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Ustedes tienen la culpa
La historia que voy a contar es sobre las experiencias que me hicieron convertirme en una ninfómana. Quiero decirles que la culpa de ello la tienen ustedes y sus historias pero no los recrimino: jamás me había sentido como me siento. Pienso que he desperdiciado varios años de mi vida por no haber entrado antes en estas páginas de cuentos. El caso es que por casualidad caí en las páginas de estas historias. Me volví adictas a ellas. Como me comunico desde mi oficina, copio las historias y luego las voy leyendo directamente del computador para que la gente no se de cuenta. Así, me pongo cada vez más caliente. Mi vagina y todo mi cuerpo entran en un frenesí que no puedo ni oír lo que me dicen. Tomé la costumbre de ir al baño y masturbarme. A veces voy 4 y 5 veces seguidas. Un compañero mío de trabajo me veía siempre salir, ir al baño y volver y aunque se sonreía conmigo nunca me hizo ningún comentario al respecto, salvo una vez que me dijo que a las mujeres se nos veía en las pupilas cuando estábamos excitadas.
Así pasaron los dias hasta que un sábado yo tuve que venir a trabajar y me sorprendió encontrármelo aquí. Yo realmente estaba leyendo historias pornográficas ya que había comenzado con los relatos de Marian. Jamás me imaginé que fuera tan normal eso de metérsela por el culo. Ese día, tenía la puerta de mi oficina cerrada y me estaba masturbando cuando Pablo llegó. Tocó la puerta y al abrirla me dijo directamente: "Estás caliente, ¿eh?". Inmediatamente cerró la puerta tras él y se me abalanzó encima, besándome en la boca. Me metía la lengua hasta el fondo mientras me acariciaba las nalgas y me decía: "Sé que eres tan caliente como Marian. He leído todas tus historias en la computadora. Pero no te preocupes, te daré lo que quieres".
Yo estaba demasiado excitada para poner reparos así que me dejé llevar hasta el escritorio, en donde él me acostó, levantándome la falda y metiendo su cabeza en mi coño. Después de lamerme el vientre y meter la lengua por las orillas de mis pantis, las bajó, sacándolas por completo mientras metía sus manos por mi vestido y me acariciaba las tetas. "¡Tienes una tetas enormes!", decía, "siempre he querido cogerte pero tú te veías tan distante que no me atrevía a acercarme". Yo le dije: "por favor, no hables". Él se rió morbosamente y procedió a quitarse toda la ropa. Cuando vi su pene, quería morirme: grande y grueso, pensé que demasiado grueso para mí. Cuando se lo dije él me contestó: "mujeres como tú se tragan esto y más". A continuación puso mis piernas a orillas del escritorio y sin miramientos me ensartó de un tirón.
En ese momento sentí su miembro caliente y apretado en mi vagina y estuve a punto de acabar ya que la calentura me duraba desde hacía rato. Él comenzó a moverse atrás y adelante, con sus manos en mis caderas marcando el ritmo, hasta que acabé. Él se rió y me dijo: "¿Te fijas? Tú eres más puta que Marian". Y sin decir más nada, comenzó a vestirse dejándome allí, desnuda y temblorosa.
Cuando nos vimos al lunes siguiente, él no hizo mención a lo que había pasado y casi ni me miró. Así pasaron varios días y yo me encontraba realmente caliente. No pensaba sino en tirarme a alguien. Necesitaba que me lo metieran aunque me masturbaba a cada momento. Un día, saliendo del baño, conseguí hacerlo con un amigo de ambos que a mí siempre me ha excitado, quizá porque es negro, alto y bello y se la echa de sabroso. Él siempre me había tirado indirectas pero ese día me dijo que el sábado trabajaría en un proyecto y necesitaba que Pablo y yo lo ayudáramos. A mí me pareció extraño y creo que en el fondo sabía lo que pasaría, pero me hice la loca y fui el sábado a trabajar.
Cuando llegué a la oficina, estaban los dos allí. Pablo, según su costumbre, no perdió tiempo y en cuanto entré cerró la puerta y me abrazó, agarrándome las nalgas como la primera vez. Me dijo: "Ahora viene lo mejor. Te vamos a dar el gusto que te mereces". Ambos comenzaron a desnudarme por completo y luego, mientras Pablo se desnudaba, William comenzó a abrazarme y a tocarme, diciéndome: "Tú sabes que yo siempre te había tenido ganas, pero ya verás cómo los años perdidos los recuperaremos hoy". Puso mi mano sobre su pantalón y sentí su erección enorme. Sus grandes manos en mi cintura me producían escalofríos y cuando comenzó a agarrarme la vagina, pensé que iba a acabar allí mismo. Pero Pablo dijo "tranquila, paciencia" y por detrás comenzó a restregar su pene erecto en mi culo.
A todo esto, William se estaba desvistiendo hasta que quedamos los tres desnudos. Pablo por detrás y William por delante comenzaron a agarrarme los senos y a meter sus dedos en mi vagina y en mi culo. "No te muevas, no hagas nada", me dijo William, "dedícate a disfrutar". Cuando vi el miembro de William quería morirme. Juro que tiene unos 30 cms. Es lo más grande que he visto hasta ahora. Estaba tieso como un palo y grueso como un pepino. Él me dijo: "no te preocupes, tú te tragas esto y más". Con sus dos manos agarró mis nalgas y así, parados, me levantó y me ensartó. Me despido porque voy al baño, a menos que me encuentre con alguno de ellos.

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