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La mejor amiga de mi esposa
Esto ocurrió hace alrededor de un año, en mi casa, una noche de verano. Su nombre es Rosa, está casada con Hugo (39), tiene 38 años, dos críos, y dos fabulosas tetas que siempre fueron de mi admiración, un culo bien parado y duro, en una palabra un hermoso cuerpo a pesar de los críos. A estos chicos los conozco desde hace aproximadamente 12 o 13 años; Alicia, mi esposa, algunos años más, ya que estudio con ella en la Universidad y sin duda puedo decir que es su mejor amiga por lo que tenemos una relación de mucha confianza entre los cuatro, pero siempre como amigos, por lo que jamás pensé en tener una aventura con ella. Pero desde hacía un tiempo empezaba a notar que ella, muy sutilmente, cada vez que nos veíamos, me buscaba mucho con su mirada cuando manteníamos una conversación entre los cuatro. Yo trataba de disimular para no armar ningún problema ya que tanto mi esposa como su marido son un tanto celosos. Además siempre estaban presente sus hijos, por lo que hubiese sido muy desubicado de mi parte cualquier intento. Pero aquella noche todo fue muy distinto.
Con mi esposa invitamos a cenar a nuestros amigos a casa y mi primera sorpresa fue verlos llegar solos, sin sus hijos, y la segunda sorpresa y más grata para mí fue que Rosa vino con una blusa negra totalmente transparente y sin corpiños, con un delgado saco de hilo por encima -ya que nos encontrábamos en verano y la temperatura era elevada no me pareció demasiado extraño-. Al verlos y ver en particular esos hermosos montes prácticamente desnudos me provocó una involuntaria erección que intenté disimular a toda costa, cosa que por la mirada de Rosa no logré, ya que me sonrió muy cómplice. Ya en el ascensor, como íbamos hablando los cuatro en tono de broma un poco fuerte, aproveché un segundo de distracción y le susurré al oido lo guapa que estaba, lo cual le agradó pues me lo agradeció con un beso en la mejilla. Yo no lograba terminar de entender su actitud, pues a pesar de nuestra confianza nunca había actuado de esa manera.
La cena se desarrolló de una manera muy normal, con charlas sobre temas comunes, pero con algunas miradas cómplices entre ambos y con algunas erecciones mías al ver las tetas de mi amiga al servirse la comida o la bebida, ya que se le abría su saco y dejaba toda su belleza a mi vista. Yo intentaba por todos los medios disimular mi calentura pero cada vez se me hacía mas dificil ocultar mi erección.
Lo interesante ocurrió cuando Alicia propuso ir a comprar helado para saciar en parte el calor. Yo dije que no tenia ganas de salir, pero como ella insistió tanto, Hugo -el esposo de Rosa- dijo que no se hiciera problema, que él la llevaba en el auto, a lo que Rosa dijo que aprovecharía para llamar a su casa para ver cómo estaban sus hijos, por lo que Alicia y Hugo se fueron. Yo sabía que a partir de ese momento disponía de aproximadamente 40 o 50 minutos para llevar a cabo cualquier locura, pues la heladería se encuentra un tanto lejos de casa.
Mientras hablaba por teléfono no dejé de mirarla, a esa altura ya con descaro no sacaba los ojos de ese hermoso par de tetas, miradas que fueron correspondidas lo cual me estaba poniendo más caliente aún. Cuando terminó de hablar por teléfono me hizo el comentario de que tenía mucho calor y salió rapidamente al balcón; yo me acerqué por detrás de ella y le dije que eso era muy fácil de solucionar, que se quitara el saco y su calor sería saciado en parte. Ella respondió que no podía porque iba a quedar practicamente desnuda ante mis ojos y ya había visto cómo la miraba durante la cena por lo que eso podía llegar a ser muy peligroso. "Lo que pasa es que hoy estas terriblemente sexy", le dije, y si usás esas transparencias no debes hacerlo a medias tintas, a lo que respondió que tenía razón, que se lo sacaría hasta que llegaran nuestras parejas.
