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La ducha
La historia que pasaré a relatar me ocurrió hace poco más de un año, cuando una amiga me invitó a su apartamento en la isla de Margarita, y me fui con ella y con su esposo dispuesta a pasar un fin de semana muy sano en esa hermosa isla.
En la mañana del sábado me llevaron a una playa casi privada donde sólo habían unas diez personas y me atreví a quitarme la parte superior de mi traje de baño para broncear mis senos. Era muy grata la sensación del sol acariciando mi piel, y la brisa fresca del mar hacía que mis pezones estuviesen erectos.
Al caer la tarde, nos fuimos de la playa a su apartamento y el marido de N. se quedó ordenando comida para la cena. El caso es que el apartamento tiene un sólo baño y yo quería quitarme el agua salada de la piel, así que entré primero a ducharme y abrí el grifo del agua esperando a que saliese templada. Vi la marca del sol sólo en la parte baja de mi cuerpo y me agradó. Pasaba un dedo dibujando la parte blanca de mi piel y el sol que había recibido durante el día en mi entrepierna empezó a salir, sintiendo unos deseos inmensos de masturbarme. Comencé a acariciar primero mis labios, metiendo un dedo dentro de mi vagina. Pasé a contemplar mi clítoris, que en ese momento estaba más grande, y no pude evitar exhalar un suspiro, casi gemido, de placer cuando el chorro de agua tibia cayó directamente sobre él.
En ese momento N. tocó la puerta diciendo que necesitaba usar el sanitario. Le abrí la puerta sin cubrir mi cuerpo y la dejé entrar. Ella se sentó en el sanitario y se puso a hacer pipí. Yo queria entrar de nuevo en la ducha pero ella me hablaba y no quise ser descortés. Me asombró cuando la ví tocándose el clítoris mientras orinaba, pero ella me dijo que le producía mucho placer cuando hacía las dos cosas simultáneamente.
Cuando terminó de explicarme, estaba yo más ardiente aún y decidí meterme en la ducha de nuevo. N. dijo: "Amiga, mi marido no tardará en llegar, ¿me puedo bañar contigo para ahorrar tiempo?". No tenía ningún inconveniente de que una mujer tan hermosa se bañara junto a mí y le permití entrar en la ducha. Ella tomó la esponja y el gel de baño y empezó a enjabonar sus senos. Yo le pedí que, por favor, me enjabonase la espalda, y ella aceptó. Sentí su mano en mi piel y mi espalda se erizó con la sensación. Le pedí que me dejara enjabonar la suya y, con suavidad, le di la vuelta para que su deliciosa vagina quedase a mi vista.
En este momento mi pulso estaba muy acelerado y empecé a enjabonar su cuello sin la esponja, sólo con mis manos. Ella se dio cuenta pero no dijo nada, así que seguí acariciándola y recorrí toda su espalda muy bronceada y morena. Llegué a su vagina y cuando la toqué entre sus nalgas con la mano llena de espuma dio un respingo pero no se dio la vuelta, y yo de nuevo quise sentir esa calidez que tenía allí dentro. Con la mano derecha seguí por su línea natural acariciando entre sus nalgas y con la izquierda pasé de su hombro a su seno. Ella arqueó la espalda echando su cabeza hacia atrás, lo que aproveché para lamer su oreja.
Me dí cuenta de que estaba a mi merced así que recosté mi cuerpo contra el suyo. Mis senos y pezones duros se rozaban con su espalda y mis manos hacían de su cuerpo lo que querían. Me retiré sólo un poco y, sujetando sus dos manos por las muñecas, las subí arriba de su cabeza y ella me dejó hacer. Me recosté de nuevo contra ella y acerqué mi boca a la suya pero no la besé, sólo recorrí sus labios con la punta de la lengua, lo que la hizo estremecer.
Acariciando sus senos fui bajando por su cintura hasta llegar a su coñito. Puse primero un dedo y la espuma de mi mano la llenó completamente. Acaricié siguiendo su abertura hasta llegar a su entrada, intruduje un dedo y lo saqué para regresar de nuevo a su clítoris. Ella se estremecía de placer mientras yo la sujetaba y la acariciaba. Le solté las manos para que se colocara debajo del chorro de agua y se aclarase el jabón que había puesto en su cuerpo; cuando se fue todo el jabón la recosté de nuevo contra la pared y, sujetándola por la cintura, la besé. Con un beso caliente, largo y húmedo, ella se dejó besar y luego me besó a mí. Metió su lengua larga y reptante dentro de mi boca y creí que me correría sólo con ese beso. Me separé y, teniéndola aún sujeta por la cintura, bajé hasta su coñito y le pasé ligeramente la lengua por su clítoris pequeñito pero erecto bajo los efectos de mis caricias. Sus vellos púbicos estaban todavía húmedos por la ducha y pequeñas gotitas colgaban de ellos. Yo quise beber de allí y así lo hice, aspirando todo su olor de hembra en celo. Mi boca se pegó a ella y la absorbió. Mi lengua entraba y salía de allí, mientras ella gemía como loca. Apreté su clítoris con mis labios y lo sujeté con firmeza. Un brinco de ella me indicó que le gustaba.
Mi boca, mis labios y mi lengua estaban allí, comiéndola por completo. Ella estaba a punto de correrse y sujetó mi cabeza con sus manos para atraerme más hasta su cuerpo. Dos de mis dedos entraron en acción para meterse dentro de ella y los metí profundamente de forma tal que quedasen con el movimiento hacia el punto interior de más placer. Mis dedos se movían con frenesí, mientras mi lengua acariciaba su clítoris. El orgasmo no tardó mucho en ocurrir y, entre gemidos y un espasmo la hice correrse en mi boca. Sus jugos estaban en mi cara, su aroma a sexo en mi piel y todavía mis dedos adentro se movían para exprimir las últimas oleadas de placer que quedaban en su cuerpo.
Me incorporé y la besé. Salió de la ducha y yo terminé de ducharme. Cuando salí del baño ella ya se vestía. Yo, todavía demasiado excitada, no la dejé terminar. Me preguntó si yo era lesbiana y le dije la verdad: "no soy lesbiana y esta es mi primera experiencia con alguien de mi mismo sexo, pero he de confesar que a veces me descubro siguendo con la mirada a una mujer con un cuerpo hermoso y otras me asombro cuando tengo pensamientos eróticos con alguna conocida. Hasta llegué a excitarme una vez cuando una amiga me tocó los senos en plan de broma". Ella soltó una sonora carcajada y me dijo: "yo lo sabía, sabía que tú no eras totalmente heterosexual. Te leí en la mirada cómo recorrías mi cuerpo, adiviné tu lado oculto de bisexualidad. Le dí la razón y reímos juntas, nos tumbamos en la cama y seguimos haciéndonos el amor hasta que llegó su marido con la cena.

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