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Iniciación de un joven
Había encontrado un trabajo nuevo, y fui a la ciudad desde mi pueblo para una revisión médica. Aquella misma tarde a las 7 recién duchado llegué a la consulta del médico era una tarde de julio muy calurosa. Subí hasta el noveno piso y pulsé el timbre de la consulta, al cabo de una rato me abrió una chica de aproximadamente mi edad unos 19 años, con un hilo de voz, ya que era muy tímido con las mujeres, le dije que tenia visita a esa hora.
- Ahora mismo le visita la doctora - dijo-. Pase.
Mientras me acompañaba a la sala de espera le pregunté: - ¿Pero no es la consulta del doctor Navarro? - Sí, pero esta de vacaciones, y en su lugar visita la doctora Gómez -me respondió-.
Yo me puse tremendamente nervioso, no me gustaba nada que una mujer me hiciera aquella revisión médica, pero nada podía hacer, así que pase a la sala de espera cual cordero entrando en el matadero.
Al cabo de lo que me pareció muy poco tiempo, entró la recepcionista y me indicó que ya podía pasar al despacho, la seguí y entré en una austera sala con el mobiliario de una consulta cualquiera, detrás de una gran mesa se sentaba la doctora Gómez, de unos 38 o 40 años vestida con la habitual bata blanca. Me indicó que me sentara y me sobresalté al oír como se cerraba la puerta detrás de mí. Me senté algo enervado en una de las dos butacas enfrente de la mesa y oí como la doctora Gómez se me presentaba, después de decirme que se llamaba Laura me hizo una larga serie de preguntas acerca de enfermedades, hábitos, etc. para crear mi historial médico, algunas de ellas bastante directas y humillantes para mí, como la de cuándo ha sido la ultima vez que has realizado el acto sexual, tentado de mentirle y desechando la idea de inmediato, le contesté que nunca lo había realizado, ella posó sus ojos sobre mí y continuó con sus preguntas, al cabo de 15 minutos, acabó puso todo mi historial en una carpeta y me dijo
- Desnúdate, allí tienes un biombo -dijo señalando una esquina de la habitación. - Doctora, hum -dije yo-. - No me llames doctora, llámame Laura, ¿vale? - Sí.
Fui detrás del biombo y me quité toda la ropa, excepto mis slips, y salí. Cuando ella me vio me ordenó que me quedara completamente desnudo, yo lo hice así y tapándome como pude salí nuevamente detrás del biombo, ella me señaló la camilla, hacia donde fui y me tendí.
Empezó su exploración con el estetoscopio durante bastante rato y después con sus manos palpando mi cuerpo por todas partes, reparé que no utilizaba los guantes para nada, sino que lo hacía con sus manos desnudas. Me hizo separar las piernas y palpó el interior de mis muslos, yo cada vez estaba más incómodo con sus tocamientos, llego a mis testículos, los sopesó, los apretó, mi pene empezó a cobrar vida muy rápido y ella lo notó, yo me quería tapar cuando ella me dijo:
- No tienes por qué preocuparte, es una cosa normal en los hombres.
Su voz se había vuelto muy dulce y sensual, mientras su dedo acariciaba mi escroto de arriba abajo, mi placer aumentaba por momentos, la piel de mi escroto arrugada por la excitación hacía que mis testículos parecieran una nuez, de repente asió el pene con una mano y empezó a masturbarme, yo cerré los ojos y me dejé invadir por el placer.
- Nunca te habían echo algo así. - Nunca -dije yo, controlando mi voz a duras penas. - ¿Sabes que estás muy bien dotado? Tienes una polla preciosa. Hummmm. Lo que me extraña es que no hayas estado con ninguna mujer. ¿Te haces pajas a menudo? -me preguntó de sopetón. - Sí -contesté yo. - Así que prefieres el sexo en solitario... ¿O te gusta más lo que te hago yo? - Sí, prefiero lo que me haces tú. - Ven -me dijo.
Me cogió de la mano y me llevó a otra habitación contigua, que resultó ser un dormitorio, con una cama grande, un sofá de piel y un tocador, ella con un gesto me ofreció sentarme en el sofá, el contacto de la piel en mi cuerpo desnudo me erizó todo el vello. Ella se sitúo delante de mi y con una mirada de intensa lujuria empezó a desabrocharse la bata, ni en las más imposibles fantasías, ni en mis más ardientes pajas me había imaginado una situación así.
