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Entrenamiento con mi cuñada
Estoy casado, tengo 28 años y soy muy feliz. Mi esposa y yo tenemos una saludable vida sexual, pero fue hasta hace poco que tuve una aventura lo que cambió mi forma de pensar. La hermana de mi esposa, o sea mi cuñada, es una tipa alta, de 18 años, de pequeños pero muy deseables senos, y sobre todo posee un exquisito culo y una vagina que se antojan. Ya desde hacía mucho tiempo yo ya tenía fantasías "prohibidas" cada vez que la veía con sus pantalones ajustados. Sucedió un día que, platicando con mi cuñada sobre fútbol, coincidimos en que el equipo de fútbol favorito de ambos era el mismo, solamente que mi cuñada, además, era fan de algunos de los jugadores del mismo equipo. Tras cierta insistencia de su parte, quedamos en asistir a un entrenamiento del equipo para que ella pudiera lograr algún autógrafo de los jugadores. Nadie más se ofreció a ir con nosotros. Mi esposa y mis cuñados no estaban muy interesados en el fútbol.
El día que fuimos a ver el entrenamiento, mi cuñada llevaba uno de aquellos pantalones que tanto le ajustaban. Al entrar al deportivo, había mucha gente observando el entrenamiento y, con el fin de protegerla, me coloqué tras de ella. Mientras observaba el entrenamiento no pude evitar rozar mi pene en su culo. Al primer contacto empecé a sentir una erección. De pronto mi mente empezó a imaginar otras cosas y me desentendí por completo del entrenamiento. Solamente pensaba en rozar mi pene contra ella.
Ya con un poco de confianza, y al ver que ella no decía nada, le empecé a acariciar con mi mano su culo tratando de evitar que alguien más me viera. Así transcurrió todo el entrenamiento, con una excitación tremenda. Al terminar, ella fue a conseguir sus autógrafos tal y como deseaba. Mientras tanto yo, influido por mi propia moral, trataba de borrar de mi mente todo pensamiento y recuerdo de aquellos pequeños instantes.
Por comodidad de estacionamiento, habíamos asistido al entrenamiento en mi motocicleta, de manera que le propuse pasáramos a mi casa a dejar la motocicleta y tomáramos mi coche para así devolverla a su casa, lo cual ella aceptó. Cuando llegamos a mi casa, un poco antes de dejar la motocicleta, ella me preguntó acerca de lo difícil de manejar la moto. Le expliqué que era muy sencillo y que, si quería intentarlo, gustosamente la ayudaría. Ella no lo dudó y me dijo que quería por lo menos manejar unas calles la moto, de manera que intercambiamos lugar, ella al frente y yo atrás, para así darle indicaciones.
Nuevamente tuve su culo cerca de mi pene y otra erección me llegó. Con tal nerviosismo, ella intempestivamente aceleró la moto y yo, por inercia para no caerme, me sujeté abrazándola y, coincidentemente, agarré sus senos. Fue algo muy rápido porque inmediatamente retiré mis manos pidiéndole disculpas para que no pensara que era un abuso.
Después de un rato de pruebas, guardamos la moto en el garaje y ella pasó a la casa a beber agua. No había nadie, pues mi esposa estaba trabajando. Nos sentamos en la mesa y me preguntó sin ningún recato si yo estaba nervioso, pues había sentido algo duro tras de sí durante el entrenamiento y en la moto. Yo me quedé atónito y le dije que no era nada, pero que me explicara mejor ella. Se empezó a reír y me dijo:
- Tonto, mejor dímelo tú. Ya incluso pudiste tocar un poco y agarrar un poco más.
Todavía nervioso, le dije que era mejor que se buscara un novio y ella me dijo:
- No tengo. Yo preferiría conocer de alguien que tenga experiencia y sepa. - ¿Cómo yo? –le pregunté. - Sí, ¿por qué no? Podríamos hacerlo sin ningún riesgo, tú sabes...
La plática comenzaba a orientarse y yo me empecé a excitar, pero aún no era muy clara así que nuevamente le pregunté: - ¿Sin riesgo? Pero... ¿cómo? Y ella fue más directa entonces: - ¡Usamos un condón! - Uhm, la verdad es que yo no uso y no tengo condón en la casa.
