CACHONDAS.COM
Cachondas.com  
 Chistes X
 Humor Gráfico
 Relatos Picantes
 Videojuegos X
 Wallpapers
Fotos
 Amateurs
 Animadoras
 Bikinis
 Cachondas
 Exhibicionistas
 Jovencitas
 Lencería
 Lesbianas
 Maduras
 Modelos
 Pornoduro
 Tetas Grandes
 Transparencias
Links interesantes
 Musica.com
 Superhumor.com
 Videoblogs.com
 Videojuegos.com
 Relatos  
La mujer de mis sueños
Estaba yo en mi casa delante del ordenador, como acostumbro a hacer a veces pasando allí las horas muertas, cuando, de repente, suena el teléfono y lo cojo. Era ella, la mujer de mis sueños, esa mujer que me fascina de una manera tan descomunal. Es morena y de ojos entre marrón y gris, tiene la piel blanca y muy suave. Durante el relato seguiré describiendo sus fantásticos atributos y se comprenderá mejor el por qué a veces me vuelvo tan loco sólo con mirarla y empezar a imaginarme cosas.
-Diga- contesto al teléfono. -Hola -siempre responde igual porque sabe que la reconozco. -¿Qué tal estas?, ¿qué haces? -empiezo yo la conversación. -Nada, aquí sola en casa, ¿y tú? -Pues lo mismo. Oye – le digo-, ¿por qué no te vienes para acá un rato?
Accede a mi petición y nos despedimos. Como vive cerca de mi casa, al cabo de un rato llega. Cuando pasa al salón, desde el descansillo no puedo evitar fijarme en la figura de su maravilloso culo escondido debajo de una minifalda que le llegaba un palmo por encima de las rodillas y también vestía una camisa semitransparente que la hacía más irresistible aún. Voy hacia ella y le doy un beso, a lo que ella responde con otro parecido. Le doy un segundo, un tercero e incluso un cuarto, muy seguidos unos detrás de otros. El quinto ya es un moje (beso con lengua) que hace que mi lengua se funda con la suya y pueda saborear esos labios que me resultan ya siempre tan familiares y que saben tan ricos.
Llevo mis manos a sus nalgas y las muevo como si estuviese amasando harina, mientras ella pone las manos en mis caderas. Sólo dejo de darle besos para seguir el contorno de su barbilla y oreja con mi lengua, a lo que ella responde con una placentera sonrisa y un leve ladeo de cabeza. Noto que estoy totalmente pegado a ella y comienzo un muy ligero frotamiento de mi cuerpo contra el suyo, justo antes de meterle las manos por debajo de la camisa hasta tocar su espalda para empezar a buscar los broches del sujetador. No me cuesta nada desabrocharlo, a lo que ella me mira por un instante a los ojos como para felicitarme y aprobar mi gesto.
Poco a poco nuestros besos se van volviendo cada vez más lujuriosos y llenos de pasión y desenfreno. Se decide a empezar a desabrocharme los botones de mi camisa con mucho mimo y cuidado hasta que llega al último.Yo prefiero empezar por la falda y le bajo la cremallera lateral dejándola caer al suelo por su propio peso. Mientras ella me quita la camisa antes desabrochada, yo tengo su culo apoyado en mis manos abiertas y haciendo fuerza hacia mí como intentando unirme a ella en una sola persona.
Deseaba tanto poseerla para mis más primitivos instintos que se me estaba empezando a poner el pene duro como una roca, y ella lo notó al estar tan juntos por lo que bajó su mano de mi hombro y empezó a frotarme el miembro con mucha dulzura, a lo que yo respondí con un leve gemido. Al momento se despegó de mí y, como alma que lleva el diablo, se apresuró a desabrocharme y quitarme los pantalones para volver a la carga con los besos. Era como si necesitara sentir mi miembro más cerca de ella sin la barrera de los vaqueros. Le quité la camisa y el sujetador ya desabrochado, siendo correspondido con una sonrisa de complicidad por su parte.
Creo que el mercurio de mi cuerpo iba ascendiendo por instantes. Subí la mano izquierda a sus pechos, unos preciosos pechos muy bien formados que terminaban en unos grandes y rosados pezones. Bajo mi cabeza hasta ellos y, con mi lengua, empiezo a juguetear con uno de ellos. Primero con la punta de la lengua hago unas suaves pasadas por ellos y luego comienzo a mordisquearlos suavemente manteniéndolos entre mis dientes, a lo que ella responde con un leve gemido mientras me coge de la cabeza y comienza de nuevo un ritual de besos. Me decido a quitarle las braguitas ajustadas que lleva y ella a mí los calzoncillos, quedándonos ya completamente desnudos. Mi pene estaba ya completamente erecto a estas alturas. Y ella, supongo que ya habría empezado con su mecanismo de lubricación vaginal.
