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El gran amor de Katy 1
He leido tu relato "La melancolía de Olga" y quisiera contarte lo que me sucedió, ya que conocí a alguien por Internet y hubo una historia que puede servir para ser publicada.
Me llamo Katy y vivo en Mar del Plata (Argentina)
Esto ocurrió cuando tenía 16 años. Unos meses antes conocí en un chat a Cristian, un muchacho de Buenos Aires, soltero y de 32 años.
Siempre fue muy respetuoso y durante tres o cuatro meses estuvimos chateando por lo menos dos veces a la semana.
Me dijo que quería conocerme y que pasaría unos dos o tres días de vacaciones en mi ciudad, ya que era verano y mi ciudad es turística y tiene mar.
A mi la idea no me pareció mala, es más, yo quería conocerlo. Llego el día que me dijo que venía y que nos encontraríamos en el centro. Nos reconocimos rápidamente ya que me dijo que iría vestido con gorra y remera rojas. Cuando le vi, se notaba que era mayor que yo, ya que me doblaba la edad (como antes dije, él tenía 32 años y yo 16 recién cumplidos).
Nos saludamos, nos abrazamos cariñosamente, y me invitó a tomar un refresco. Conversamos de nuestras vidas; yo le dije que me lo imaginaba como alguien mas viejo, ya que parecía de menos edad, y él me dijo que yo era muy bonita y otros muchos piropos agradables.
Hablamos de muchas otras cosas y quedamos en que nos veríamos al otro día para ir a la playa.
Nos volvimos a encontrar otra vez en el mismo lugar y fuimos con su coche a las playas del sur que son más lindas.
Una sola amiga mía sabía de esto, ya que a mis padres no les gustaría que estuviera con un hombre desconocido y menos aún si era mayor que yo, por lo que no les dije nada.
Llegamos a la playa, y debajo del short y de la camisa llevaba un bikini azul. Él llevaba una malla gris. Cuando me vio en bikini me dijo que la verdad era muy linda, yo le agradecí y me invitó a ir al mar a bañarnos, le dije que prefería tomar sol primero y que, aparte, no me gusta mucho el agua del mar. Me dijo que él se bañaba y volvía. Me puse a tomar sol boca abajo durante unos minutos, él volvió y se acostó todo mojado sobre mí, y yo quede dura por lo frió que estaba. Me dijo: ¿Te asusté? El agua esta muy friá, ¿no? Le respondí que si y me dijo con un tono muy educado: "Katy, al llegar te observe y me di cuenta que tienes una cola muy linda, hermosa." Le agradecí el cumplido y él siguió acostado sobre mi espalda. Me di cuenta que el estaba apoyando su pene en mi cola. Dijo que también iba tomar sol conmigo.
Me pidió que le pasara protector solar. Le pasé crema por el pecho (con poco pelo), por las piernas y también por la nariz.
Me dijo que me veía un poco colorada y que iba a hacer lo mismo conmigo. Le dije que me parecía bien, pero que tenia mucha sed, y después quería ir al bar a tomar una gaseosa. Aceptó, me acosté boca arriba para que me la pusiera. Me pasó la pomada primero por la cara, y después fue bajando. Noté como me pasaba las manos por los senos, sobre la parte que sobresalía del bikini. Le dejé hacer, aunque noté que me pasaba la mano "demasiado" por los senos. Luego siguió por mi panza, y al llegar al final, con un movimiento rápido, metió sus dedos unos centímetros por debajo de la tanga y revolvió los pelos del pubis. Antes de que pudiera reaccionar ya había dejado esa zona y siguió por las piernas.
Todo esto me iba excitando cada vez más.
Mientras tanto hablaba sobre temas variados, como sin dar importancia a lo que estaba haciendo. De vez en cuando, como si fuera un descubrimiento importante, alababa alguna parte de mi físico diciéndome que tenía hermosas piernas, o que le gustaba lo proporcionada que estaban mis formas, y cosas semejantes.
Me dijo que me diera vuelta para embadurnarme la espalda, porque estaba muy roja por el sol. Me pasó por la espalda, y luego me murmuró al oído: "Katy, te voy a pasar crema por tus nalgas, no te molesta, ¿verdad?"
Le dije que podía hacerlo, no me molestaba ya que era muy educado conmigo... y, porque no decirlo, porque me gustaba mucho como iba llevando las cosas y como me iba calentando.
Me pasó crema por las piernas y luego por la cola y empezó a pasar la mano por debajo de la tanga. Le dije que fuera despacio que la gente estaba mirando y que me daba vergüenza. Al principio se frenó un poco, pero pronto continuó con lo mismo.
Me iba sintiendo más y más encantada con sus caricias.
De allí fuimos a tomar un helado. Me miraba con mucha ternura y me decía cosas muy lindas, tales como que yo le gustaba, que era muy bella, que no entendía como mi exnovio pudo permitir el perderme, que él no me habría dejado nunca, que podía ser una modelo de moda...
