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Quiero tragarme todo
Estabamos los dos desnudos, de pie, mirándonos nuestros cuerpos brillantes de deseo.
- Quiero hacerte una mamada profunda y tragarme todo lo tuyo.
- Vale, pero antes vamos a divertirnos un poquito - me contestaste con tus ojos fijos en mis pezones duros.
Me contrarió porque estaba deseando llenar mi boca con aquel palo tieso y con la ayuda de mis labios metérmelo y sacármelo innumerables veces y .... sentir el disparo de tu semen en mi garganta y tragármelo todo al compás de tus explosiones. Pero pensé ¿quieres que nos divirtamos? Muy buen, te voy a volver loco de placer, más loco de lo que nunca pudiste imaginarte y comenzó el juego.
- A partir de ahora sólo vale oler, respirar y soplar. Ni un contacto más.
Nos pusimos en la cama a cuatro patas los dos y, como perros ansiosos, empezamos a olisquearnos por todo el cuerpo. Yo jadeaba en tu oído; en tu cuello aspiraba hondamente para soltar a continuación todo el aire de golpe; notaba tu respiración por toda mi cara y empecé a recorrer todo tu cuerpo con un soplido continuo a veces, intermitente otras, deteniéndome en tus cojones, en tu escroto, en la parte de atrás de tus rodillas y codos, en tu culo. Cuando un chorro de aire tibio acariciaba tu polla suave sentí tu respiración en mi chocho chocando con su humedad. Después de un rato así decidí saltar al siguiente paso.
- Ahora sólo nos podemos tocar con la boca, los labios y la lengua.
Después de hacer chocar nuestras lenguas en un largo beso comenzamos a lamernos en cualquier parte. Teníamos cuidado de no tocarnos con nada más que los órganos permitidos. Te chupé con avidez tus pezones, me metí tus dedos de los pies uno a uno en mi boca, tus dedos de las manos me reclamaron también. Noté tu lengua hundiéndose en mi culo que hacía como una aspiradora y engullí tu rabo. Me dediqué a lamer y lamer tu capullo. Tu saliva resbalaba por la raja de mi culo y la mía por tu polla ardiendo. Pensé que ya era hora de empezar una mamada en condiciones.
Me metí en un solo movimiento todo tu nabo hasta la garganta, mi lengua empezó a golpearlo llevándolo de lado a lado de la boca, se chocaba con la parte interior de mis mejillas, mis dientes lo rozaban, mi lengua lo empujaba hacia fuera y cuando sólo tenía la punta en mis labios lo succionaba completamente de nuevo. Aunque el sabor de tu leche me llamaba, decidí prolongar tu placer cuando tus jadeos se hicieron más intensos. Me saqué tu polla y mi lengua se dedicó a juguetear con tus huevos. De repente te apartaste.
- Así que quieres jugar, ¿eh? Pues vamos a continuar. Ahora sólo nos podemos tocar con las manos.
A partir de ese instante, nuestros dedos enloquecieron. Acariciaban, frotaban, sobaban. Nos dejamos envolver por el frenesí y sentíamos un roce febril en toda la piel. Nuestras manos resbalaban por todas partes, presionaban, masajeaban, se restregaban por todo el cuerpo. Sentía a la vez la palma de tus manos en mis tetas y en mi culo y tus dedos pellizcándome los pezones, y magreándome el clítoris. Yo no daba abasto tocándote por todos lados con distinta intensidad y ritmo. Empecé a culear cuando primero uno de tus dedos y luego dos se metieron en mi ojete.
Empecé a retorcerme cuando con tu otra mano me metiste otros de tus dedos en la vagina. Imaginé el sabor de tu leche y tragué saliva. El deseo parecía que me iba a romper el pecho y salir a borbotones como aquel líquido espeso y tibio que tanto ansiaba tragarme. Agarré tu verga con una mano, escupí en ella para que resbalara mejor y te masturbé moviendo mis dedos por separado y recorriéndola entera. Con la otra mano te sobaba y resobaba los huevos. Empecé a decirte toda clase de obscenidades y vi un deseo desmedido en tus ojos. Era hora de volver a la calma.
- Ahora podemos tocarnos donde queramos y con cualquier parte de nuestro cuerpo pero que sólo sea un simple roce, un contacto casi etéreo.
De nuevo comenzó una especie de persecución donde las yemas de los dedos corrían de un lado a otro, mis pezones rozaban tu pecho y tu espalda. Tú recorrías mi cuerpo sin apenas contacto entre tus dedos y mi piel. Mis pestañas parpadeaban en tu polla y mi mirada lasciva, sensual y provocativa te acariciaba sin reparos. De repente no pude más. Aunque seguía soñando con tu líquido secreto, aprovechando que estabas tumbado de espaldas rompí las reglas y me senté sobre tu estaca. Tú me empalaste de un solo golpe. Sentí cómo tu polla perforaba mis entrañas y empecé a moverme rítmicamente clavándome tu rabo hasta los huevos en cada movimiento. Me revolvía en tu polla y la hacía entrar y salir, delante y atrás, arriba y abajo.
- Dame tu leche, toda tu leche - te grité enloquecida.
- No, me dijiste que querías tragártela y eso es lo que vas a hacer, pero ahora te vas a correr tú primero con mi polla dentro.
Yo marcaba el ritmo y mis movimientos se convirtieron en un auténtico baile enloquecido.
- No es justo. Pórtate como un Angel y dame toda tu leche aunque sea por otro agujero - te supliqué.
Me cogiste de las caderas y me levantaste. Tu palo salió de mi cuerpo y quedó apuntando hacia arriba. Me llevaste de la mano hasta una mesa y me hiciste tumbarme boca arriba con la espalda apoyada y el culo fuera.
- Ya que querías jugar ahora te vas a correr tú.
Me levantaste una pierna para que mi almeja quedara más abierta y me traspasaste con tu polla. Bombeabas con fuerza y me marcabas el ritmo con azotes en el culo. Yo estaba despatarrada con el brillo de la locura en mis ojos y de mi boca salían toda clase de perversiones. Te concentraste para clavarme tu rabo más profundamente y entonces me arqueé, jadeé y me retorcí envuelta en un orgasmo impresionante.
Después de unos momentos me concentré en mi objetivo inicial. Te apoyaste de espaldas a la pared y mi boca se situó delante de tu verga. Empecé a mover la cabeza. Sentí tus huevos en mis labios y como tu polla golpeaba mi rostro. Intenté apresarla con mi boca pero era como un péndulo sin control que se restregaba y chocaba contra mis mejillas, mi nariz, mis ojos. Mis labios se volvieron locos persiguiéndola.
- Quiero beberme todo tu jugo.
Y por fin mi boca engulló tu polla y con la ayuda de mis manos te la mamé y te la mamé hasta que el manantial se disparó. Tragué y tragué mientras tus convulsiones me clavaban más la polla. La sentía en la garganta y tus huevos en mis labios. Apenas podía respirar. Un chorrito del preciado líquido me resbaló por la comisura. Cuando sacaste tu verga de mi boca, me relamí para que no quedara ni una gota. Me había tragado todo lo tuyo.

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