Me sentó en el borde de la mesa del salón y se puso de rodillas a la altura de mi dilatadísimo pene. Deslizó la lengua sobre sus labios para mojarlos adecuadamente mientras me miraba a la cara . Quería ver cómo me la chupaba hasta el final. Abrió la boca y noté su aliento caliente muy cerca de mi pene, y vi cómo sacaba la punta de la lengua tocándome y provocándome. Comenzó a mamármela por la base del tronco y fue ascendiendo poco a poco hacia arriba. Notaba sus dientes muy cerca de la carne.Y he de admitir que el ruido que hacía el contacto de sus labios con mi miembro mientras me masajeaba los testículos me hacía ponerme a 100. ¡Ufff! No me hubiese extrañado nada el haberme corrido en aquellos instantes. Sobre todo mientras observaba cómo se exploraba el coñito con la mano con la que no me sujetaba el miembro.
Comenzó a dar vueltas con la lengua en torno al anillo que forma la piel que rodea al prepucio. Noté que había llegado el momento de la verdad porque rodeó la punta del capullo con la boca como si fuese un helado de chocolate y comenzó a bajar casi hasta la garganta. Moviéndose tan rápido como pudo , deslizó la cabeza arriba y abajo como si la estuviese follando. No tardé mucho en correrme y eso fue lo mejor, porque no le dio tiempo a apartarse del todo y parte de mi semen se le quedó dentro de la boca y comenzó a chorrear por sus labios hacia fuera. ¡Diosss! Cada vez que recuerdo esa imagen me dan ganas de echarme las manos al paquete… ¡qué morbazo!
Ahora era mi turno. La cogí y la tumbé en el sofá, aún exhausto por el fenomenal orgasmo que me había proporcionado mi gran amiga y amante, e intenté hacerlo como mínimo tan bien como ella. Al acercarme a su coño noté ese característico y fenomenal aroma de hembra en celo que salía de él. Comencé con leves giros de mi lengua alrededor de sus labios mayores para ir calentándole motores, y, de vez en cuando, le daba suaves mordisquitos que la hacían estremecerse de placer. Mi ritmo fue aumentando de velocidad y de profundidad. Ella no paraba de moverse y de gemir mientras murmuraba cosas, me pareció distinguir que dijo: " Sigue follándome como sólo tú sabes".
En una de mis múltiples miradas hacia ella vi cómo con el dedo índice y pulgar de su mano se acariciaba un pezón. Al cabo de unos minutos alcanzó el orgasmo con unos no tan leves gritos, retorciéndose en una mezcla de gusto y vicio que la estaba envolviendo. Se levantó y, por la forma de cogerme y comenzar a lamerme los labios buscando restos de su propia corrida, supe que no se iba a conformar con una sóla corrida. Y como yo ya estaba repuesto de mi anterior orgasmo, acepté muy gustoso su invitación.
Sólo unas cuantas caricias de sus suaves y hermosas manos hicieron falta para volver a ponerme a tono, y poco a poco mi pene volvía a estar inyectado en sangre. Se abrió de piernas hacia mí, encima de la mesa, como invitándome a entrar, y yo acepté encantado su sugerencia. Empezamos unos movimientos lentos, como de tanteo y de juego, para poco a poco ir aumentando el ritmo. Los gemidos eran ya cada vez más fuertes y, mientras me la follaba y le sujetaba las piernas, ella me agarraba por la espalda atrayéndome hacia ella mientras podía sentir sus afiladas uñas haciéndome una ligera presión. Por sus movimientos y sus gritos deduje que lo estaba haciendo bien y, antes de llegar a correrme, decidí cambiar de postura. La cogí y le di la vuelta de forma que apoyaba el tronco en la mesa y me mostraba su maravilloso culo en pompa.
No tardé en encontrar de nuevo el agujero, metiéndosela de nuevo y volviendo a sentir unas sensaciones tan buenas o mejores que las anteriores. Entonces supe que quería llegar al orgasmo en esa postura. ¡Umm! Me encanta ver cómo la monto como un caballo salvaje despotricado, dándole un placer infinito.
Ese día tuvimos la suerte de corrernos al mismo tiempo, cosa que seguramente agradecimos los dos cuando ya las embestidas eran bestiales y muy rápidas. Vacié de nuevo todo mi líquido dentro de ella mientras notaba la vista nublada durante unos instantes y oía los jadeos finales de mi amante. A continuación la abracé, le murmuré al oído lo bien que me lo había pasado con ella y la besé en el cuello demostrándole lo agradecido que estaba y lo que la quería. Después de todo estaba con la persona con la que en su día perdí la virginidad y quiero que sepa que siempre habrá para ella un lugar en mi corazón.

Links interesantes