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Recuerdos de Buenos Aires
Hace más de una década que estoy viviendo en Ámsterdam, circunstancias desafortunadas me obligaron a refugiarme en esta ciudad europea que ahora considero como propia. Al principio fue duro para mi, pero ahora que ya estoy aquí, a salvo en mi propio departamento, con un buen equipo de audio, algunas bebidas y altísimas plantas, me siento en mi sillón favorito, me relajo y ese recuerdo viene a susurrar en mi oído, escucho el nombre de aquella ninfa, Catalina. Desde algún lugar oculto del ambiente proviene su aroma ardiente, parece recorrer todo mi sistema nervioso, su imagen me proporciona un calor especial. Cuando cierro los ojos el recuerdo tira de mí y me lleva a profundamente atrás en el espacio tiempo.
Esto sucedió hace ya 16 años, en mi ciudad natal, Buenos Aires. Es la experiencia erótica más placentera que recuerde de toda mi vida, es una bonita historia la que tuve con mi vecinita. Conocía a esa chica desde muy pequeña, pues mi familia y la suya, quienes vivían dos pisos mas arriba en el edificio, eran conocidos desde mucho tiempo atrás, incluso antes de mi nacimiento. Su madre solía traerla a mi departamento para que jugara con mi prima que tenia casi la misma edad. Solo la madre y los abuelos se encargaban de ella, ya que el padre había “desaparecido”.   En esa época yo tenia 13 años y vivía en ese departamento que era de mis abuelos, mi padre vivía a en otro lugar con su mujer. Un día decidí dejar la casa de mis abuelos para ir a vivir al sur del país, a la casa de mi madre y mi hermana, viví allí durante siete años, cuando la cosa no funciono me volvi y valla sorpresa con la que me encontré! Una tarde me disponía a subir al ascensor cuando ella entro al edificio tras de mi acompañada de su madre, no podía creer lo que estaba viendo, la visión me dejo casi paralizado. La niña había crecido, y su sorprendente desarrollo físico me tomo con la guardia baja, supuse que tendría 10 o 11 años. Era una chica delgada, de pelo castaño lacio hasta los hombros pero con un fascinante flequillo en la frente que casi tapaba sus ojos. Su piel era dulcemente rosada, muy suave imaginaba, al igual que sus tiernos y brillantes labios rojos, como si estuvieran mojados, sus ojitos me inspiraron completamente, contenían una mezcla de miedo y picardía, y para mi infarto vestía una diminuta camiseta que hacían notar sus preciosos pequeños pechos creciendo en punta.
Fue imposible no mirarla, creo que mi reacción fue demasiado notoria, ella se puso un poco nerviosa, y también la madre, quien me miraba con un poco de desconfianza, eso me asustó porque en ese momento no estaba pensando en hacer absolutamente nada, no podía siquiera imaginar lo que pasaría tiempo después. Enseguida reaccione saludando a ambas y ellas me devolvieron el saludo. Les abrí la puerta del ascensor y le di el paso. Una vez adentro la situación se torno mas tensa aun, en un momento entre el primero y el quinto piso, la mire a los ojos y ella también me miro fijo, cuando se dio cuenta que la madre nos miraba, movió la vista hacia abajo. Al llegar mi turno para bajar me despedí y cerré la puerta. Cuando entre a mi casa me fui derecho a mi cuarto, me puse a escuchar música y a leer una revista, pero la imagen de esa chica no paraba de sonar en mi cabeza, cada vez que pensaba en lo hermosa que era se me erizaba la piel, me ponía mas y más caliente. Inútilmente trataba de pensar en algo mas, me decía a mi mismo que eso no tenia sentido, pero por la noche cuando todos se fueron a dormir no pude evitar imaginarme con ella en una situación lujuriosa.
Como no quería enloquecerme con una idea que nunca podría cumplirse, cada vez  que me la cruzaba casi no la miraba, solo la saludaba y trataba de pensar en otra cosa.  Pero como al año y medio un hecho extraño provoco un inesperado giro en la relación. Era un frío atardecer como a las 19.30hs. de la noche, yo iba caminado hacia mi casa, de pronto me pareció que alguien me seguía, mire con el rabillo del ojo y vi un tipo que caminaba a unos siete metros detrás de mí, miré hacia el otro costado y vi a otro que venía por la vereda de enfrente. Pensé que eran ladrones, así que seguí caminando rápido, pero sin dejarme dominar por el pánico, mire al suelo en busca de algún objeto para defenderme, pero cuando llegue al edificio abrí rápidamente la puerta, entre y cerré con llave. Me quede a la expectativa para ver que hacían los dos tipos, finalmente ellos pasaron caminando cada uno por su lado como si nada, me di cuenta de que todo había sido parte de un acto de mi propia paranoia, pero eso fue lo que me inspiró a hacer la gran actuación. Porque en ese preciso momento ella bajaba sola en el ascensor, y yo aproveché mi centímetro cuadrado de suerte sin pensarlo. Le dije que no saliera, que había unos tipos afuera que me estaban siguiendo, ella puso cara de asustada y se colocó a mi lado contra la pared.
