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Primera vez con mi novio
Esto sucedió hace apenas 20 días entre mi novio y yo. Fue cuando nos decidimos a vivir juntos. Ese día lo esperé a la salida de su trabajo. No había nadie en casa, así que no hubo problemas para regresar tarde a casa con él. Como no quiso ir a su casa a cenar, nos fuimos a la mía. Durante todo el trayecto desde el trabajo a mi casa nos miramos muchísimo. Yo no sabía qué idea había gravitado por su mente pero sé que al tomarme la mano había algo escondido que quería gritarme.
En una calle oscura, antes de llegar a casa, me detuvo. Nos quedamos platicando bajo la sombra de un árbol, me tomó por la cintura y empezó a besarme muy, muy tiernamente. Con mucha ternura acariciaba mi nariz con la suya y al sentir su aliento nos volvíamos a besar con mayor dulzura.
Llegamos a la casa. Él estaba cansado de un día de trabajo muy arduo. No quiso cenar pero nos sentamos muy callados en el sofá y me siguió besando con demasiada dulzura. Pensé que nada iba a suceder del exceso de ternura que me prodigaba y de lo cansado que estaba. Pero no imaginaba lo que sucedería.
Me dijo que le gustaría mirar las estrellas por la ventana de mi cuarto, a mi lado, y charlar un rato. Yo acepté mientras subíamos a mi alcoba y nos seguíamos besando. Nos recostamos con ropa y nos abrazamos dulcemente. Me dijo que me amaba, que se sentía muy feliz a mi lado y me propuso matrimonio. Yo no le creía hasta que sacó de la bolsa de su saco una caja con un anillo precioso y lo puso en mi dedo. Luego volvió a besarme con mucha dulzura y me tomó por la cintura besándome en el cuello. Yo le detuve y me volví a recostar acariciando su cabello y su mejilla con mi nariz.
Nos empezábamos a quedar dormidos cuando, de repente, se despertó y   me preguntó si no había nadie en casa. Afortunadamente no había pasado mucho tiempo y mis padres todavía no llegaban. Me dijo que había tenido un sueño, en el que él y yo hacíamos el amor. Dijo que me necesitaba, que deseaba gozar conmigo de esos dulces momentos. Que el cansancio había pasado y que quería ir más allá de lo que nos lo permitieran nuestros besos. De repente se le ocurrió una idea. Me preguntó si había en la casa algún licor y le dije que sí, que había un poco de brandy que mi padre tenía en la vitrina. Entonces comenzó a besarme más intensamente; a cada beso yo le daba lo mismo en pasión y acariciaba su cabello. Se acostó sobre mí y me besó con mucha pasión. Me dijo que no pensara en nada, que sólo la humedad de sus labios invadiera mi tiempo. Me dejé llevar por el beso. Le abracé y acaricié su espalda. Luego me fue besando por el cuello y casi me mordía.
A mí me encantaba ver sus ojos cerrados mientras me besaba y entonces metió sus manos entre mi blusa y me la sacó. Me levantó entre sus brazos sin dejar de besar mi cuello y desató, no sé con qué facilidad, los broches de mi sostén. Mis senos quedaron a merced suya. Sin decir más, los besó los lamió y mis pezones se pusieron muy duros. Con sus manos los rozó apenas y con movimientos lentos en ellos vió cómo me empezaba a poner a cien. Yo besé sus hombros y besé su pecho, y poco a poco le quité la camisa. Muy tiernamente me quitó los pantalones que traía, y me dejó mi otra ropa interior. Me metió entre las sábanas y se desvistió para entrar en la cama.
Sentí entonces el calor de su cuerpo sobre mí. Me acarició de pies a cabeza. Me sentó sobre sus hombros, metió sus manos por entre mis bragas y me besó todo mi sexo. Me sentí en las nubes y me volvía loca de la alegría. Exploté de júbilo hasta derramar algunas lágrimas que luego secó él en mis labios con los suyos.
Me dejó en la cama y bajó a buscar la botella de brandy. La encontró y me roció un poco de ella en todo el cuerpo, en los senos, en mi ombligo y en mi sexo. Así bebió bastante brandy y luego besó mis labios que probaron el sabor del brandy igualmente. Yo me moría por besarlo igual que él me había besado, y cuando menos se lo esperó me coloqué detrás de él y acaricié su trasero con mi cuerpo y abracé su tórax. Él también lloró de la alegría.
Después de besarnos y acariciarnos tanto, me llevó a la cama y, sin más, me penetró. No pude más y le grité "Te amo". Él me dijo que también me amaba y así gozamos bastante. Pude sentir su dulce órgano, que me supo mimar y dar el placer que nunca había sentido, pude darle a él un momento pleno, lleno de dulces orgasmos, de gritos, mirando cómo se retorcía dulcemente.
Desde entonces nos sentimos plenos y felices y pronto nos vamos a casar.

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