocó dormir con Víctor. En la cama, cuando ya habíamos apagado las luces, pero todavia seguíamos hablando, mi mano empezó a acariciar su brazo, disimuladamente y por debajo de las sábanas. Él respondió enseguida acariciándome la cintura. En ese momento empecé a ponerme caliente, y el hecho de que las 3 camas estuviesen juntas, y que nosotros dormíamos en la del medio, con lo qual estábamos rodeados de amigos, me daba mucho morbo. En media hora nos dormimos todos, hasta Víctor y yo, pero no pude dormir demasiado, pues en una hora volví a despertarme. Me tumbé, y vi a Víctor dormido. Empecé a acariciarle la cintura, y como estaba dormido de lado, y cara a mí, también alcancé a tocarle la espalda. Entonces se despertó y me miró a los ojos. Puso su mano sensualmente sobre mi pijama, me subió la camiseta y, poco a poco, fué subiendo su mano hata tocarme los pechos. Los acarició dulcemente, pero a la vez con mucha fuerza, aquello me estaba excitando muchísimo, y le quité la parte de arriba de su pijama. Entonces acerqué mi boca a sus carnosos labios y nos besamos apasionadamente. Pero la cama tembló un poco, y una chica que dormía en la cama de al lado se movió, así que dejamos de besarnos. Nos cubrimos hasta la cabeza con las sábanas y me quitó la blusa del pijama, dejando a su vista mis pechos, duros por la excitación. Bajé mi mano hasta su paquete, estaba duro como una roca. Tenía la polla grande y larga, y el capullo sobresalía un poco del pijama. Él, notando que yo cada vez estaba más caliente, y que no me bastaba con que sólo jugara con mis pezones, introdujo la mano dentro de mi pantalón, me acarició un poco y se detuvo. Yo necesitaba que me tocase, que siguiera, no entendía por qué había parado. Entonces me di cuenta de que se estaba sujetando el pene, tapando el agujero con el pulgar, para evitar correrse. Me quité el pantalón y también se lo quité a él, que ya había logrado evitar que le saliese el chorro de semen. Quedamos desnudos los dos, frente a frente. Yo estaba super excitada, y empecé a masturbarme. Entonces acercó su cara a mi ingle y, sin apenas tocarme, empezó a lamerla. Yo no paraba de sacar chorros de flujo, pero necesitaba que me lamiese el clítoris, así que aparté mi mano, le cogí la cabeza, y se la llevé a mi vagina. La lamió succionando todos los jugos que me iban saliendo, y entonces me corrí. Como no podía evitar hacer ruido me puse la almohada encima de la cara, para que nadie me oyera, y aún así, se oyeron mucho mis jadeos. Luego empezó a besarme por la barriga y subió hasta mi boca, pasando por mis pezones. Sentí su pene entre mis piernas, lo cogí y lo acerqué a mi vagina para que me penetrase. Poco a poco aquel miembro iba entrando dentro de mí, y volvió a salir, y cada vez más deprisa, pero vigilando de no mover mucho la cama y despertar a los demás. Victor ya no aguantaba más, iba a correrse, pero no podíamos ensuciar las sábanas, así que acerqué mi boca a su pene, me lo tragué un par de veces y entonces toda su leche entró en mi boca. Intenté tragármela toda, pero era demasiada y se me cayó un poco por la cara. Cuando terminó de correrse, le comenté que iba a lavarme la cara porque tenía semen. Me abrazó y empezó a lamer todo el semen que yo no me había podido tragar. Como estábamos muy cansados y sólo faltaban un par de horas para que los profesores viniesen a despertarnos, nos abrazamos un rato, nos besamos, volvimos a ponernos el pijama y nos pusimos a dormir. Las 3 noches siguientes no pudimos dormir juntos, pero aprovechábamos cualquier ocasión para hacernos caricias, ya en partes más íntimas.

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