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En autobús por Roma
Hemos estado de turistas recorriendo las viejas e históricas calles de la antigua Roma. Por último hemos decidido visitar el famoso Coliseo. De allí hemos tomado el autobús para llegar a la Plaza Venecia donde deseamos sentarnos a tomar un café y comer algo ligero. Al subir al autobús, comprobamos que está repleto de gente. Nos movemos hacia la parte trasera. La gente nos comienza a empujar. Tú te colocas a mis espaldas, pues deseas protegerme y, a la vez, sentirme cerca de ti. Yo llevo un traje negro ancho y unas sandalias. Tú vas muy cómodo con un pantalón vaquero azul y una camiseta blanca. Estás tan cerca de mi que puedes oler el aroma de mi perfume "Obsesión". Mi pelo lo llevo suelto. Tú comienzas a besarlo y a olerlo. A la vez, comienza tu obsesión por quererme amar allí, junto aquella multitud de gente desconocida. Te obsesiona la idea de poder sentir el calor de entre mis muslos, la humedad que puede tener mi ardiente Venus caribeño. Andas deseando incontrolablemente saborear el tropical sabor del río de placer de Venus. La idea comienza a invadir tu mente y, mientras más lo piensas, sientes cómo tu divino monumento se agranda. Me tomas por la cintura, colocando tu mano fuerte y varonil donde imaginas que está mi mariposa. Deseas hacerla presa de tus deseos. Me jalas hacia tí para comenzar a morder y chupar mi cuello entre mi limpio y oscuro pelo. Notas cómo mi cuerpo reacciona, pues el frío lo recorre. Es sólo el placer de tus labios sobre mi piel, que me hace reaccionar de esta manera. Es una tarde calurosa y mi cuerpo emprende un frío de deseos. Yo muevo mi cuello para indicarte que estoy de acuerdo con lo que estás haciendo. Me está gustando. Te miro para hacer contacto con tus ojos. Tú tocas mi rostro tiernamente y, con tus dedos, acaricias mis labios. Comienzas a besarme tiernamente. Nuestras lenguas hacen contacto. Yo chupo la tuya para que sientas cómo estoy deseando chupar tu divino monumento. En nuestro beso se ha encendido nuestro deseo. Tu pasión y la mía se están uniendo para convertirse en una. Tú, disimuladamente, estás levantándome el traje. Las personas más cercanas se han dado cuenta de que nuestra pasión se intesifica pero han optado por no intervenir en ella. Siento cómo un tierno y frío fresco sube por mi traje. Tu mano está dejando al descubierto mis piernas. Sientes lo ardiente que están mis muslos, tú sólo deseas llegar a Venus, entrar en él, quemarte en él. Sientes cómo tu desesperado miembro desea escapar de la prisión de tu pantalón. Quieres darle libertad para que se entregue al amor y llene a tu ardiente caribeña de todo tu amor. Deseas que por su ardiente cueva tropical no sólo recorran sus fuertes corrientes de placer sino las tuyas también. Deseas hacerla vibrar en un intenso orgasmo que a la vez te haga explotar a ti al sentir las vibraciones de su encendido túnel. Tu cuerpo comienza a sudar. A la vez te sientes temblar, sólo deseas penetrarme y amarme en ese instante, sin importarte el qué dirán los demas. Sólo te importo yo. No puedes más y subes tu mano cerca de mi Venus. Mueves mis bragas hacia un lado para darle entrada a dos de tus dedos. Yo abro mis piernas para facilitarte la entrada, pues estoy deseando que me puedas penetrar y me hagas el amor con la misma furia que una vez lucharon las fieras salvajes junto a los hombres en aquel histórico Coliseo. Tu continuas besando mi cuello, mordiéndolo, llenándote del olor de mi pelo, del aroma de mi perfume. Tus dedos finalmente entran en mi. Tu mano arde con el fuego que emana de mi. Tus dedos comienzan a moverse. Según se mueve el autobús, así es el ritmo que tus dedos llevan dentro de mi. Sientes cómo por tu mano corren las cascadas de placer que están desbordandome. Tú deseas saborearme y oler el olor de mi sexo impregnado en tu mano. Mi cuerpo está temblando hasta que... el autobús ha parado. El anochecer ha llegado. Tu furia de deseo aún es más grave. Sacas tus dedos de mi y los colocas en tu boca para así saborearme. Al bajarnos, me llevas hacia el primer callejón desolado para apoyarme sobre la pared de un antiguo edificio y poderme amar. Subes mi traje, me despojas de mis bikinis, dejas en libertad a tu divino miembro. Colocando una de mis piernas al nivel de tu cintura me penetras y sientes y cómo mi ardiente Venus convierte en llama furaz a tu divino miembro. Te pegas bien a mi vientre, para poderlo frotar a la vez que me haces el amor con una loca pasion. En segundos me causas un intenso orgasmo. El deseo de explotar se apodera de tipues deseas unirte a mi éxtasis de amor. Al sentir mi túnel contraerse gimes de placer y a la vez surge tu grata explosión. Te rindes sobre mi y sellas esta fuerte pasión con un tierno beso.

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