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Mi novia japonesa
Hace algunos meses conocí a un grupo de japonesas que estaban viviendo en Madrid mientras aprendían español y otras de nuestras costumbres. Lo cierto es que desde hace tiempo yo había tenido un montón de fantasías con chicas orientales, sobre todo después de echarle un ojo a las secciones asian de algunas páginas web.
Ahora estoy saliendo con una de ellas tras haber probado ya a alguna de sus amigas. Se llama Yoko y es preciosa, tiene dieciocho añitos, un pelo moreno muy largo, una carita preciosa, un culo y unas caderas muy bien puestas y unas tetas casi impropias de una chica japonesa de su edad.
La conocí una noche a través de una de mis amigas y nada más verla supe que quería probar todos sus sabores. Estuvimos bebiendo y bailando toda la noche y ella no dejó de calentarme ni un minuto. Incluso delante mío se enrolló con mi amiga sólo para que tanto yo como el novio de mi amiga nos pusiéramos a cien, cosa que por cierto consiguió.
Acabamos en mi casa, ya de mañana, y yo lo único con lo que soñaba era con que se pusiera de rodillas sobre mi cabeza y lamerla por encima de sus braguitas. Así lo hice mientras ella me desabrochaba el pantalón y empezaba a masturbarme. Una de las cosas buenas que tienen las japonesas es que en su país por lo visto los tíos la tienen muy pequeña y por eso alucinan con los españoles, lo cual le hace sentirse a uno como un campeón. Eso, y el hecho de que yo ya había pasado de sus braguitas y le comía el coño con todo el frenesí posible, hizo que se diera la vuelta y que me regalara una mamada que nunca olvidaré. Tuve que ponerme a contar ovejitas para no correrme allí mismo hasta que noté que ella paraba de chupármela y empezaba a gemir como una loca.
Tras correrse, me pidió que la penetrara y, aunque bien es verdad que las orientales son bastante estrechas, tenía el coñito tan lubricado que no me costó apenas trabajo hacerlo. Primero me puse sobre ella y empecé a empujar con todas mis fuerzas, a lo que ella no dejaba de pedir más y de decir vete tu a saber qué en japonés.
Casi estaba a punto de rociarla con mi corrida cuando paró y me dijo que me pusiera debajo. Su imagen sobre mí moviéndose sin parar y acariciándose las tetas al mismo tiempo era realmente maravillosa. Le dije que no podía más aunque creo que ya lo había notado pues era bastante evidente, así que se salió de mí y empezó a acariciarme la polla muy cerca de sus tetas, por lo que adiviné dónde iba a ir mi corrida. Sus pezones se pusieron más duros si cabe al recibir toda mi leche alrededor y ella, con sus manitas, se la extendía por todo el cuerpo.
Noté que no se iba a conformar sólo con eso así que empecé a acariciar su coñito de nuevo, al tiempo que llenaba su culo con sus propios líquidos. Al principio no sabía cómo reaccionaría pero parecía gustarle, así que le metí un dedo en el culo para ir haciéndome camino, pues aquello sí que era realmente estrecho. Incluso me puse un condón para que resultara mas fácil metérsela y aun así era casi imposible por el dolor que le causaba. Le dije que mientras yo entraba poco a poco ella debía masturbarse por abajo y así no notaría tanto el dolor. Lo hizo y sus gritos empezaron a ser de nuevo de placer. Cuando ya habíamos superado lo mas difícil, me salí para quitarme el condón y se la volví a meter con fuerza. Ella, con su dedito, me tocaba la polla a través de la vagina y la sensación era de lo mas placentera. Al final me corrí dentro y, mientras lo hacia, ella apretaba sus músculos con fuerza para que no me saliera.
El calor de julio en Madrid hizo que nos despertáramos muchas veces, puesto que era completamente de día, así que hasta que volvimos a salir por la noche, tuve que hacer varios esfuerzos para dejar bien alto el pabellón español.
Hemos tenido bastantes buenas experiencias posteriores pero ahora ella ha vuelto a Japón durante un mes aunque me ha prometido que a la vuelta se va a traer sus esposas, su 'juguete' y su uniforme del colegio del año pasado, así que ya os contaré.

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