Antes de que continuara, me interrumpió y me dijo: - Entonces podemos practicarlo en forma anal.
En breves momentos estábamos los dos en la sala de mi casa, desnudos y acariciándonos. Mi cuñada era virgen y se veía única desnuda. Tenía unos pequeños senos pero con unos pezones grandes y unas aureolas morenas. Sus pezones estaban duros y yo los mordisqueaba a mi antojo. Ella, por su parte, me tomaba del pene y me lo masturbaba con sus dos manos. Rápidamente, nuestros cuerpos se acoplaron y nos hicimos un 69 fenomenal. Ella jugaba con mis huevos y mamaba con excelencia mi pene. Yo, en cambio, introducía mi lengua en su vellosa vagina grande y rosada. Olía y emanaba líquidos exquisitos. No pude más y le dije que me iba a correr. Ella no sacó mi pene de su boca. Cuando sintió el chorro de semen, con una mano apretó fuertemente mis huevos. No sé si fue dolor o placer, pero di un grito y posteriormente solté otros tres chorros más en su boca. ¡Esto había sido único!
A los pocos minutos ella seguía lamiendo mi pene, y este se volvió a poner duro. Fue cuando ella me sugirió: - Primero desvírgame la vagina, cógeme bien y después me desvirgas el culo, y ahí dentro te vienes. Recuerda, ¿eh?, te tienes que venir en mi culo.
Acepté, la puse en cuatro patas y, desde ahí, le empecé a meter mi pene. Ella se quejaba sobre cierto dolor así que, de un sólo tirón, le introduje todo mi fierro. Qué rico. Estaba calentito y justo a la medida de mi pene. Resbalaba perfecto, entraba y salía. Ella sólo gemía y decía que era rico. Así estuvimos unos 5 minutos. En eso me decidí a metérsela por el culo. La verdad es que nunca lo había hecho por el culo. Era mi primera vez, pero qué primera vez. Era un superculo, grande y de mi cuñada. No cabe duda de que lo prohibido te excita aún más.
Apunté mi pene y empecé a metérselo en el culo. Estaba apretado y ella gritaba que le dolía, pero igualmente me suplicaba que continuara. Una vez que la cabeza de mi pene estaba adentro, nuevamente la sujeté y, de un tirón, se la metí hasta adentro. Era un culo exquisito, caliente y bien apretado. Me comencé a mover. Ella me pedía que entrara y saliera de su culo. Era impresionante ver cómo su culo estaba dilatado y comenzaba a cerrarse. Nuevamente le enterraba mi estaca. Me excitaba tan sólo de ver cómo su culo se abría y cerraba al paso de mi pene. Nos movíamos tanto quemis huevos chocaban con su enorme culo y el dolor de mis huevos se traducía en un placer único.
Luego de quizás unos 10 minutos ella me dijo: - No te muevas, quédate dentro de mi culo.
Así lo hice. Me detuve y ella empezó a jadear, gritar y temblar, Estaba teniendo un orgasmo increíble y, por supuesto, me lo transmitió. No nos queríamos mover. Lo estábamos disfrutando. Con su mano, nuevamente, buscó mis huevos y empezó a apretármelos conforme su orgasmo aumentaba. Yo no pude más. Era un dolor/placer único. Así que cuando eyaculé nuevamente mi cuñada gritó (supongo que nos debió escuchar mucha gente fuera de mi casa) y con ese grito nos dejamos caer. Accidentalmente ella se golpeó la frente y comenzó a sangrar. Era tanta nuestra excitación que ella no reparó en el golpe. Simplemente disfrutaba su orgasmo. Cuando reaccionamos, mi cuñada tenía una herida en la frente que le costó una sutura de 8 puntos.
Es curioso porque mientras estábamos en el hospital, a mí me dolía el pene y sobre todo los huevos con los apretones, mientras que mi cuñada tenía un ardor enorme en el ano y los dos caminábamos con las piernas entreabiertas. Obviamente los demás únicamente sabían que mi cuñada se resbaló durante el entrenamiento y se golpeó. Esto que sucedió no ha vuelto a ocurrir y ni siquiera lo hemos platicado mi cuñada y yo. Pero seguro que si volvemos a estar solos, muy probablemente vuelva a suceder.

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