Cuando tuve ante mí semejantes bellas tetas no pude evitar decírselo, a lo que respondió: "te dije que eras peligroso". "Es que desde hace tiempo deseo besar esas tetas, Rosa", le respondí. En ese momento ella dudó un poco de su actitud e intentó entrar nuevamente al living; entonces la tomé de la cintura y acercándola a mi pene -que se encontraba totalmente duro- le dije: "Rosa voy a besarte toda y te voy a coger en este mismo instante". Ella intentó soltarse. Entonces tomé con mis manos ambas tetas y comencé a besarla en el cuello. Su resistencia poco a poco empezó a ser cada vez menor, le desabroché la camisa mientras seguia besándola en el cuello.
Para ese momento Rosa ya estaba ardiendo y me decía que hacía tiempo que estaba caliente conmigo. Luego ella se dio vuelta y mientras yo le besaba una de sus tetas y acariciaba la otra con mi mano, bajó la cremallera de mi jean y sacó a la luz a mi pobre pene -que a esa altura estaba que explotaba- y empezó a masturbarme. Luego me sentó en un sillón y me hizo una mamada espectacular, con la cual me corrí en su boca. Rosa se tragó toda mi leche para no dejar rastros y me siguió mamando a pesar de mi corrida. Despues levantó su pollera, se quitó sus bragas y me colocó su clitoris en mi boca. Besé esa concha como si fuese la última vez en mi vida, cosa que Rosa agradeció ya que se corrió rapidamente con mi lengua.
A esa altura mi pene ya estaba otra vez en guardia, le pedí que se colocara a cuatro patas y la penetré desde atrás, logrando asi un par de corridas más de mi amiga. Mientras tanto, con mis dedos le acariciaba el agujerito de su culo y comencé a meterle un dedo mientras la estaba cogiendo. Luego de las corridas y cuando pensé que su culo estaba listo le dije: "ahora te voy a encular perra". Ella primero se negó pero su calentura era tal que luego me pidió que lo hiciera despacio ya que normalmente su marido no la cogía por el culo. Le dije que sí, y empecé a penetrar su hemoso culo despacio, como ella me pidió.
Una vez que entró la cabeza se la clavé hasta que mis huevos chocaron con sus nalgas, con lo que arranqué unos gritos de placer que me excitaron aún más y empecé con el mete y saca en su culo hasta que nos corrimos juntos. Luego nos besamos de manera muy dulce y nos fuimos a lavar y a acomodarnos la ropa. En ese momento me comentó que hacía tiempo que no gozaba de esa manera, a lo que respondí que esto era el comienzo.
Unos minutos después llegaron Alicia y Hugo con el helado y nosotros como si nada, los esperamos escuchando musica y conversando. Comimos el helado, seguimos charlando de pavadas, nuestras miradas siguieron cruzandose, lo cual me ponía como loco, eso hizo que permaneciera con una erección terrible durante el resto de la velada. En algún momento nos cruzamos con Rosa en la cocina y ella acarició suavemente mi mástil al pasar, con lo que casi me corro sobre el pantalón -hubiese sido un verdadero papelón-. El hecho de que ni Alicia ni Hugo se dieran cuenta de la situación alimentaba de sobremanera mi morbo.
Luego de un par de horas se fueron nuestros amigos y como yo seguía muy caliente, le regalé a mi esposa una hermosa noche de ardiente sexo, regalo que Alicia agradeció ya que no se lo esperaba y yo lo necesitaba. Después de algunas corridas, más de ella que mias, ya que yo venía con desventaja, nos dormimos abrazados con mi pene dentro de se concha. Desde ese día nos convertimos en amantes y una o dos veces por semana nos encontramos para compartir horas de sexo infiel, con más tiempo para gozar y gozar.

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