Me turbaban sus halagos, aunque me agradaban muchísimo. Nunca nadie me había dicho cosas tan bonitas, tan seguidas y con un aire de tanta sinceridad. No sabía que decir y tan solo le agradecía los cumplidos. Cuando él notaba que me quedaba sin saber que decir, muy cortada, cambiaba de tema y hablábamos de otras cosas...
Más tarde nos fuimos de la playa y me invito al hotel donde estaba alojado. Le dije, dudando, que prefería ir a mi casa. Entonces frenó el auto, lo estacionó y mirándome fijamente a la cara me dijo "Katy, perdóname pero me estas volviendo loco" me agarró y me besó. Yo me dejé llevar porque era muy simpático, educado, lindo y buen mozo y también porque deseaba que lo hiciera, porque estaba enloqueciendo también por él.
Me siguió besando la cara, el cuello y al llegar a la boca, a la vez que la besaba, empezó a tocarme los senos (mis senos son medianos, no muy grandes). Me introdujo la mano por encima del escote y alternaba las caricias con apretones y pellizcaba los pezones. Después fue acariciando mis piernas por la parte de adentro, de abajo arriba. Cuando llegó al tanga del bikini lo empezó a rascar y después pasó a apretar y pellizcar mi concha y metió un dedo por el reborde de la tela tocando directamente la piel húmeda y... y entonces se encendió una luz de peligro y temí que si dejaba pasar más tiempo no pudiera dar marcha atrás y que allí mismo podíamos acabar cogiendo y le aparté diciéndole que bastaba ya. Se disculpó y me pidió que fueramos a su hotel, tan solo para hablar.
Intuía que si iba con él a su alcoba acabaríamos... y no sé por qué... bueno, en realidad si que sé el porqué... el caso es que le dije que si.
Llegamos al hotel, que era muy lindo. Fuimos a su cuarto, me dio unas galletitas y hablamos, hasta que se paró frente a mí, me agarro de la cintura y me besó otra vez, tocándome los senos y sacándome la ropa, yo le dije que iba muy rápido. Me agarró de las nalgas y me apretó fuerte contra él haciéndome sentir en el vientre su pene duro como un bastón.
Me continuaba diciendo palabras lindas: Que era hermosa... que le gustaba... que no me haría nunca daño... que el mayor placer para él era ver una belleza así desnuda... que con tan solo verme desnuda ya sería felíz y que si me desnudaba no me pediría nada más...
Yo no sabia que hacer (en realidad tampoco quería hacer nada). Él me seguía besando. Me sacó la parte de arriba del bikini y me acarició los pechos como había hecho en el auto.
Me pidió permiso para sacarme la tanga y sin esperar mi respuesta comenzó a lamer los alrededores de mis pezones y a mordisquearlos con mucha suavidad...
No le dije nada. No estaba precisamente, como quien dice, para decir nada y, como contando con mi silencio, empezó a quitar lo poco que me quedaba de ropa, hasta que quedé toda desnuda.
Mientras se entretenía besando mis tetitas, con una mano acariciaba y masajeaba mi nuca, hombros, espalda, hasta llegar a mis nalgas. Metió los dedos por la raja buscando el orificio del ano en donde puso la yema de un dedo y con suaves movimientos circulares y de presión lo masajeaba. Con la otra fue acariciando mi vientre, entreteniéndose de forma particular en los pelitos de mi pubis. Después descendió hasta mi chochito que a estas alturas ya estaba completamente mojado y, como si amasara una bola de arcilla, fue estimulando las olas de mis labios y cuando tenía completamente mojados los dedos por los fluidos de mi vagina, comenzó a entretenerse con la parte mas interna de sus pliegues. Apretaba el clítoris contra el hueso que tiene encima y le daba masajes hacia adelante y atrás; pasando luego a introducir lo más que pudo el dedo en la entrada de la vagina.
Ya no podía aguantar más, dejé mi postura pasiva y empecé a besarle la cabeza, a hincarle las uñas en la espalda y me puse a gemir de gusto.
Súbitamente me pasó un brazo por debajo de las piernas y el otro por detrás de la espalda y así, en brazos, me llevó a la cama echándome sobre ella.
Comenzó de nuevo a besarme desde la cara hasta el pubis. Una vez que llegó allí agarró mis caderas y me arrastró hasta dejar mis nalgas en el borde de la cama. Se arrodilló, abrió mis muslos y empezó a besarlos, a lamerlos y a succionarlos. Después pasó a hacer lo mismo con mi concha. Se entretuvo en un principio en sus alrededores. Lamía el pliegue de los labios con la ingle, recorriendo los límites de mi chochito; permaneciendo también mucho rato en la parte que hay entre la vulva y el ano. Nunca pensé que algo así fuera tan placentero. Una corriente eléctrica me subía desde allí a todo el cuerpo con cada uno de los movimientos de su lengua.
