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Trío sensacional
Esto sucedió en 1980. Estábamos Fernando y yo en Dusseldorf, en la feria que se realiza allí cada 4 años. En esa época, a mí ya me gustaba joder por allí, pero lo hacía sólo cuando viajaba. Una noche, salimos con Fernando a recorrer la noche. Caminábamos por el centro de la ciudad cuando, desde la puerta de un local, se nos acercó un tipo y nos invitó a pasar. Era lo que ellos llaman un Club Privee. En el interior, una gran barra del bar con sus banquetas altas, mesas y sillas en el salón, y un lugar anexo: los privados. Había un buen número de chicas, edades desde 21 a 28 aproximadamente, vestidas en general en forma sugestiva: encaje blanco y negro, baby dolls, cosas por el estilo. Nos sentamos en la barra y pedimos algo para tomar. Al minuto se acercaron dos chicas. Una era alemana, muy bonita, cabello negro ondulado a los hombros, tez blanca como la leche, ojos pardos, sugestivos pechos insinuantes con el valle descubierto por el escote para poder apreciar largas y torneadas piernas. Una hermosa damisela. La otra era austríaca, también bonita, un poco más baja. La que se sentó al lado mío fue la más alta. Se llamaba Uschi. La austríaca hizo lo propio con Fernando y nos explicó cómo funcionaba el asunto: ellas eran compañía y nosotros debíamos invitarlas con los tragos (aquí las llaman coperas). Si les pedíamos tragos comunes, nos podíamos quedar en la barra o en el salón. Si les pedíamos champagne, entonces podíamos pasar a los privados. Obvio que el champagne era más caro que todos los demás tragos. Tomamos dos copas mientras nos fuimos conociendo. La conversación formal quedó atrás y comenzamos con lo más íntimo, y con ello las caricias, manos que buscaban, maniobras evasivas, algunos tímidos besitos, etc. Había música y bailamos, nos acariciamos, nos besamos. Ya me conoces, así que al segundo trago ya había hecho mis cuentas: pedí una botella de champagne para compartir entre los cuatro y para el privado nos fuimos. Era un lugar con mesa redonda y sillón esquinero que abrazaba a la mesa, con un cuadrante libre para acceder al asiento. Todo con tapizado de pana/terciopelo rojo, y una cortina que se cerraba dando privacidad al apartado. El champagne fluía y, a diferencia de lo que es común en otros lados, estas chicas sí bebían lo que había. Es decir, no había engaño. En otros lugares, a ellas les sirven productos sin alcohol que se asemejan a la bebida real.
El alcohol hizo su tarea y las caricias se volvieron más íntimas. Abrí el escote lo para acceder a los maravillosos pechos que tenía Uschi y los disfruté plenamente. Ella me sacó la camisa y abrió mis pantalones. Así se fue desenfrenando la cosa. Yo le masajeaba el trasero, y buscaba su coño, cubierto por sus panty hose (medias integradas con bombacha) y una bombachita muy sexy. A estas alturas, pedí dos botellas de champagne y Fernando y la austríaca se movieron a otro privado. Uschi se levantó para ir al baño. Cuando regresó, para mi sorpresa y deleite, se había quitado el panty hose, por lo que tuve acceso a su húmeda raja con toda facilidad. En poco tiempo tenía un dedo en cada uno de sus agujeros, luego dos en el ano, y uno en la concha.