Le dije que se quedara quieta  o la iban a ver, pero que no se preocupara, que no me habían visto entrar. Le dije que esperáramos unos minutos a ver que pasaba. Entonces fue cuando empecé mi primera conversación con ella. Mientras le hablaba la analizaba, ella parecía bastante interesada en mi misterio, y yo quería compartir un poco con ella.
Mientras estábamos los dos ahí, furtivos en la oscuridad, miles de cosas pasaron por mi cabeza. Le pregunté a dónde iba y me dijo que no se lo contara a nadie pero se estaba escapando de su casa para ir a la del novio por un rato, yo lo había visto una vez, pero me pareció demasiado inmaduro para ella, y tuve la intuición que aun no habían tenido relaciones. Entonces le dije que lo mejor era que se quedara en casa, que no era buena idea salir a la calle, podría ser peligroso. Ella se puso un poco triste, me decía que estaba cansada y aburrida de estar con su abuela, quería mucho a su abuelo pero había muerto hace varios años en un accidente automovilístico.
También me hablo de su madre, quien había salido de la ciudad por un fin de semana, dijo que la relación entre ellas iba cada vez peor, yo lo sabia porque cada tanto escudaba a través de la ventana interna del edificio que le gritaba y la regañaba. Yo quería consolara así que delicadamente pase mi brazo por su espalda y apoye mi mano en su hombro, le dije que no se angustiara por eso, que ella tenia su personalidad y no podía cambiarla, pero también que no era lo suficientemente perceptiva como para darse cuenta de los problemas afectivos de su hija. Catalina se puso muy bien con lo que le dije, también me abrazo y me dijo que me agradecía por consolarla pero no estaba de animo para volver a su casa, además su abuela estaba durmiendo, y con las pastillas que tomaba no se despertaba hasta la madrugada. Lo primero que pensé fue en sugerirle ir juntos a su casa, pero al momento lo descarte pensando en lo que podía llegar a pasar si la vieja se despertaba y nos encontraba en una situación amorosa.
Me sentía ya desesperanzado hasta que de pronto recordé que mis abuelos tenían las llaves del departamento al frete del nuestro. Pertenecía a una ancianas que vivían en Montevideo, y que ya casi nunca venían a Buenos Aires, así que también como eran amigas de mi familia les dieron las llaves a mis abuelos para que regaran las plantas y vieran periódicamente que todo estaba bien. Se suponía que nosotros nunca podíamos usarlo, pero esta vez estaba decidido a romper con todo. Le dije a Catalina que las ancianas eran conocidas mías y que me habían dado las llaves para regar las plantas, le pregunte si no quería ir allí a escuchar música y charlar un rato, ella dudo por un segundo pero dijo que sí. Entonces le dije que me esperara ahí, subí a mi casa, entre en el cuarto de mis abuelos sin que me vieran y tome las llaves. Después fui a mi cuarto muy silenciosamente, tome una mochila, y me dispuse a cargar todo el equipo necesario para una noche alucinante.
Tome un pequeño equipo de audio, unos CDS, unas latas de cerveza y de cola, unas velas, chocolate, unas toallas, y unos aditivos muy especiales. Era todo lo que necesitaba, inmediatamente fui a buscarla, entramos a departamento de las viejas muy sigilosamente. Era grande y tenia muchas habitaciones, hábilmente elegí la que estaba mas al fondo para que nadie oyera ruidos extraños. Todos los muebles eran antiguos,  pero cuando apague la luz y solo quedaron encendidas las velas el ambiente se transformo en otro y se torno mucho más cálido. Puse buena música, y serví unos tragos muy especiales con la cola, conteniendo algo para relajarnos.
Al principio estaba un poco tímida, pero poco a poco se fue soltando. Encendí un incienso para que todo el ambiente se amoldara a mi estado de animo. Hablamos de todo y la hice reír mucho, hasta que en un punto de la conversación le pregunte si había tenido relaciones con su novio, ella respondió que no y a mi se me puso la piel de gallina. La sentí relajada, se sonreía y me decía que no creía que un chico como su novio supiera como hacer sentir bien a una mujer. Estábamos los dos recostados en la alfombra, entonces la tome de la mano y le pregunte si quería bailar conmigo, la música seductora de Café del Mar nos puso muy calientes, bailábamos cada vez mas pegados, comencé a besarla en el cuello mientras que con mis manos le acariciaba la espalda. Cuando la bese en la boca la sentí mía, acariciaba suavemente su lengua con la mía. Ella me abrazaba y me apretaba contra ella, mientras yo apoyaba mi bulto en su vientre. Metí mi mano debajo de su pollerita, le acaricie los muslos y la cola, Dios que suave era! Luego pase al frente y apoye mis dedos en su exquisita vulva, ella se estremeció, la toque mas profundo y gimió como una pequeña gatita.
