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La compañera de trabajo
Les contaré lo que me pasó la otra tarde al entrar a leer sus historias. Estaba navegando en busca de temas sobre sexo y me topé de lleno con su página, tremendas historias, a decir verdad en un principio me parecieron más bien historias bobas, llenas de invenciones, pero, a medida que iba leyendo historia tras historia, me fui emocionando muchísimo, se me puso el palo durísimo, sólo de imaginarme las situaciones me excitaba.
Estaba en estas cuando entró a mi despacho una de mis socias del bufete, una abogada de 31 años, algo trozita, de aspecto agradable. Me preguntó qué buscaba en el internet y le comenté que de todo y que había encontrado una página que me había llamado la atención, era una página de sexo, pero nada escandalosa, como suelen ser, parecía una página interesante, narraban situaciones y vivencias de diferentes personas acerca de sus encuentros sexuales. Me pidió que le enseñara alguna historia y, de inmediato, la senté a mi lado y la dejé leer unas cuantas marcadas con cinco asteriscos, las de mejor contenido erótico.
Lo que me pasó luego de ir leyendo, les confieso que no me lo esperé jamás. Después de leer juntos como seis historias más o menos, estábamos algo arrechos los dos, nos mirábamos de reojo, yo le miraba las tetas sobre la blusa y podía distinguir sus erecciones y creo que se dio cuenta de que también yo tenía mi palo bien duro, porque me dijo que si eso lograba excitarme tanto, a lo que le respondí que más me excitaba el sexo en vivo.
De inmediato, se levantó y cerró mi oficina con el cerrojo de seguridad y, ante mi asombro, se fue quitando la ropa y me dijo: "no perdamos tiempo entonces, practiquemos un poco de esas fantasías del internet". Y, cuando me di cuenta de que era realidad tanta belleza, ya tenía mi palo en su boca y me estaba dando una mamada infernal. Yo admiraba sus tetas, pero nunca imaginé que fueran tan espectaculares.
Para entonces estaba más arrecho que nunca. Nos tendimos sobre la alfombra de mi oficina y empecé a chuparle su chochita monita y deliciosa, y a meterle un dedito en su apretado culito, cosa que le encantaba porque gemía en forma maravillosa. El aroma de su cuca me llamó enormemente la atención pues tenía un ligero aroma a rosas, se aplicaba un baño de aquellos dos veces al día, me dijo que le agradaba oler delicioso porque le encantaba que se la comieran a todas horas y debía estar lista para cualquier ocasión. Eso me excitaba aún más.
Estaba a punto de venirme cuando me di la vuelta y la monté. Le gustó y empezó a contonearse increíblemente. Yo no aguanté más y me vine. Ella seguia arriba brincando de placer. Se bajó y se metió de nuevo mi palo en la boca, lo quería revivir de nuevo. Yo estaba exhausto y hacía esfuerzos gigantes por volver. De lo excitado que estaba me había venido en cantidades, el pobre palo quedó doblado, por nada del mundo daba señas de vida el troilo, qué vaina pensé yo, cómo culea de sabroso y este marica no se quiere parar.
De pronto empezó a lamerme las bolas con su lenguita puntudita y a buscar mi ano, y sentí su deliciosa lenguita húmeda en mi culo y me impresioné muchísimo pero les confieso que me encantó, qué placer tan bárbaro empecé a sentir, más aún cuando me metió un dedo en el culo, me quería enloquecer, mi verga se paró en el acto, como nunca lo había logrado, y ella no perdió tiempo alguno, se me encaramó de nuevo y me hizo las maromas más inimaginables del mundo, qué culiada tan tremenda. Me pidió que se lo metiera por el culo, cosa que hice de inmediato. Nunca me había tocado un culo tan delicioso, qué cuca, qué boca, qué mujer tan caliente, qué tan culiadora. Le dije que me iba a venir de nuevo, se colocó mi palo en la boca y me pegué la venida más sabrosa de mi vida. Nos quedamos tirados en la alfombra, dormidos.
Despertamos al rato. El olor a sexo impregnaba todo mi despacho. Abrí las ventanas, nos aseamos un poco en el lavamanos y nos vestimos. Le confesé que nunca había imaginado que llegaríamos a culiar juntos, pues yo la veía como una socia únicamente y que además ella era toda una dama para hacerle este tipo de insinuaciones, a lo que me respondió "Doctor, en la calle y en el tribunal soy toda una dama de respeto, pero en la cama soy de las más putas". Sonrió y salió como si nada. Mi secretaria no estaba ya, supongo que pensó que estábamos en junta. Desde ese día espero con ansias que llegue de nuevo y toque a mi despacho, cuando esté conectado al internet.

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