Ella lubricaba abundantemente. Se sentó sobre mi pulgar y se movía para que yo le revolviera las entrañas con mi dedo. Tenía el ano mojado y ya me estaba besando y chupando con desenfreno el falo. No aguantaba con mi calentura y le dije que nos fuéramos a otro lugar donde pudiéramos continuar más cómodos. Me dijo que ella lo deseaba, pero que el único que podía autorizar la salida era el dueño (cafisccio) del lugar. Vino el dueño a conferenciar conmigo (yo, con el panatalón abierto y sin camisa). No lo pude convencer a pesar de que ya había gastado una fortuna en champagne. Ella me dijo que salía a las 4:00, así que le contesté que la aguardaría. Me dijo que no podría ser, ya que se encontraría con su esposo, que trabajaba de mesero en un restaurante. Me pidió el teléfono del hotel y dijo que me llamaría, pues al día siguiente no trabajaba. Me habló de su esposo Peter y de su único hijo, Sasha, de 5 años. Me dijo que ellos no se metían los cuernos, pero que compartían todo. O sea, si a ella le gustaba un hombre, lo llevaba a su casa, y él hacía lo propio si se enganchaba con alguna mujer que le gustase. En mi calentura le dije que me gustaría invitarlos a los tres a cenar al día siguiente. También le aclaré que mi preferencia era con ella pero me parecía bien si ella quería tener a los dos en la cama aunque yo con ella y él con ella. Yo con él, forget it. Nos despedimos. En realidad, ya me había resignado. Esa noche tuve que tomar el asunto en mis propias manos en cuanto llegué al hotel, ya que la calentura me impedía dormir. Tenía el miembro que parecía la quilla de un barco y no podía ni girar en la cama. Al día siguiente acudimos a la feria todo el día, y regresamos al hotel a las 17:00. Le había contado a Fernando lo que aconteció. Nos tiramos a descansar, ya que la caminata de 9:00 a 17:00 nos había dejado extenuados. Cuál fue mi sorpresa cuando a las 18:30 suena el teléfono y es Uschi diciéndome que estaban en camino al hotel para llevarme a la cena. El tal Peter era un muchacho bien parecido, rubio rojizo, buen lomo, algo flaquito, con ojos claros y bigotes dorados. Sasha, el niño, era una belleza. Un típico niño alemán, rubito, ojos azules, cabellos largos rizados. Un muñeco. Fuimos a cenar los cuatro y lo pasamos muy bien. Eran gente linda. Sencilla, pero muy linda. Al terminar la cena, me dijeron que me invitaban a su departamento a tomar unas copas. Acepté gustoso y con gran curiosidad. Vivían en una ciudad vecina, a unos 50 Km de Dusseldorf. Yo me senté delante con Peter, que manejaba, y Uschi con Sasha atrás. Ya estaba oscuro. Durante el viaje sentí las manos de Uschi, que comenzaron a acariciarme el cuello. Me colocó de medio lado en la butaca, tomó mi mano y la puso entre sus piernas, abiertas para que yo accediera. El niño se había quedado dormido. Yo acomodaba mi mano en aquel caliente objeto de mi deseo y miraba lo que hacía Peter, quien permanecía obedientemente conduciendo, sin distraer su mirada. Llegamos al departamento. Nos sentamos en un sofá en L, Uschi y yo a un lado y Peter en el otro. Uschi se levantó y dijo que iba a cambiarse la ropa. Peter dijo si me gustaría ver porno y yo asentí.. Puso la película y Uschi regresó en deshabille. Se sentó a mi lado y comenzó a besarme con pasión. Se me colgó del cuello, estaba por todas partes, y me desabotonó la camisa. Él miraba el video. Yo ya tenía mis manos por todo su cuerpo, con la extraña sensación de que él nos estuviese haciendo de audiencia. Peter dijo que, por si queríamos ponernos más cómodos, iba a preparar el cuarto. Uschi me felaba como si no hubiese un mañana. Peter la levantó en mis brazos, al estilo recién casados al trasponer el umbral, y la llevó al cuarto. Ella no se depegó de mi boca, con beso de lengua que me despertaba toda la pasión que tú sabes tengo dentro. La depositó en la cama y ambos hombres nos quitamos la ropa. Ella quedó entre los dos. La comenzó a besar su marido mientras yo me daba un festín con sus hermosos pechos. Yo hacía todo lo posible para excitarla, mamándole los pezones, las aureolas, los globos, por todos lados. Bajé por su vientre, fui a sus piernas y volví a su coño. Para este momento, ella jadeaba y se retorcía apretándome su sexo en la boca, y él le puso su miembro en la boca. Ella lo chupaba con pasión. Yo me enchastraba en sus jugos y lamía con todo lo que tengo. La situación era nueva, insólita, reunía varias condiciones para que yo estuviese a un millón. En muy pocos minutos, ella reaccionó a la inundación de esperma que él le deposito en la garganta. Tosió, carraspeó y se levantó para ir al baño a hacer gargaras supongo (jejeee).
Cuando regresó, se colocó entre mis piernas y comenzó a felarme fantásticamente. El se colocó detrás de ella, la acarició y observó cómo mi falo desaparecía y reaparecía brillante de su húmedo beso. Yo, tirando la cabeza para atrás y cerrando los ojos, concentrado en el inmenso placer que sentía. Ellos murmuraban vaya a saber qué en alemán, pero sentí que la técnica cambió. En ese momento me dí cuenta de que Peter me estaba chupando como si no hubiese otra cosa en el mundo para hacer. Ipso facto, perdí la erección. Por delicadeza no le dije nada pero era evidente que así la cosa no funcionaba. Uschi le dijo que la dejara a ella. Otra vez, Andresito estaba parado en atención como los militares en saludo. Uschi sabía chupar. A los pocos minutos, otra vez cambió de técnica, y aunque él era capaz de chuparme hasta la garganta (deep throat), cosa que ella no hacía, no hubo nada que hacer y volví a perder la erección.