Le di un respiro para quitarle la ropa, primero su camiseta, después su pequeño sostén de chica de 12 años. Sus pechos eran deliciosos, suaves y redonditos, no pude hacer otra que apoyar mis labios sedientos en sus rozados pezones, al instante se le pusieron duros.  Me quite la camisa, y le dije que me abrazara, me encantaba sentir sus manecitas acariciando mi cuerpo. Entonces procedí a quitarle las zapatillas y las medias, y después su pequeña braguita blanca, dejándole solo la pollerita azul, la miraba y mis ojos se llenaban de luz para ella, la recosté y le susurre al oído: “Cierra los ojos y no pienses en nada, pon tu mente en blanco, respira profundamente y déjate llevar completamente por los sentidos”, le levante la pollera,  abrí sus piernas y allí estaba la florcita más hermosa que haya visto jamás, apenas si tenía un pelitos suaves encima, no podía esperar mas tiempo para conocer su sabor.
Comencé a besarla allí, centímetro a centímetro fui cubriendo toda su superficie con mis besos. Luego utilicé mi lengua, moviéndome en círculos, ella comenzó a gemir, seguí haciéndolo hasta que me concentre en su adorable botoncito, ella dio un gritito, y me apretó la cabeza con sus piernas mientras me acariciaba el cabello con las manos. Le abrí los labios con las manos y llevé mi lengua lo más profundo que pude, luego pase a usar los dedos entrando y saliendo, ella gemía cada vez mas rápido, entonces humedecí un dedo con saliva y lo lleve hasta su ano, le metí apenas un poquito y la pequeña se corrió en mi boca, que sabor tan agradable! Gemía y gritaba, era su primer orgasmo. Seguí chupandola, su flujo había llegado hasta su hermoso orifico de la cola, así que la saboree también allí.
Catalina a esa altura estaba estremecida, me agarraba con mucha fuerza y me pedía que siguiera. Pero yo le dije que no, que teníamos que cambiar, entonces me quite los zapatos,  los calcetines, los pantalones y por ultimo el bóxer. Yo estaba de pie y ella arrodillada en la alfombra, así que su cara quedo justo a la altura de mi ya muy erecto miembro. La mire a los ojos y ella supo lo que quería, primero le estampo un bezo al glande, después le paso la lengua, lo miraba un poco y le pegaba un lenguetazo, hasta que por fin se la metió toda en la boquita, le dije que con las manos podía acariciarme los huevos, lo hizo gustosa.
Yo la miraba así, chupando mi verga tan dulcemente y me sentía delirar, pero aun no quería acabar, así que  le pedí que se detuviera, le dije muy dulcemente que era hermosa y que la quería, la acosté, le quite su pollerita, abrí sus piernas suavemente y acerque mi pene hacia su entrada aun no cruzada por nadie, primero le metí la cabeza y ella grito, yo tenia miedo de hacerle daño, así que la saque y la lubrique con un poco de saliva, entonces volví a meter mi polla en su conchita y esta vez entro, ella grito muy fuerte pero seguía gozando como loca, entonces entre y salí incesablemente de su vagina, ella emitía un gemido que me volvia loco, hasta que no pude mas, la saque y se la acerque a su rostro, le dije que la chupara ahora, rápido, con desesperación se la metió en la boca, entonces derrame toda mi energía blanca en su boca, ella se lo bebió todo. La bese en ese preciso instante, se lo tenia mas que ganado. Aun no sabia si había sido real o solo un sueño, mi hermosa vecinita me había hecho acabar como los dioses. Después note que había algunas manchas de sangre, la tome en mis brazos y la lleve a la bañera. Lave toda su delicada piel con jabón perfumado y agua tibia. La seque con la toalla y le dije que se vistiera, me despedí de ella con un largo beso en los labios. Esa noche dormí como encima de las nubes.
Luego de ese episodio yo tenia un miedo atroz  a que ella contara algo a su familia pero fue todo lo contrario, nos hicimos muy amigos y se inicio una maratón indescriptible de placer y lujuria. Cada vez que podíamos nos escapábamos y  encerrábamos en aquel viejo departamento a gustarnos y saborearnos mutuamente durante horas, bebiendo, riendo y escuchando música hasta quedar exhaustos. Un día, después de casi dos años de ese continuo viaje alucinante, circunstancias ajenas me obligaron a emigrar hacia Europa y tuve que dejar atrás a mi hermosa lolita. Nunca mas volví a saber de ella o de su piel, es una pena, pero mi vida debe seguir... ¿no?

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