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En casa de mi prima 1
Hace algún tiempo, tuve que hacer un viaje por motivo de trabajo y para un periodo algo prolongado, a una ciudad a la que por suerte o por desgracia no he vuelto a ir.
Me alojé en casa de un familiar, ella era prima de mi madre y durante algún tiempo, cuando era más joven y estaba soltera, vivió en mi casa, tenía 8 años más que yo. Aunque hacía mucho tiempo que no nos veíamos, nos escribíamos y hablábamos por teléfono con bastante frecuencia. Ahora vivía con su marido y tenían en torno a los 45 años él y 44 ella, ambos se mantienen muy bien, ya que cuidan bastante su imagen y además son bastante atractivos. Tienen dos hijas, Laura de 19 años y Sonia de 22, las dos son rubias al igual que la madre y con un atractivo muy de destacar.
Llegué a su casa a media tarde, me estaban esperando los cuatro. Nos saludamos bastante efusivamente, debido al tiempo que llevábamos sin vernos. En seguida me fijé en las mujeres. Comprobé que la madre, mi prima, conservaba esa lozanía en su belleza, que yo siempre recordaba y observé que apenas había pasado el tiempo por ella desde la última vez que la vi. Viniendo a mi memoria cierta cosa que pasó siendo yo niño y ella una joven. En otro relato te lo contaré.
Las dos hijas, a las que no veía desde que eran unas niñas, se habían convertido en dos auténticas preciosidades y en seguida me fijé en sus pechos. La mujer de mi primo los seguía teniendo erguidos y bien abundantes, como siempre, y sus dos hijas habían heredado ésta virtud de su madre, pues también destacaban bajo sus prendas de vestir unos abundantes y preciosos pechos.
Tras enseñarme la habitación que debía ocupar durante mi estancia allí, me invitaron a que tomara un baño para relajarme del viaje y así estar descansado para la cena.. Había una cosa curiosa y es que desde la habitación que me habían asignado, se podía acceder a un baño, el cual también tenía acceso desde otra habitación, que ocupaban sus hijas. Se ve que cada una era de una de ellas y se trasladaron las dos a la otra para dejarme una a mi. Fue un detalle al que no le di importancia.
Una vez que me hube bañado, me puse un pijama bastante discreto, aunque eso si, no me puse slips ya que duermo sin ellos y además me encuentro más a gusto de ésta forma cuando estoy en pijama. Nos sentamos a cenar, la mesa era de forma rectangular y nos colocamos de manera que enfrente de mi, estaba Sonia y a mi derecha y en otro lado de la mesa se encontraba Laura. Como la mesa no era demasiado grande, nos encontrábamos bastante cerca, sobre todo las dos chicas y yo.
En seguida empezamos a charlar y a recordar cosas de los viejos tiempos, mientras comíamos. Hice un movimiento con mis piernas para cambiar de postura, y accidentalmente rocé con mi pie la pierna de Sonia, levanté la cabeza para pedirle perdón, pero ella ni siquiera levantó la mirada, pensé que sería porque no le dio importancia y no dije nada para no romper el encanto del momento. De repente, sentí algo que rozaba mi pierna por detrás de la pantorrilla, la recorría de abajo arriba con insistente suavidad. Al principio me sentí confuso, levanté la mirada, cada uno estaba a lo suyo y Sonia, que estaba enfrente de mi, me miró de soslayo y me dedicó una discreta sonrisa. Yo la correspondí, pero creo que no pude evitar una ligera ruborización, traté de disimularlo en seguida para que no se me notase nada y no delatar así lo que estaba pasando.
Seguí a lo mío y ella seguía acariciándome la pierna, se había quitado la zapatilla. Menos mal que la mesa contaba con un largo mantel que mantenía la parte de abajo, fuera del alcance de la vista de los demás. Su pié empezó a ascender llegando a la parte interior de mis muslos, en seguida me di cuenta de cual era su intención y disimuladamente, adopté una postura en la silla que facilitase su acción.
La situación era bastante excitante y empecé a notar que mi pene se estaba poniendo tieso por momentos. Para cuando ella llegó con su pie, ya la tenía totalmente erecto, encima como los pijamas no llevaban botones en la bragueta, al no encontrar obstáculo, noté que se había salido del pantalón. Sentí los dedos de su pié en mis testículos y después en mi miembro. Estaba excitadísimo y la tenía tiesa y dura como un garrote. La miré de reojo y noté un ligero cariz de satisfacción en su semblante. Mientras, ella me la acariciaba con su pie. La verdad es que lo hacía con gran destreza, como si tuviera una gran experiencia.