Repitieron esto varias veces, con el mismo resultado. Finalmente él se dio por vencido, se acostó, y se quedó profundamente dormido. A partir de ese momento en adelante, fue todo gloria y pasión. A la madrugada, me desperté con mi erección en su boca. Peter dormía, y Uschi me suplicó que la poseyera por detrás, justo lo que me gusta. Como todo un caballero, procedí a sodomizarla con desenfreno total. De costado se puso, y arqueaba la espalda para darme acceso a su maravilloso culo. Me chupaba los dedos, me chupaba todo lo que alcanzaba con la boca, y confesó que era su primera vez así. Por la mañana, nos despertamos, desayunamos los 4 (con Sasha) y luego Peter me llevó al hotel. Esto se repitió las tres noches posteriores, sólo que Peter desistió de tratar de felarme. Él acababa en los primeros cinco minutos, se daba vuelta y se dormía. De allí en mas, Uschi y yo éramos dos conejos, cogiéndonos en toda forma imaginable. Fantastico. Una noche hicimos la doble penetración a Uschi. Él se acostó en la cama y se la ensartó por la vagina. Yo me puse detrás, y le lamía el ano,  le inserté la lengua hasta donde pude llegar. Cuando tenía el ano lleno de mi saliva, le metí los dedos, primero uno, luego dos, luego tres... Cuando estuvo bien dilatada, tanto que al sacar los dedos se veía su ano abierto y podía ver su interior, le puse la lengua allí y escupí en su interior. Luego arrimé la cabeza de mi pene, erecto como un poste, y lo deslicé dentro. Se fue al fondo con mucha facilidad por la calentura que tenía, y porque hacía fuerza para atrás, para que la empalara más profundo. Le dolía, pero le encantaba. Se fue abriendo hasta que gemía como loca. Ya mi pene entraba y salía con facilidad. Su ano lubricaba como una vagina. Era increíble cómo le salía jugo de su interior y se derramaba sobre el palo de Peter que entraba y salía de su concha.
Yo, en cuclillas, detrás de ella, tomándole las tetas y pellizcándole fuerte los pezones que estaban duros como pequeñas rocas. ¡Cómo gemía y se movía! Fue sublime el momento que Peter acabó. Nos desencadenó a todos en un orgasmo violento. Yo podía sentir la pija de Peter a traves de la membrana que separa por el interior la concha del culo. Ella se corrió inumerable número de veces. Era una máquina de acabar. Y cada vez su culo era más patinoso y me agarraba el palo, como si fuera una boca succionando cada vez que yo arremetía. Cada vez que ella acababa, los espasmos me hacían sentir algo indescriptible. Le llené el culo de leche y Peter la vagina. Le salía leche de los dos agujeros. Ummmmmmm. Cuando se me achicó el palo y sus contracciones me expulsaron de su ano, le salía leche del ano, le corría por las piernas. No resistí y me pegué a su ano para succionarlo y lamerlo. Era celestial. Ella apretaba su cola contra la mía, mis cachetes apretados por sus nalgas. Fue única la experiencia. De vuelta en Buenos Aires, durante tres años intercambiamos cartas cada tanto y fotos de nuestras familias. En Navidad, por ejemplo. Un día no supe más de ellos. Cuatro años más tarde fuimos con Fernando a la próxima edición de la misma Feria. La busqué, pero se habían mudado, y no pude dar con ellos. Yo sé que no me incita a nada otro hombre. Lo probé y sé que no es para mí. Ella me confesó que él era bisexual. Que cuando ella llevaba una pareja que a él le gustase, hacía el intento. A veces se daba, y otras, como conmigo, no. Lo mismo con ella. Algunas veces la mujer le gustaba mucho, y se daba, se trenzaban en escenas de lesbianismo total. Ella lo disfrutaba y él se masturbaba mirando. Esa es la historia de por qué soy Hombre Probado. Probé y no me gustó.Espero te haya calentado un poquito esta historia. Yo, con los recuerdos al escribir, la reviví intensamente. Ya tengo aquella quilla parada en atencion. Te amo y deseo.

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