Cuando llegó a su ultimo botón, se abrió la bata completamente y puede contemplar la primera mujer desnuda que veía. Toda su cara era de autentica lujuria, su cuello hermoso se erguía por encima de la perfecta curva de sus hombros sus pechos eran generosos y turgentes, sus pezones reducidos a la mínima expresión apuntaban hacia delante excitados y erectos, su vientre era terso y plano, su ombligo apenas un pequeño y perfecto cráter, la curva de sus caderas era la perfección, su monte de Venus, que abultaba lo justo, estaba tapizado con una pequeña flecha de vello púbico que apuntaba al centro de su sexo, escondido entre sus bien formados muslos.
Ella al ver mi cara de admiración sonrió, mientras lentamente se daba la vuelta y me dejaba ver toda su espalda y el escorzo de sus nalgas que amagaba sus partes mas intimas.
Se sentó a mi lado y yo que ya no tenía rastros de mi timidez le pasé una mano por su cuello y la besé en los labios, ella abrió su boca y me ofreció su lengua, húmeda, caliente y puntiaguda, el beso, el primero que me daban duro mucho tiempo, mientras nos besábamos ella reanudó las manipulaciones sobre mi pene.
Dejó de besarme y me preguntó:
- ¿A qué esperas para tocarme las tetas? Son tuyas, tócamelas.
Puse mis manos encima y aprecié su dureza.
- Nunca has tocado a una mujer, ¿verdad? -me preguntó. - ¿Por qué, lo hago mal? -dije yo, angustiado. - Mira, hazlo así -empezó a pellizcarse suavemente los pezones mientras gemía-. Ahora tú.
Yo empecé a seguir sus consejos y sus gemidos aumentaron, para acallarlos me ofreció otra vez su lengua.
- Chúpame las tetas -me dijo, atrayendo mi cabeza hacia ellas. Los pezones, así, humm. Lámelos, así, con tu lengua, qué placer, sigue, no pares.
Después de dejarle sus tetas bien remojadas ella me volvió a besar y me dijo: - ¿Te gusta? - Sí, mucho -respondí yo.
Ella se sentó en el borde del sofá y abrió sus piernas.
- Ven, arrodíllate aquí.
Me arrodillé entre sus piernas y vi cómo los labios de su sexo estaban brillantes por la humedad.
- Acaríciame aquí -susurró. señalando su coño.
Pasé los dedos por sus húmedos labios mientras el olor a sexo me embriagaba de lo cerca que estaba. Ella gemía en susurros y se contraía adelante y atrás.
- Mete tus dedos, así, muy bien, sácalos y mételos.
Cogió mi mano guiándome y me hizo dar vueltas alrededor de su sexo mientras sus vaivenes y gemidos aumentaban en número y en volumen. De repente me quitó la mano y atrajo mi cabeza hacia el centro de sus muslos mientras me decía:
- Chúpamelo, chúpame el coño, cielo, fóllame con tu lengua.
Yo noté el sabor de su sexo en el momento en que mis labios tomaron contacto con sus labios, me sabía a gloria, quería chupárselo bien, quería que ella continuara gozando como lo estaba haciendo, seguí sus instrucciones y le introduje la lengua entera.
- Ah, cabrón, qué bien me lo haces.
Ella se irguió y después se desplomó gimiendo como nunca, intenté no perder mi posición y un liquido caliente inundó mi boca, ella apretó mi cabeza entre los muslos, impidiendo que yo me apartara y obligándome a beber el néctar que salía de su sexo, mientras culminaba su orgasmo. Suspiró, se arrodilló delante de mí y me dio otro largo beso, después lamió toda mi boca y mi barbilla.
- Cariño - me dijo-, me has hecho una de las mejores mamadas en mucho tiempo, y eso se merece una recompensa, ven.
Me llevó al lado del sofá, delante de una pared que estaba cubierta por un espejo del suelo hasta el techo y se arrodilló delante de mí de forma que su boca quedo a pocos centímetros de mi pene que latía frenético dando golpes en mi vientre.
- Desde que te he visto la polla he deseado tenerla en mi boca.
Su mano estiró la piel hacia abajo, haciéndome dar un respingo de dolor, que calmó con unos besos en mi prepucio, mientras acariciaba mis testículos. Cuando acabó, su lengua empezó a recorrer mi sexo de arriba abajo mientras me miraba directamente a los ojos, con una expresión de sumisión tal que me hizo apartar la vista. Entonces me vi en el espejo, ella arrodillada chupándome y eso me excitó tanto que, ya sin inhibiciones de ningún tipo, le cogí la mano que tenia libre, se la chupé y la acompañe hacia el centro de mis nalgas, ella al principio no pareció entender, pero después con cara de autentica lujuria se pasó la mano por su sexo y fue a buscar la entrada de mi ano, yo noté su dedo presionando, hasta que entró la punta.