El ano tampoco quedó olvidado. Con sus manos abrió la raja de mis nalgas como si fueran las dos partes de una sandía medio cortada y desde afuera hacía adentro mordía, besaba y chupaba cada centímetro de esa superficie de placer. Cuando llegó a los alrededores del orificio su esmero aumentó. Con la punta de la lengua estuvo un tiempo haciendo movimientos circulares siguiendo la redondez del agujero, para pasar después a apoyarla directamente en el punto central. Yo gemía, gritaba, suspiraba, agarraba las sabanas como para sujetarme y no ser arrastrada por un huracán que desde el bode del lecho tirara de mí. Tras un rato de entretenimiento en ese orificio, ascendió y se dedicó plenamente a mi chocho. Primero, con sus los labios en forma de pinza agarraba mis labios mayores y ayudados por la lengua no dejaron ni un milímetro de su superficie sin estimular. Luego en la raja central...¡¡¡¡ AHHHHH!!!!.... ¡¡¡¡QUEEE MARAVILLAAAAAA!!!!... ¡¡¡¡QUEEEE GUSTOOOO!!!!
Ya tenía experiencias sexuales anteriores con mi exnovio, con quien estuve durante casi un año... Pero comparado con esto era como si jamás hubiera practicado el sexo. Mi antigua pareja carecía de experiencia y de paciencia. Con decir que con frecuencia bastaba con que apoyara mi mano sobre su bragueta frotándola un poco y cuando bajaba la cremallera... en vez de toparme con un pene duro, lo que parecía que había en su lugar era... era... un contenedor de leche que hubiera volcado.
De forma rítmica introducía la lengua en la vagina y como si fuera un pene la metía y la sacaba dando a la vez lametones circulares. Acto seguido lamia de abajo arriba hacia la punta del clítoris como los gatitos cuando están acabando la leche de su plato. Cuando llegaba a la punta de ese minipene que tenemos las mujeres, apretaba un poco más la lengua y al salir por arriba de sus limites el clítoris daba un respingo como si se tratara de un muelle al que se le ha comprimido y que de pronto se lo deja libre. Es indescriptible lo hermoso que es cuando ese botoncito de placer da ese salto.... y volvía a repetir el mismo proceso... una y otra vez...
Con sus brazos hacía presa en mis caderas para que los movimientos de mi pelvis no le quitaran ese exquisito manjar de la boca.... y ¡¡¡¡QUE ORGASMO!!!
No sé cuanto duró todo... era algo fuera del tiempo... Me parecía poco... y a la vez una eternidad....
Pensé que ya no podría tener un placer superior a ese... Pero estaba muy equivocada.... ¡¡¡CLARO QUE LO TENDRÍA!!!
Cuando caí exahusta sobre la cama con toda mi musculatura como muerta.... tan solo entonces cesó en su trabajo de dar placer.
Me tomó en brazos haciendo que todo mi cuerpo pudiera descansar sobre el lecho y junto a mí también se recostó, acariciando suavemente toda mi piel, como se hace cuando quieres descubrir una pequeña protuberancia, como cuando pasas los dedos para descubrir una pequeña espinita que tuvieras clavada y que los ojos no pueden ver.... Y empezó a murmurar en mis oídos palabras bellisimas.... pero las que a mi me parecieron más hermosas de todas fueron las que dijo manifestándome su amor.
Quiero hacer un inciso en esta narración.
Hasta ese momento me había dicho palabras muy lindas: Que era guapa. Que tenia unas nalgas muy bellas. Que le gustaba mucho. Que era muy simpática. Que daba gusto hablar conmigo... Pero nunca, hasta ese momento, tuvo hacía mi palabras de amor. Palabras que manifestaran su amor a mí. Y entonces comenzó a hacerlo y no cesó durante el resto del tiempo que estuve con él. No solo palabras de amor, en los días sucesivos, también proyectos de amor. tales como "Podemos salir como novios y dentro de tres años, que no es nada de tiempo, tú tendrás 19 años y yo 35 y como estoy muy bien situado económicamente podremos casarnos" o "¿Qué tal crees que le caeré a tu familia?" o "Solo puedo venir a estar contigo los fines de semana, así que estudia durante el resto de los días para tener ese tiempo libre para mí" o "Si te parece podemos fijar de antemano lo que haremos en el siguiente encuentro, El próximo sábado podemos ir a ver el casino" (mi ciudad es famosa por tener uno de los casinos mejores del mundo).
No cabía de gozo. Algo muy grande es encontrar una "máquina sexual" como era él. Pero lo que era el mayor de los remates es que se uniera a esa vibración de amor que había brotado de mi tierno corazón de adolescente. Estoy segura de que tan solo por el sexo habría salido con él indefinidamente pero unido a esa tierna pasión de quererme, hacía que estuviera por siempre fundida a él.
(Continúa)

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