No tuve por menos que corresponder a sus caricias, así es que me descalcé y empecé a acariciar su pantorrilla con el empeine de mi pie. Enseguida empecé a ascender por su pierna, acariciándola con gran suavidad. Noté que abría ligeramente sus piernas para facilitarme el camino, así es que deslicé mi pié por el interior de los muslos hasta tocar con la punta de mis dedos lo que suponía que sería la parte de sus braguitas que debían cubrir su chochito. Cual no fue mi sorpresa, al sentir que lo que mis dedos tocaban, era pelo suavecito y rizado. ¡¡No llevaba bragas!! Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Empecé a acariciarle los labios vaginales con los dedos del pié, hasta que empecé a notar que estaban húmedos. Eso me llenó de satisfacción y aumentó mi excitación. Así permanecimos un momento, acariciándonos el uno al otro. Tenía que hacer verdaderos esfuerzos para controlar la situación y que no se me notase nada. Supongo que ella estaría igual. Algo debió notar Laura, que estaba a mi derecha, pues sin darme cuenta metió la mano por debajo de la mesa, porque la sentí sobre mi pierna. Dándose cuenta de lo que pasaba, puso sus muslos debajo de mi pierna para que de esa forma pudiera apoyarla y así facilitarme la labor. Disimuladamente se inclinó sobre la mesa para hacer como que comía cerca del plato para no derramar la comida y con el brazo por debajo de la mesa, empezó a acariciarme la pierna. De esta forma su bata se abría lo suficiente como para ofrecerme el grandioso espectáculo que suponía el dejarme ver el inicio de sus pechos, e incluso en alguna ocasión hasta su pezón del pecho derecho. Mientras, su mano se dirigía por mi muslo hacia mi entrepierna. En seguida noté que su mano se tropezaba con el pie de su hermana, se miraron y ésta lo descendió para acariciarme los testículos, mientras ella tomaba mi polla en su mano y, con gran esmero y suavidad, empezaba a acariciármela. Noté cierto gesto de asombro en su cara, supongo que al notar las dimensiones que había alcanzado mi polla y lo dura que la debía notar.
No podía dar crédito a lo que me estaba pasando. En mi vida me había visto en una situación semejante. Estar sentado a la mesa con dos preciosidades que, mientras una me acariciaba los huevos con su pie, la otra me estaba acariciando la polla con su mano. Y yo a su vez, le acariciaba el coño a la que tenía enfrente. Estaba excitadísimo y no sabía cómo disimularlo.
Llevábamos así un rato. Cuando Sonia hizo una exclamación para expresar lo bueno que estaba el postre, pero en realidad lo que ocurrió, fue que se corrió. Laura lo notó y llevó su mano hacia la punta de mi polla, rodeándola con sus dedos, me miró de soslayo y me hizo un gesto afirmativo, tan ligero que sólo yo lo noté. Entendí lo que quería decirme y al momento, y con una expresión similar a la que su hermana había hecho momentos antes, disimulé mi corrida que con gran destreza recogía Laura en su mano. Al rato se levantó y discretamente se dirigió al baño para lavarse.
Permanecimos un rato en la mesa para tranquilizarnos aprovechando la sobremesa. Se levantaron las dos hermanas para recoger la mesa y preparar un poco de café, que trajeron con unas pastas. Cuando se sentaron para tomar el café, seguramente mientras estaban solas en la cocina, debieron comentar lo sucedido, y como Laura no se había corrido, debieron ponerse de acuerdo para cambiar de sitio y así poderle hacer lo mismo que le hice a la hermana. Fue la misma Sonia la que me cogió la pierna, elevándola para invitarme a que acariciase a su hermana con el pié. También se había quitado las bragas. Como ya no era necesario que las manos estuvieran sobre la mesa. Sonia se apoyó sobre ella y con sus dos brazos por debajo de la mesa, pude notar como al mismo tiempo que yo acariciaba a Laura con mi pie, ella hacía lo mismo con la mano. Eso a mi me excitaba mucho mas. Pero lo más sorprendente de todo, fue que al mismo tiempo, con la otra mano, empezó a acariciarme la polla nuevamente. Supongo que como antes lo había hecho con el pie, ahora quería sentirla en la mano. Entonces yo, metí mi brazo debajo de la mesa e hice llegar mi mano hasta el coño de Sonia, la introducía mi dedo en su rajita y pude tocarla el clítoris. De ésta forma nos corrimos los tres.
Nos quedamos un buen rato disfrutando de la sobremesa y después nos fuimos a dormir. Antes de dormirme disfruté recordando los placenteros momentos que acababa de pasar y me dije que si aquello no fue más que el principio, que nuevas sensaciones llegaría a sentir durante mi estancia en casa de mi prima. Efectivamente así fue, pero esas vivencias serán motivo de nuevos relatos.

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