- ¿Te gusta? - Sí, sigue, mételo más, quiero tu dedo entero -e imitando su lenguaje dije-, mientras me chupas la polla.
Ella lo fue metiendo lentamente, mientras mi pene desaparecía dentro de su boca. Empecé a moverle rítmicamente su cabeza, estaba en un sueño, el placer salía en círculos concéntricos desde mis testículos y llegaba a todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo, cuando su dedo se dobló hacia adentro y acarició mi próstata en círculos, una explosión de placer recorrió mi cerebro y bajó hasta mi polla que se había hinchado hasta limites desconocidos, mi leche se desparramó a borbotones en el interior de su boca, a cada contracción de mi polla, ella lamía mi prepucio desde el interior, cuando suavemente sacó el dedo de mi ano, fui temblando hasta la cama y allí me estiré boca abajo. Al cabo de un rato ella se estiró a mi lado y empezó a acariciar mi espalda.
- ¿Te ha gustado la primera mamada que te hacen? - Mucho, nunca había imaginado que daba tanto gusto. - Más que tus pajas en solitario, ¿verdad? Lo que me ha gustado es que has vencido tu timidez y me has guiado para darte mas placer. Te confieso que eres el primer hombre que reconoce que le gusta tener algo metido en su culo cuando folla, y eso me ha puesto muy, muy cachonda.
- Ahora me da algo de reparo -dije yo, avergonzado. - Eso lo arreglo yo -me dijo.
Se incorporó en la cama y me abrió las nalgas, noté el agujero de mi ano libre y por instinto flexioné mis rodillas para levantar mi culo, su lengua se metió en mi raja y empezó a subir y a bajar por ella, cada vez que pasaba por mi agujero un gemido salía de mi garganta, me notaba completamente mojado por su saliva, de repente cambió y empezó a trazar círculos con su lengua directamente en el ano.
- Es la primera vez que hago esto y me encanta chuparte el culo -me dijo.
Mi polla, todavía dolorida, se empinó otra vez queriendo más.
- Fóllame ahora mismo. Méteme la polla hasta el fondo.
Al ver mi cara de "cómo se hace" me hizo ponerme boca arriba.
- Y ahora el primer polvo.
Cogió mi polla, la puso tiesa empezando a flexionar sus rodillas, cuando mi prepucio rozo sus labios ella gimió, yo notaba el calor de su coño en la punta de mi polla, ella bajó suavemente hasta el fondo, flexionó las rodillas otra vez y se sentó al estilo indio encima de mí, yo notaba mis testículos apretadísimos entre mis muslos y su culo y mi polla tocando todas las paredes de su coño. Ella llevó un dedo a mi boca y yo se lo chupé llenándolo de saliva.
- Tócame las tetas, cielo, así, humedécete las manos, esta es la postura que más me gusta, mientras me follas con tu polla, mira, me estoy haciendo una paja. Y con mi otra mano, me estoy dando placer por detrás, a mí también me gusta jugar con mi culito.
Era verdad, sus dedos jugueteaban con su clítoris y en el espejo vi como su dedo estaba clavado totalmente en su culo. Sus vaivenes se hacían mas rápidos, sus jadeos crecían en intensidad, mientras mis manos seguían jugando con sus tetas. Se quedó quieta de repente, y noté como su coño se cerraba y se abría alrededor de mi polla, los dos gritamos de placer en un orgasmo mutuo, nos corríamos, mi polla se contraía, intentando expulsar más leche, hasta que se quedó seca, los dos estabamos quietos intentando que el placer siguiera, mientras las contracciones de su coño iban remitiendo. Me abrazó manteniendo la postura y me besó, me exploraba con su lengua toda mi boca, mientras notaba como mis testículos se humedecían, de nuestros dos jugos.
De repente se abrió la puerta y apareció la recepcionista, al vernos murmuró una excusa y volvió a cerrar. Nos deshicimos del abrazo y me llevó hasta el cuarto de baño, nos duchamos, y nos vestimos, ella recuperando su voz profesional me dijo:  - Haré llegar el informe a su oficina. - Gracias - repuse yo un poco decepcionado yendo hacia la puerta. - - Pero el viernes te quiero aquí para otra revisión -y me lanzó un beso con su mano.
Cuando salí, la recepcionista se levantó de su sitio y me abrió la puerta yo musité un adiós y cuando le miré a la cara ella estaba sonriendo.

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