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Confesiones de un día
Fue en el verano. Yo estaba trabajando en una tienda dedicada a la venta de muebles cuando, de repente, entró una chica de 20 años para ver unos muebles que quería para su living. Se llamaba Clara, me acuerdo bien, y le mostré más o menos la mitad del local. Me preguntó sobre un sillón parecido a uno que estaba de muestra y le dije que me esperara, que lo buscaría en el depósito. Cuando le dije que lo buscaría atrás, me preguntó si podía ir también para ver los que no estaban de muestra y yo, sin problema, le dije que sí.
Cuando yo estaba buscando en el depósito, ella me clavó la mirada, se acercó y me dijo “qué lindo que sos”. Yo, como persona normal, le agradecí el cumplido, pero la cosa no iba a terminar ahí. Cuando le pregunté si se quería sentar para probar el sillón ella respondió que no se quería sentar. Yo no entendía. Se   me acercó y me besó el cuello. Después fue bajando. Mi pene  estaba duro como una piedra, no sabía qué hacer ya que era mi primera vez.
Ella me empezó a sacar la remera y a besarme el pecho y los brazos. Yo estaba más que excitado.  Ella me dijo que me relajara, que me iba a gustar lo que me iba a hacer y enseñar. Yo tenía la pija más parada que nunca; no es lo mismo vivir eso que pajearse.  Empecé a sacarle la camisa y vi que no llevaba corpiño. Tenía el mejor par de tetas que había visto en mi vida. Empecé a besarle las tetas y a morderle el pezón despacio, para que se excitara más.
Ella, sin dejar de besarme el cuello, me sacó el pantalón y me empezó a tocar la pija. No necesitaba tocármela mucho ya porque estaba lo suficientemente parada. Se agachó y empezó a chupármela. Es la sensación más placentera del mundo, y ella me la tiraba hasta el fondo (como en las porno). Ella hizo que le terminara en la cara y en la boca, se lo tragó todo como si fuera algo de todos los días.
Le saqué la pollera y no llevaba bombacha, lo cual tampoco me pareció raro. Nada de ropa interior. Se ve que ella buscó al primero que encontró para saciar su sed de sexo. Me pidió que le chupara la concha. Ella gemía hasta más no poder   pero ese gemido bajó como si lo reprimiera. Era para no hacer ruido pero daba igual porque el depósito estaba lejos del local.
Yo le tiraba de los labios vaginales con los dientes de forma muy suave y mi lengua llegó hasta lo más profundo de su vagina. Pero ella quería más; presionaba mi cabeza contra su vagina. Luego me levantó la cabeza y puso mi pija entre sus tetas para hacerme la turca. Era más suave, más placentera aún. De repente, eyaculé en su cuello y ella, sin pensarlo, puso mi pene en su boca pero no me pajeó. Me la chupó sin pajearme; fue una chupada dulce, sólo se tragó todo el semen, lo buscaba con la punta de la lengua y sentía una pequeña sensación de que me raspaba pero era una sensación muy placentera.
Después me llevó hasta el sillón de la forma más extraña: me llevaba agarrado del pene. Se acostó , le abrí las piernas y ella introdujo mi pija en su vagina y profirió un gemido de placer que me excitó más. Y se la metí durante una hora por la concha pero en las posiciones  más raras. De repente me miró fijamente y me dijo “quiero tu pija en mi culo ya”.
Le di la vuelta bruscamente y primero le metí el dedo. Ella gemía más y más.  Sin pensarlo, le metí la pija. Ya estaba librado de todo miedo y la cogí tan fuerte como pude. No era sólo una cogida fuerte, era la más fuerte. Se escuchaba el golpeteo de mi cuerpo contra el de ella y cada vez más duro. Ella me excitaba más y más con sus gemidos.
Mientras se la metía por el culo me dijo ”mi conchita también se portó mal, castígala” y le empecé a  meter los dedos en la concha. Ella tenía la mayor sensación de placer. Ya habíamos tenido más de 4 orgasmos cada uno, eso por lo menos. Primero fue sólo un dedo, después fueron dos y tres y cuatro, y me quedé ahí porque la mano no entraba.
Estuvimos unas dos horas y de suerte nadie se percató de mi ausencia ya que no era un día de muchas ventas. Y ella, ya cansada de que le diera por el culo, me dijo que le chupara de nuevo la concha ya que le había encantado cómo se lo había hecho.Me puse a besarle el culo hasta llegar a la conchita. Era una conchita depilada y con una forma extraordinaria, como si fuera inmaculada.
Intenté hacer que su clítoris se sintiera en la Luna. La punta de mi lengua estaba en lo más profundo de su vagina. Su sabor era el mejor que había probado en toda mi vida, era un sabor totalmente nuevo para mí. De repente, ella gimió bastante fuerte pero por suerte las  puertas estaban cerradas y no dejaban pasar mucho ruido no se escucho.
Yo sabía que le había dado el mejor orgasmo de su vida. Le pedí que me chupara la poronga una última vez y lo hizo; la agarró de una forma ruda pero la chupada fue muy suave. Subía y bajaba, subía y bajaba muy despacio, sin agresión, sin apuro; me la acariciaba del modo más placentero. Le terminé directamente en la boca pero no tenía la pija en la boca sino que hice que el semen saltara en su boca. Lo tragó como si fuera el mejor manjar de su vida y todo esto pasó casi sin decir una palabra.
Ninguno sabía el nombre del otro hasta ese momento. Ella me limpió el pene de los restos de semen con su lengua mágica. Al terminar, nos vestimos y, antes de que se fuera, le pregunté su nombre y ella me preguntó el mío. Fue algo mágico ese día, nunca lo voy a olvidar. Fue mi primera vez y la mejor de mi vida. Esto sucedió cuando yo tenía 16 años y nunca pensé que me pasaría, menos aún con una chica de 20. Pero me pasó y hasta el día de hoy no sé por qué me eligió a mí y no a otro de los chicos del local.

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